Queridos compañeros y amigos deseo compartir con ustedes mi serena alegría por la noticia sobre la detención del genocida General ( R.E.) Carlos Alberto Martínez ex Jefe de Inteligencia del Estado Mayor del Ejercito entre 1975 y 1978.
En el día de ayer el Juzgado Federal Nº 3 a cargo del Dr. Daniel Rafecas ordeno su detención y luego de interrogarlo le imputo el delito de innumerables casos de secuestros, desapariciones y torturas y puntualmente ser partícipe del asesinato de mi padre, Bernardo Alberte, ocurrido en la madrugada del 24 de marzo de 1976.
En mayo de 1976, todavía aturdidos por el inmenso dolor sobre la muerte de nuestro padre y sus circunstancias, la familia de Bernardo Alberte iniciaba una querella contra Videla responsabilizándolo por su asesinato.
Así fuimos pasando por más de una docena de juzgados que fueron declarando uno tras otro su incompetencia, hasta un juez de nombre Rafael Sarmiento tuvo la impudicia de decir “ a Alberte lo tiraron por la ventana a todos los peronistas habría que hacerles lo mismo”, los jueces nos hacían sentir crudamente la denegación de justicia.
Hoy ya han pasado más de 36 años de aquel duro camino recorrido por el pedido de verdad y justicia, y nuestra obstinación por tan noble pedido sigue intacta como el primer día, esperemos que pronto logremos llevar a la justicia al jefe de la comisión militar que ejecutó el crimen, General (R.E.) Oscar Enrique Guerrero, quien en 1981, bajo Viola, llegó a ser Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, sucediendo a Camps.
Esto que hoy vivimos, no hubiera sido posible sin el acompañamiento de todos ustedes que amplificaron nuestro grito de verdad y justicia.
Quiero terminar con palabras de mi padre cuando a los dictadores de turno les señalaba:
“Nosotros les prevenimos que algún día vendrá el hombre sencillo de la Patria a interrogarlos. No los interrogarán sobre sus largas siestas en sus estrados, tampoco sobre sus discusiones estériles y vaciadas de contenidos, ni sobre su ontológica manera de llegar a las monedas, ni sobre sus justificaciones absurdas, crecidas a la sombra de la mentira.
Un día vendrán los hombres y mujeres sencillos de esta tierra, a preguntarles qué hicieron cuándo la Patria se apagaba lentamente, qué hicieron cuándo los pobres consumían sus vidas en el hambre y la de sus hijos en la enfermedad y la miseria, qué hicieron cuando los “gringos” vinieron a imponernos esa nueva forma de vida “occidental” que todo lo corrompe y compra el dinero.
Quizás para ese momento, la vergüenza que provoque el silencio como respuesta, no sea suficiente como castigo.”
Bernardo Alberte