Argentina
08-11-2012
Las formas de protesta han cambiado en todas partes del mundo.
Por eso es sumamente importante analizar y entender como viene la cosa en esto de los “nuevos caceroleos”.
Es preocupante ver como se indigna la gente de un lado y del otro; parece un Boca-River, pero la política no es lo mismo que el fútbol, no tenemos por qué estar a favor o en contra.
Porque hay personas que tienen muchos reclamos y no tienen un lugar para manifestarlos entonces en la primera ocasión que tienen salen a la calle muñidos de cacerolas.
Hoy día 8 del mes de noviembre hubo una protesta social que salió a las calles y que está en contra de la presidenta y eso es justo, sano y democrático, ergo, respetémoslo.
¿Que no fue espontáneo? ¿Que hubo detrás de esta protesta una organización muy bien vertebrada para salir a derrotar a este gobierno y que algunos dirigentes de la oposición se montaron en la gente desconforme para lograr sus objetivos?
¿Que son varios y determinados y que no les interesa la opinión popular sino solamente llevar agua para su molino?
Todo esto es totalmente cierto. Pero lo que también es innegablemente cierto es que hay mucha gente desconforme con medidas gubernamentales y creen que salir con una cacerola a hacer ruido en una esquina es algo así como una solución mágica.
Los hechos acontecidos en el 2001, han dejado una marca de fuego en la sociedad.
Recordemos que también en ese momento la protesta fue muy variada, fue un arco iris de consignas y de actitudes. En donde se juntaron los que peleaban por sus dólares con los que no tenían para comer y peleaban por ser reconocidos como seres humanos.
Es más, fue una explosión en contra de los políticos, de las instituciones y todo ello configuró una nueva forma de protestar.
Y en esa manifestación variopinta se fraguó desde el “que se vayan todos” hasta el “fuerza morocha”.
El mundo, las tecnologías, el devenir de las cosas, son variantes permanentes. Los seres humanos siempre estamos yendo - por suerte- hacia algún lugar. Esto significa crecer, madurar, definirnos como seres pensantes.
¡Aleluya, eso quiere decir que estamos vivos!
Lo que me parece preocupante es la manifestación anti 8N, que se desató en las redes, como si eso fuera una cuestión de vida o muerte, como si el que se manifestaba a favor de esa protesta no es que estuviera equivocado, sino que era golpista.
Desde cuando estar en contra de un gobierno y manifestarlo es ser golpista? Cuántos gobernantes merecen nuestro repudio? Cuán terrible es la calificación de estar conmigo o en contra mío!
¿Por qué no dejar la posibilidad intermedia de ni te aplaudo ni te apedreo?
El gobierno actual no ha sido el peor pero tampoco es la panacea.
Entonces dejemos que la democracia -que sí existe- permita las diferencias y las quejas, porque de lo contrario nos convertimos en autoritarios.
Es indiscutible que muchísima gente salió a la calle y que toda esa gente tiene el mismo derecho a manifestarse que la otra gente, la que no salió a la calle y se manifestó de esa manera, no saliendo a la calle.
Eso es la democracia. Esa democracia qué tanto costó conseguir! Qué se llevó una generación maravillosa e irrepetible; de locos, soñadores, y equivocados.
Que la pifiaron con toda la fuerza y el amor del mundo.
Que son los auténticos poseedores de este hoy sin militares, y sin dictadura. Con un gobierno flaco, apenas posible, tan lejano de aquella revolución que pensaba cambiar el mundo y que sólo se quedó en sueños, en maravillosa utopía.
Es necesario aprender a convivir con las diferencias. Porque el enemigo en todo caso es el capital financiero.
Entonces salgamos a la calle o no salgamos, todo depende de cada uno pero tengamos claro que en la democracia coexisten los que están a favor y los que están en contra.
Marcia rodríguez Otegui
¿Ni "oligarquía", ni "neocolonialismo progre"?
Llegó el 8N: ¿y ahora?
Primero, empecemos por ponerlo en su lugar: el 8N son unas horas en nuestra vida. Que tendrán su influencia, pero no bastan para que la decisión que adoptemos determine el futuro del país y el nuestro.
El 8N (también para quienes lo rechazan) es un momento en una construcción que abarca todos nuestros días, desde el primero hasta el último. O sea, no nos releva de otros y más profundos compromisos.
Segundo, hay que verlo como un montaje colectivo, y que, como tal, tendrá aspectos con los cuales coincidiremos y otros con los cuales no. Forzosamente, habrá que sopesarlos, lo cual no significa que tengamos que pensar binariamente, pero sí que nuestro matizado análisis tendrá por resultado una alternativa: salimos a la calle, o no.
Para mí es un dilema, porque muchos de los convocantes levantan banderas reaccionarias a las cuales no quiero favorecer con mi presencia.
Pero, por el otro lado, el gobierno nos ajusta cada vez más la soga alrededor del cuello, mientras su política de saqueo y depredación nos arrastra a un precipicio como nunca hemos conocido en nuestra historia, porque no solo es devastada la economía, sino que nos envenena a nosotros, y a nuestro suelo, nuestra agua y nuestro aire.
Entonces, vuelvo al principio: la decisión de manifestarnos, o no, es una de las muchas que tenemos y tendremos que tomar. Y más importante que tomar una resolución es hacerlo reflexivamente.
Para ello voy a pedirles a los queridos y admirables compañeros de las asambleas ciudadanas riojanas que me ayuden a pensar. Ellos emiten hoy una declaración que titulan “8N: Ni oligarquía ni neocolonialismo progre”.
Y más allá de que su decisión de no sumarse pueda ser muy correcta, parten de bases falsas: no hay una “oligarquía” —como la conciben— enfrentada a un neocolonialismo “progre” inexistente.
Los saqueadores hoy están haciendo sus rapiñas gracias al peronismo (que no es “progre”, sino en aspectos no estructurales), y no merced a acuerdos con aquella “oligarquía”.
Que, fijémonos en este dato revelador, está presente en el título... pero no en el desarrollo. Por una razón muy simple: si tuvieran que definirla no podríanaludir a cien o quinientas familias aristocráticas, sino a una famiglia presidencial y su camarilla de chambelanes y consejeros, un selecto grupo de funcionarios con poder de enriquecer o fundir, veinte gobernadores, unos cuantos intendentes de comunas grandes como provincias y un puñado de amigos-testaferros del poder.
Esa es la oligarquía, hoy, y es la impulsora en la Argentina del neocolonialismo, el extractivismo y la acumulación por desposesión. Por lo tanto, plantean una alternativa entre dos entes imaginarios, que en realidad es uno solo, y ni parecido a estos, el cual, si lo definieran correctamente, los determinaría a la decisión contraria.
Yo no voy a exponer mi resolución respecto de la convocatoria de hoy, porque no la tengo y no la tendré hasta la hora señalada. Pero puedo colaborar, como lo he hecho más arriba, intentando despejar algunas confusiones.
Y la más peligrosa, como que lleva casi setenta años de acción tóxica, es que el peronismo es amigo de los humildes, siendo que es sirviente y cómplice de los patrones.Porque no hay nada capaz de hacer más daño a los trabajadores y los humildes que el peronismo.
No porque no haya otros nódulos de pensamiento más derechista y de ideas más retrógradas (que los hay, y hoy estarán manifestándose), sino porque estos son políticamente impotentes, ya que jamás podrían alcanzar ninguno de sus objetivos sin el apoyo o el consentimiento del peronismo.
Más, aún, sin la existencia misma del movimiento creado por Perón y Evita.
No la voy a hacer larga ahora dando ejemplos de esto, porque prácticamente durante años no he escrito de otra cosa. Así que nos veremos —o no, quién sabe— esta tarde en calles y plazas.
Pero donde seguro nos encontraremos será allí donde haya compañeros dispuestos a mirar la realidad de frente.
Juan del Sur