Envíopostaporteñ@ 809

¿QUIÉNES SON LOS "FANTASMAS"?

 

El presidente de ANCAP fue muy claro cuando habló: "CAMPIANI y los que lo trajeron son todos unos fantasmas"

Como era de esperar, no faltó quien pensara que se refería a Danilo Astori, Víctor Rossi o Tabaré Vázquez, ya que durante su gestión de gobierno fue que se hizo el acuerdo para semiprivatizar PLUNA. Pero no hablaba de ellos Raúl Sendic, sino de Paul Elberse, que trajo a Matías CAMPIANI como responsable de PLUNA. Ambos, pues, son los "fantasmas" que asustan a Sendic.

Más allá de que este tema despierta sentimientos y emociones subjetivas, el ciudadano común no tiene los elementos necesarios como para saber si, efectivamente, CAMPIANI y Elberse son "fantasmas".

Además, si uno se atiene a cómo se cerró el negocio de PLUNA —con una generosa indemnización a CAMPIANI— parece obvio que al menos para el gobierno central no lo son. Pero Sendic, como presidente de ANCAP, también habla desde el Estado. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿El gobierno hizo un negocio millonario con "fantasmas" o no?

Para Sendic lo son con toda certeza, ya que lo afirmó en dos oportunidades. La primera fue en la forma citada en el primer párrafo. La segunda fue para reasegurar que se refería solo a CAMPIANI y Elberse y no a los gobernantes del Frente Amplio.

La reiteración habilita a suponer que Sendic tiene hace tiempo suficientes elementos como para sostener que esos dos empresarios son un fraude.

Si Sendic está tan seguro de ello, si tiene claras las razones por las que se vio motivado a usar ese calificativo, ¿entonces por qué le prestó plata a una PLUNA manejada por "fantasmas"?

Es imposible que haya llegado a esa conclusión de la noche a la mañana. Él tenía claro con quiénes lidiaba hace rato. Sin embargo dejaba que PLUNA comprara combustible a ANCAP arriesgándose a quedar un día, como quedó, con un clavo gigantesco.

¿Qué empresario, qué gerente, qué director de una empresa grande le daría un crédito de esas dimensiones a personas a quienes califica como "fantasmas"?

Por mucho menos, a clientes de diverso tipo se les hace difícil sortear algunas barreras y acceder a un crédito.

No es porque sean irresponsables y menos aún porque sean delincuentes, sino tan solo porque no tienen un suficiente capital de respaldo o sus antecedentes operativos están por debajo del crédito solicitado, o no tienen las debidas referencias y garantías.

Si esto es lo común en situaciones cotidianas, ¿cómo es que Sendic aceptó darle crédito a gente que, en su opinión, no merecía ni un vaso de agua?

Nadie da crédito a una empresa manejada por "fantasmas". Nadie, a excepción de la empresa estatal de combustibles del Uruguay.

Ahora ANCAP reclama que una fundida PLUNA le pague una deuda de 28 millones de dólares. Si ANCAP consigue cobrar, todo terminará siendo un mero pasamanos.

Un organismo del Estado deberá asumir, por la empresa fundida, una deuda que tiene con otro organismo del Estado. Los uruguayos que pagan sus tarifas y sus impuestos, los "nabos de siempre", verán cómo ese dinero pasa de un cajero público a otro también público, con el simple objetivo de cumplir con la ficción de que la deuda se saldó. Pero los que habrán pagado serán ellos: los contribuyentes.

Acá caben dos posibilidades.

Dado que Sendic siempre supo que los directivos privados de PLUNA eran unos "fantasmas", habría que concluir que ha sido un pésimo administrador de los intereses de ANCAP, en la medida que permitió fiarle combustible a gente que él sabía que llegaría el día en que lo dejaría colgado de un pincel.

También pudo ocurrir que, si bien Sendic tenía claro que eran "fantasmas" que terminarían incumpliendo sus compromisos con ANCAP, quizá aceptó venderles combustible porque alguien de más arriba se lo pidió.

Alguien que le dio la orden de que siguiera abasteciendo a PLUNA aunque la deuda se abultara a ojos vista.

En tal caso, Sendic habría hecho bien sus deberes a sabiendas del riesgo que implicaba, para mostrar que era un soldado fiel a alguien que estaba por encima de él. Pero quien así actúa, por lo general no sale al día siguiente a hablar de "fantasmas".

Al revés: cierra la boca con la esperanza de que nadie más haga ruido ni agite el avispero. Porque si eso sucede, quien queda en falsa escuadra será el buen soldado.

Lo curioso, sin embargo, es que quien hizo ruido primero fue el propio Sendic.

Tal vez quiso adelantarse al resto, mostrar que siempre estuvo alerta, decir una frase ingeniosa y llegar antes que los demás. Pero en estas situaciones los involucramientos son tales, que ganarle al resto es quedar en evidencia.

Y eso parece haber ocurrido con Sendic. En la calle la gente se pregunta exactamente eso: si él sabía que eran "fantasmas", ¿por qué no lo dijo antes? ¿Por qué negoció con ellos?

Al final queda la enorme duda de quiénes son, en definitiva, los "fantasmas".

¿Serán los directivos privados de PLUNA, que se fueron indemnizados con un buen despido aunque dejaron un tendal de 750 personas en la calle y una empresa aérea fundida?

¿O serán los que, sabiendo que se trataba de empresarios de avería, igual le hicieron el juego, acordaron negocios como si fueran seres normales y actuaron como si se pudiera confiar en ellos?

Para Sendic fue muy fácil salir a la prensa y señalar "fantasmas" por doquier. Pero él es parte del problema y no corresponde actuar como si los hechos le fueran ajenos. No lo han sido: una bruta deuda de 28 millones de dólares así lo atestigua.

Búsqueda  26/7/12