Sarthou
Era una ráfaga de palabras que se desparramaban. Ellas salían cargadas de amor al pueblo, el sentimiento que era el entretejido básico de su corazón.
Las palabras se atropellaban, chocaban unas con otras, y entonces pasaba algo mágico: antes de que pudiéramos reclamarle al emisor por exceso de velocidad, se alineaban en nuestra conciencia y nos pintaban un cuadro preciso, asombrosamente agudo y amplio, de la realidad circundante.
Entonces entendíamos.
Pero cuando hablaba el pueblo… Ah, cuando hablaba el pueblo, Sarthou era tan sólo silencio concentrado, aguda reflexión interior, animal político en tensión, y sólo la chispa joven de sus ojos anunciaba que su extraordinaria computadora interior estaba procesando los datos.
Del silencio pasaba a la afirmación silenciosa con la cabeza. Su frente se inclinaba rítmicamente para anunciar que ya había entendido. Y que ahora pedía permiso porque tenía algo para decir, o alguna pregunta para complementar su comprensión.
Aparecía de la nada en cada acto grande o minúsculo donde alguien reclamara un derecho justo. El helado primero de mayo alternativo del 2010 lo vio, o vio su nariz y su gorra sobre su cuerpo emponchado por el abrigo de todos los inviernos.
Cada excluido, cada agraviado, confirmaba en una frase lo que podíamos predecir: ya hablé con Helios Sarthou.
Un cristiano dijo que Sarthou era el ateo que estaba más cerca de Dios
Una militante sencilla y pobre, que recibió la calidez de su apoyo, recordó que Helios es el dios del Sol. Entonces me acordé que los paisanos humildes llaman al Sol “el ponchito de los pobres”.
Era así. Es así. El abogado de los pobres era el Sol de los pobres, el que les daba, con generosidad que no espera retribución, la tibieza imprescindible.
¿Qué extraña profecía no contada, inspiró en el corazón de tu madre, maestra, esposa de intelectual libertario y transgresor, qué bruja salamanquera sopló en la conciencia de tu madre, para que viajara de la entraña preñada a la lucidez conceptual, el nombre exacto que debías llevar, Helios Sarthou?
Cuando el gobierno del Frente Amplio se hunde en la miseria de la claudicación, cuando lo que ayer fue esencia hoy es tan sólo máscara, tus ochenta y seis años salen a caminar de nuevo.
Y en este tiempo de puños cerrados, cuando marchamos unidos tras las pancartas que no abandonamos, un remolino de hojas otoñales, giran a nuestro alrededor empujadas por una brisa localizada, inexplicable.
En esa danza que nos escolta vas con nosotros, Helios Sarthou
GONZALO ABELLA
COMPAÑERO SARTHOU HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!!
VIDEO DE CaMary009
LLAMÁ a SARTHOU
El tiempo después de un hombre entero
Las palabras se aglomeran, tal vez para explicar un ciclo de vida pleno.
Partió Helios un hombre entero.
Hace pocos días hablando de lo hermoso que estaban los árboles en Montevideo, lleno de colores, divagamos si la Estrella Federal era una flor o solo hojas verdes pintadas de rojo en su centro por el otoño… Coincidíamos en su belleza y en su símbolo de unión de los pueblos del Plata. La hoja convertida en flor.
Decíamos -en la Plaza Libertad el día 17 de mayo, reclamando la libertad del Perro- que tanta belleza rodeada de mar y playas no merecía el drama social que contiene la sociedad encuentrista, disolvente de sueños y despojada de solidaridad.
Ante su despedida, arranqué la rama más grande de la Estrella Federal del fondo de casa y se la llevé, para seguir hablando de tantas cosas, que quedaron en el tintero… al viejo, el tiempo no lo destiñó, lo pintó cada día más radical, cada día más rojo como las Estrellas Federales.
Le quedaron muchas cosas por hacer y eso es hermoso. Porque su enorme compromiso lo volvió un solidario empedernido contra la barbarie del capital, entre ellas la cometida contra los trabajadores, por los terratenientes pitucos del club de golf. Recuerdo su indignación con los actuales dueños del BPS, cuando no amparaban a los trabajadores caddies.
Ayer, lo despidieron los gritos, los bastones, las consignas. Está bueno que no lo despida el silencio. Acompañado de solidarias lágrimas, todas, todos tenían algo que decir de ese hombre tan viejo y tan nuevo como el hombre soñado por el Ché.
Caminamos llenos de la certeza, de que ese hombre rompió la biblioteca de los opresores para defender durante toda su vida a la clase obrera.
Para luchar por los que no tenían un techo, para lidiar con usureros que dejaban sin casa a una familia obrera. A los sin tierra, a los cooperativistas, a los despojados de todos los derechos, a la empleada doméstica.
Su estudio fue siempre un nido de solidaridad y ruptura con los convencionalismos. Ayer estuvimos presentes, los que el viejo quería, defendía.
Lo sentimos un igual, y caminamos con él, desde la Plaza Viera, donde Helios tantas veces habló. Pensando y sintiendo, su vida, sus ideas, su práctica, ese forjar en medio de la claudicación. Un catedrático revolucionario que colocó la universidad en los sindicatos, en los ranchos y entre los terrones.
Un hombre, que alentó la llama de que los compañeros, no son leguleyos al servicio de poderosos, sino militantes al servicio de las luchas radicales.
Ese término que una y otra vez Sarthou defendió, porque venía de la raíz, de lo originario, de lo esencial y también lo elemental, más allá de los que pretenden asociar lo radical a lo incorrecto, a lo desubicado.
¡Salú compa, radical como lo fundamental a sostener sin descanso en este tiempo de tanta confusión!
Porque radical es, con 86 años estudiar, defender, andar marchar, debatir, indignarse e ir a su casa a cuidar a su compañera de toda la vida, disfrutar la poesía y a sus nietos poetas, con mucho orgullo. Aún con la carga, de dolores y límites que el ciclo biológico nos impone sobre los huesos y el alma, Helios despertó cada día para construir.
El tiempo implacable lo durmió en su estudio. Trazando los últimos escritos en defensa de los cañeros y los jubilados. Murió como vivió, siendo un defensor sin transas de los derechos de los trabajadores organizados y no organizados.
Ojala, todas y todos los que despedimos al viejo podamos trascender nuestras miserias sectarias y que la muerte tan sentida, sea un empujón para avanzar, en la unidad de los clasistas, en homenaje a los sueños sociales emancipadores.
Y sobre todo hacer de nosotros una unidad indestructible, siendo militantes a cada instante y construyendo en el sentido más profundo los valores tan mancillados por este mundo tan individualista
Muchas veces nos preguntamos qué dirían, qué harían los compañeros, las compañeras asesinadas, desaparecidos, hoy.
Qué dirían de este presente, en qué trinchera estarían…y por suerte hay seres como Helios, que nos responden, reafirmando que donde hay hombres honestos, íntegros, se llega al final de nuestro tiempo con las banderas en alto.
Helios, sembró la solidaridad, cuando nadie aparecía, él estaba. Ante el cierre de las mutualistas, ante el despojo de tierras, ante el abuso de un patrón, en las ocupaciones, en las marchas, en la criminalización en el Acto clasista del 1º de mayo, en la marcha por la Libertad de David, en la lucha contra la impunidad, contra las trampas de las leyes, ahí, Helios siempre estaba.
Un compañero decía, la frase que lo pinta en esencia: pasaba algo donde fuera un atropello policial, un conflicto, una duda jurídica, siempre había alguien que te aconsejaba: - LLAMÁ a SARTHOU
Inclaudicable biblioteca obrera, amante de poesías y músicas.
Él te decía: ustedes resuelvan, como trabajadores lo que crean más justo, yo como abogado agarro el Código para defenderlos…
Recuerdo sus ojos dolidos, cuando se preguntaba cómo se podía ir a trabajar sin que te pagaran, cómo, se podía manguear para un boleto, cómo era que no surgía la organización para luchar…
La dignidad viva en sus preguntas nos habla de esa desarticulación de la clase, ese dolor de ver cómo el enemigo nos atrapa, nos fragmenta y no nos deja ver y actuar como clase.
En la marcha al Buceo hasta dónde lo acompañamos, muchas mujeres y hombres, apoyados en bastones, llorando, me decían, se nos fue el último bastión de dignidad de este pueblo…
Solo digo, compañeros, no fue en vano el ejemplo de Helios. Tomémoslo para avanzar.
Helios fue una hoguera muy ardiente, inextinguible.
Ojala, hoy, el viejo siga encendiendo en el horizonte de la emancipación de los trabajadores esa luz, ese faro imprescindible para avanzar en ideas y organización; para soñar ese mundo de los libres…
¡Salú, Helios! ¡Hasta siempre!
Irma Leites
4 de junio 2012
Amigos
Esta es una muy triste noticia, lo apreciaba muchísimo y admiraba mucho su fuerza aun cuando sus compañeros lo abandonaron por él jamás dejo sus principios por un acomodo político, al contrario , hasta sus últimos momentos lucho honestamente denunciando las malas aptitudes de quienes llegaron al gobierno por nosotros y que nos fallaron, este amigo es un ejemplo de vida dedicada a una vocación de servicio por la comunidad, al amigo y con unos principios y valores admirables, mis más respetuosos pésame, perdimos un grande uno muy grande
Juan
Un adiós bien merecido al Viejo Helios
“Solamente existe un sentimiento mayor que el amor a la libertad: el odio al que te la quita”.(Ché Guevara).-
Me daré en este amanecer muy frío del sábado 2 de junio de 2012 -a tres semanas del cumpleaños 86 del Viejo Helios y a unas horas nomás de su muerte- el lujo de saludarlo como no podrá hacerlo –ni lo querrá hacer- ninguna de las renegadas ni ninguno de los renegados que lo usaron y rehusaron para irse facilitando a sí mismos las trepadas felonas y adulonas de la aurora “progresista” de los ´90.
Lo hago como no pueden hacerlo las renegadas y los renegados “militantes” que a fines de esa década infame, le pegaron una patada en el culo tratando de estigmatizarlo, ridiculizarlo, fantaseando en vano con la miserable ilusión de silenciarlo y convertir sus ideales y su consecuencia indoblegable en inmundicia politiquera a un tris de la traición definitiva.
Lo hago junto a muchas otras y muchos otros que en el “hasta luego” del velatorio o en el cementerio –o, tal vez, a la distancia-, no bajaremos los párpados de vergüenza, sino de dolor sincero por la pérdida del querido Compañero caído verdaderamente en combate.
Lo hago rindiendo honores no al muerto, sino al ser humano íntegro cuya vida fue grande porque supo enseñar a otros hombres y otras mujeres a vivir la vida con dignidad, sin arrastrarse ni postrarse a los pies de los que han creído ser poderosos e invencibles.
Lo hago absolutamente decidido a reclamarle a alguna de las renegadas o a alguno de los renegados que se atreva a hacer acto de presencia en nuestra despedida, que grite bien fuerte:
“¡Yo lo traicioné; yo traicioné los ideales y los principios por los que este hombre peleó hasta sus últimos días!!!”.
Y, si no, que se vayan a llorar lágrimas de cocodrilo a cualquier otro velorio.
El Viejo odiaba la unidad entre hipócritas, después de todo; y mucho más la cínica “unidad acongojada” ante la muerte.
Helios, en 1998, después de años y años confiando en personajitos que a esas alturas sólo se movían por rastreras apetencias personales amparadas en el fanatismo sectario que florece y estalla en el amiguismo político a ultranza, todavía tenía ciertas esperanzas de que únicamente nos estuviesen separando de los falsos “históricos”, desavenencias táctico-estratégicas, nomás, y no infranqueables distancias en el plano de los principios y los valores revolucionarios más elementales y enaltecedores de la condición humana, como ya podía olfatearse desde mediados de esa década.
Entreví la pérdida definitiva en Helios de esos restos de esperanzas, en la total palidez de su rostro cuando oyó que uno de esos falsos “históricos” –uno de los que El Viejo esperaba algo de honestidad revolucionaria, un poquito al menos, aunque fuesen restos nomás- susurraba al oído de los que se dirigían a las sillas congresales de fines de ese año, recostado a la pared, con los brazos cruzados y con cara de buey degollado y fingido alarmismo:
“Hay que cuidarse las espaldas, compañeros…”, mientras otro “pre-histórico”, en pedo y desaforado, como era su estado permanente, gritaba a voz en cuello tapando los conceptos del “disidente ultra” en uso de la palabra:
“¡Traidores, traidores, manga de traidores!”…
Unas horas después, cuando ya dos centenares de compañeras y compañeros hartos de tanta exhibición de travestismo ideológico sin remedio e impresionante podredumbre moral, habíamos puesto los pies en polvorosa para respirar otros aires menos contaminados, unas copas y un cafecito entre “ultras” fue la cita obligada intentando la necesaria catarsis tras el heroico cruce del Rubicón que significaba irse del “MPP” en vísperas del triunfo electoral y de la derrota ética ya enquistada en los corazones posibilistas ganados por el triunfalismo barato y el patético exitismo mediático.
Helios, por supuesto, fue en ese boliche invadido por leprosas y leprosos escupidos por los “históricos” de la 609, uno de los que no paraban de hablar y de exteriorizar sin mucho gré-gré, sus fuertes impresiones sobre la histórica jornada en la que, rengos, magullados y patoteados, una caterva loca de “principistas” dándose de patadas con el posibilismo y el oportunismo conjugados, nos fuimos de esa cueva para seguir militando “en situación de calle”, en harapos, sin aparato, sin más recursos que la sangre hirviendo y una bendita y orgullosa vergüenza insurrecta a flor de piel.
A alguien se le ocurrió en el boliche, con muy buen tino, proponer un brindis celebrando el postergado divorcio político, pero Helios no lo escuchó.
Seguía hablando, entremezclando embroncados comentarios con espontáneos pronósticos de cómo nos iría fuera del “alero” ya fagocitado por el “posmodernismo maduro y responsable”. Helios no paraba de referirse a la situación, de agitar sin fatigarse, de arrimarle leña a las pequeñas brasas de dignidad todavía ardientes y humeantes que éramos los “disidentes”.
Y al proponente del brindis, en cierto modo caliente con la sordera y la locuacidad imparable del Viejo, le salió del alma el grito pelado de “Helios, ¡por favor, no volantées más por hoy!”, con lo que le arrancó no una queja, sino una estruendosa carcajada que le iluminó los ojos y nos dejó ver que en su humanidad incansable había todavía mucha energía alegre y mucha fe, a pesar de toda la mierda patotera respirada durante horas y horas de triste monserga renunciante (porque fue eso aquel congreso: los que renunciaban eran los que se quedaban haciendo los mandados para entibiar los vacuos sillones de los que defendían las alianzas con la burguesía fascista y lamebotas, aliada a su vez a las multinacionales hoy desesperadas por minas a cielo abierto, forestadoras, plantas de celulosa, estancias sojeras, puertos, trenes, transporte aéreo, etc., etc.).
Los que lo conocieron directamente al Viejo defendiendo sindicatos y trabajadores perseguidos y burlados, jamás podrán olvidar sus gestos de hombre que no solamente las vivía como abogado laboralista, sino también como auténtico trabajador ofendido en su honor de tal.
Ninguno de sus defendidos de la insania patronal -montada en el ventajeo de los impunes- olvidará los arrebatos furiosos de El Viejo contra empresarios y mercenarios a los que fusilaba con sus agudas miradas inyectadas de legitimo odio de clase, sin concederles ni un milímetro de “razón” ni a ellos ni a los supuestos jueces encargados de “dictaminar” quiénes la tenían.
“No tengo que calentarme demasiado–decía en voz baja en los tribunales-; peleamos contra buitres aliados con palomos de pico afilado, y si te calzan el punto, sos boleta de antemano…”.
Sabía muy bien que los “doctos” profesionales del derecho burgués lo consideraban no un “defensor”, sino un “ofensor” de primera línea, inderrotable en la exposición de argumentos, imposible de vencer por cansancio, incorruptible de pé a pá, a diferencia de unos cuantos “asesores letrados” representantes de los chupasangre organizados en el Estado burgués.
No había jueza o juez que no supiera que Helios había consumido noches y días –años y más años de autoformación militante- buscándole a las leyes del capitalismo los recónditos vericuetos por los que se colaban, escritos, sus propios anacronismos y sus contradicciones de lógica y de hecho, aprovechables tan siquiera para hacer menos penosa la explotación y la opresión burguesas, y ganar sí o sí, con frecuencia, “juicios laborales” que en general otros profesionales daban por perdidos a priori.
A los excedidamente ortodoxos podrá parecerles un disparate, pero Helios Sarthou era un abogado con conciencia de clase a pesar de que sus actividades corporales más duras hayan sido nomás dos en las que descolló hasta casi los 70 pirulos, aunque sin prensa: el ping-pong y el fútbol.
No fue un buen burgués enamorado del proletariado; fue un trabajador más, uno de los mejores de entre nosotros.
Después de la odisea fasanesca del diario “La República” en perpetuo conflicto con los trabajadores gráficos, lo conocí más estrechamente a Helios en 1992 en el asesoramiento a las familias ocupantes de edificios abandonados a medio construir bancados por un Banco Hipotecario que –en transas y manipulaciones hasta hoy no aclaradas- había pagado millones y millones de dólares a empresas promotoras fantasmas que se borraban afanando el dinero en la etapa finalista de las obras.
Lo suyo fue más que un asesoramiento jurídico; fue una auténtica vigilia solidaria y comprometida con los de bien abajo.
Estuvo siempre expuesto al riesgo de que se lo acusara de “complicidad” por sostener invariablemente y fundadamente, que ocupar viviendas no era un delito, sino un recurso popular extremo pero legítimo, el ejercicio de un derecho previsto constitucionalmente bajo el carácter de “estado de necesidad” (“es lo mismo que cuando no tenés para comer vos y tus hijos y te vas a un restorán, comés lo indispensable, sin lujos, y en lugar de pagar, presentás un documento de identidad diciendo que llegas a eso por hambre, por no morirte de hambre; eso no es delito, aunque en general te metan preso y pretendan procesarte…”, repetía siempre).
En uno de esos edificios, una madrugada en la que una magistrada había ordenado que frente a él se apostara una nutrida comitiva policial armada a guerra para ir amedrentando a las y los ocupantes, la mitad de los cuales eran niñas y niños de menos de 10 años, El Viejo bajó de su destartalado Mercedes ex taxímetro, se dirigió al inspector “a cargo del operativo”, le extendió su mano derecha, se presentó y al oído, atrevidamente, sin que nadie pudiera imaginarse la ocurrencia, le dijo:
“Mire, inspector; esto es cuestión de horas, esta gente está viviendo encima de un subsuelo absolutamente inundado de mierda y orina en el mismo lugar donde está el tablero eléctrico, que en cualquier momento hace cortocircuito y esto va a volar al carajo con todos los que están arriba y la gente que ande cerca de la entrada… Además, discúlpeme, esto es un peligrosísimo foco de infección para el personal policial, que puede terminar apestado y apestar a la familia…”.
Automáticamente, a través de su walkie-talki, el oficial se comunicó con alguien de más arriba y en dos minutos la orden judicial se fue al carajo como si efectivamente hubiese estallado el gigantesco pozo negro ubicado en Boulevard Artigas y Goes, a unos metros de la lujosa “Tres Cruces” en construcción, cráter insalubre que realmente existía y que siguió existiendo durante mucho tiempo ocasionando serias enfermedades entre los ocupantes y el mismo vecindario adyacente, provocando, además, frecuentes colapsos eléctricos con apagones y pequeños focos ígneos.
Cuando las fuerzas represivas se retiraron, nos reunimos con El Viejo en el primer entrepiso nauseabundo y pestilente, él y veinte familias a las que la vida les había dejado ya muy poco para perder. Compartimos un amargo y unas tortas fritas, sin apuro y sin remilgos, con el profesional de traje y corbata que no le hacía asco a vivir un rato lo que otros sufrían día y noche.
Nos dijo:
“Era estratégico que la policía se fuera, que dilatáramos la posibilidad del desalojo compulsivo o la retirada de la gente por miedo… Mañana tenemos la primer negociación con un gerente del banco y eso por sí solo deja en suspenso el desalojo por la fuerza después de procesarse a tres o cuatro cabezas de turco elegidos por alguien…”.
Mirta, una morena grandota que se había enamorado de la “audacia” del viejo, no se contuvo y le preguntó:
“Doctor, ¿qué quiere decir estratégico?”…
Y la respuesta fue una pinturita de lógica dialéctica para encuadrar, aplicada al lenguaje y el entendimiento popular:
“Mire, Mirta, quiere decir algo así como que si usted se peleó con su marido y él le dice que se va a ir y usted no quiere que se vaya porque la cosa no es tan grave y todavía se quieren, pero usted no quiere decírselo, usted debe buscar la manera de que intervenga su suegra y venga y le diga abrazada a usted: nene, pensá por lo menos en tus hijos, además sabés que en casa no hay lugar…”.
Helios Sarthou fue y seguirá siendo un grano en la puerta del culo de la soberbia burguesa.
Un infractor de sus propios inventos para la dominación social; un reincisivo bisturí que viviseccionaba las pústulas hediondas del poder y mostraba el cáncer del capitalismo hasta para los ojos vendados de la justicia burguesa institucionalizada, de esa falaz justicia sólo de palabra que fue concebida para jodernos a los debajo de por vida, si fuera posible.
Helios fue y es un revolucionario de hecho, más allá de discursos, declaraciones, autoproclamaciones y coincidencias o desavenencias acerca de cómo plantarnos frente al enemigo en cada ocasión. Fue y es alguien que nunca será un ausente o un simple nombre y apellido en las crónicas históricas.
No sabemos todavía qué plaza habremos de tomar para bautizarla “Helios Sarthou, Compañero”… Alguna será, a no dudarlo…
Y capaz que la de “Los Olímpicos”, esa de su querido barrio, sea la más adecuada, sencillamente haciendo un agregado en medio de una buena movida callejera en la que podamos escuchar a su colega Osvaldo De La Fuente –otro jugado por los de abajo- cantando un buen tango como los que a Helios le gustaba escuchar y a Osvaldo cantar.
De repente “Plaza de los Olímpicos – Compañero Helios Sarthou” no es mala idea, máxime si tenemos presente que el fútbol fue también una de sus grandes y comprometidas pasiones de toda la vida y que, practicándolo, también supo dar cátedra sin atenerse demasiado a las buenas costumbres de la academia y sin mucho respeto por lo “políticamente correcto” en materia de reglas que caducaron con la desaparición de la pelota de cuero cosida a mano y los jueces con calzones hasta las pantorrillas.
Eso y mucho más, muchísimo más y más groso, lo tendría otra que merecido Helios.
Aunque lo que más se merece El Viejo es que sigamos y enseñemos a seguir su ejemplo práctico y contundente de coherencia indomable, su coraje y su irrompible voluntad de no dejarse tentar ni por las lisonjas intelectualoides del ego ni por las mieles amargas que llegan a saborear algunos, solamente algunos, de los que sueñan ser poderosos y llegan a traicionarse a sí mismos con tal de serlos.
Ha muerto un simple mortal, pero sobrevive un luchador extraordinario, de esos que siguen viviendo en las entrañas de quienes pudieron ver en su ejemplo, la meta y el camino.
¡Cháuuuuuu, Helios!
¡Seguiremos “volanteando”!!!.
¡Venceremos y vos estarás para brindar con todas y todos!!!.
Gabriel –Saracho- Carbajales, 2 de junio de 2012
A la buena gente de «Posta Portenia»:
Extiendo unas líneas sobre la información que «Posta Portenia» nos hace llegar sobre el Doctor Helios Sarthou en la presente jornada.
Desde hace una semana estábamos al tanto de su condición física en declinación, en el Sanatorio del Centro Asistencial del Sindicato Médico del Uruguay donde tenemos entendido que se le atendió hasta su fallecimiento.
Laboralista de nota, siempre defendió con exclusividad a la parte obrera en los conflictos de trabajo y jamás patrocinó a la parte patronal, supo destacarse en el Foro tanto jurídico como en los ambientes laborales y sindicales como un principista que a ninguno dejaba sin atender.
Es de buena fe aclarar que, a pesar de sabernos en idéntica vocación como colegas de profesión, jamás mantuve para con él un trato personalizado en continuidad; más allá de su calidez en el saludo en cada encuentro entre huestes de Actos masivos o en cada cruce por las calles de Montevideo, siempre recibimos muy suya docencia de constitucionalismo y legalidad, luz que tomada del Maestro anidó y permanecerá vigente en nuestro accionar.
Años atrás no dudó en extraerse del colectivo oficialista, incluso poniendo en juego y perdiendo la identidad de su movimiento y lista política, como sólo lo habíamos apreciado décadas antes en la figura del también recordado Doctor Emilio Frugoni.
En su vida de los últimos años lo hemos visto apoyar todas las causas justas desde el punto de vista de la defensa de quienes débiles resultan ante aparatos como el Estatal, los Municipales y los de las Fuerzas empleadoras a través de sus Asociaciones y Cámaras empresariales; era normal cruzarlo conduciendo su modesto automóvil siempre yendo de un evento a otro, lo hemos escuchado por años —al menos hasta hace un año y medio atrás— atendiendo personalmente a los consultantes que a través de la vía telefónica de planteos en su programa radial matutino dominical, el cual cerraba con un típico “Nos vemos en una semana... nos escuchamos en una semana”.
Aparentemente perdemos a un principista, pero no de esos que viven en la cerrazón de una nube de teoricidad sino de un sempiterno luchador por la conjunción de lo ontológico (práctico) de LA JUSTICIA con lo deontológico (teórico) de EL DERECHO.
Realmente ganamos un referente de vida, un modelo de entrega a la vocación profesional bien entendida, un faro de los pocos que siguen iluminando entre las tinieblas de la noche en que cae el “deber ser” universal... que si bien tiende a desaparecer físicamente no por ello deja de brillar su foco ni deja de constituir referente para quienes cada año más tendrán que lidiar con la problemática laboralista en un mundo en que las idolologías que se presentan como las más aplicadas están absolutamente carcomidas como fruto del abuso de sus conductores políticos y sindicales que de ellas se sirven tan sólo para el propio provecho sin que aparezca la convicción de que una vez que llegan a los puestos de mando usen sus prerrogativas en el bien colectivo.
A sus familiares más íntimos nuestras condolencias; y, si no se toma como un atrevimiento en este momento de dolor familiar, la confianza de que nos permitan considerarle siempre vívido, siempre entre filas en la vorágine diaria como entre las filas que silenciosamente siguen soñando con una sociedad menos dispar.
Mañana —DOMINGO 3 DE JUNIO— acompañaremos sus restos desde el velatorio en la Sala fúnebre de la empresa Rogelio Martinelli (Javier Barrios Amorín, esquina Canelones) hacia el Cementerio del Buceo donde recibirá sepultura sobre la hora 11:30.
Respetuosamente;
—Carlos Barros Pons
El corazón está de luto,
y no es una frase armada, es sencillamente un sentimiento, ese sentimiento que pudo inspirar un grande como Sarthou.
Fue un ser humano imprescindible, nos ha dejado un poco más solos, aún, en este camino que emprendimos hace tantísimo tiempo, camino del que se alejaron muchos ex compañeros.
El viejo, no, no se corrió ni un tantito de la senda, siempre estuvo, fue por ahí transitando sueños, luchas, difíciles jornadas.
Nunca se borró, fue fácil encontrarlo en las fuleras, entero, de pie, incorruptible.
La puta que feo, viejito lindo, te extrañáremos muchísimo, las unas y los otros: el pueblo.
Quiero dejar sólo una semblanza, una chiquita entre tantas: acá en Buenos Aires, algunos compañeros nos propusimos escrachar al entonces embajador uruguayo en argentina Julio César Lupinachi, que fue funcionario de la embajada uruguaya en Venezuela cuando la compañera Elena Quinteros se escapó de los militares que la tenían secuestrada y pretendió ingresar a la embajada venezolana en Uruguay, y los milicos la arrastraron desde los jardines del predio volviéndola a secuestrar continuando desaparecida hasta hoy.
Este hecho en ese entonces desató un conflicto entre Uruguay y Venezuela.
Luego se supo que la suerte de Elena Quinteros estuvo en manos de los funcionarios uruguayos en Venezuela entre los cuales estaba Lupinachi. Entonces para repudiar a este asesino formamos la Comisión de Derechos Humanos de uruguayos en Argentina y comenzamos a organizar un escrache.
El compañero Tito fue designado para entrevistar a Mujica y Sarthou, legisladores uruguayos en ese momento. Mujica ni siquiera lo atendió sino que mandó a su secretaria, en cambio Helios no sólo lo recibió sino que se puso a disposición nuestra.
Es un simple recuerdo que hoy que te nos mudaste me vino a la memoria.
Hasta siempre COMPAÑERO. GRACIAS.
Marcia
HELIOS :
TE AUSENTASTES HOY PERO PARA SEMBRARTE PARA SIEMPRE ENTRE NOSOTROS Y DESDE DONDE ESTES SEGUIRAS GUIANDO Y EMPUJANDONOS CON TU EJEMPLO DE VIDA, DE TANTA GENEROSIDAD Y SACRIFICIO, CULTURA Y SABIDURIA, TRABAJO Y LUCHA ; PARA CON TODOS LOS TRABAJADORES Y EN ESPECIAL POR LOS MAS HUMILDES
EMINENTE DR. Y PROFESOR, GIGANTE HERMANO Y COMPAÑERO HELIO SARTHOU,.....
TE SEGUIREMOS DICIENDO PRESENTE.
ASAMBLEA DEL CALLEJON
SOLO DECIR QUE HELIOS ERA Y ES UN COMPAÑERO CON GRAN SENTIDO HUMANO Y CON UN GRAN COMPROMISO HACIA LOS DE MÁS ABAJO, LOS MÁS HUMILDES... SALU HELIOS
DANIEL NIC
Es toda una etapa de militancia que recorrimos juntos junto a otros cros.
Nos queda su tenacidad, su obsesión por la coherencia, el jugarse por los principios, su afabilidad en el trato con sus semejantes
Helios vivirá en el recuerdo de los que luchan por un Uruguay digno y socialista
JORGE MAIKI
Gracias Compañeros, él hacía referencia cada tanto de vuestro trabajo.
Les informo además para la corrección, que Helios había cumplido el 7 de mayo pasado 86 años y no 84, era de 1926 y yo siempre le decía que en el "26" habían nacido dos faros que alumbrarían nuestra América Latina, él, el 7 de mayo y Fidel el 13 de agosto.
Un gran abrazo a ustedes y a un gran compañero como Eduardo Abeleira
WALTER SS
HASTA ..SIEMPRE Y HASTA MAÑANA CRO Y AMIGO HELIOS...!!!
Flia Sapriza
Me adhiero al MENSAJE, que haces llegar. Nos conocíamos desde 1962,donde coincidimos en lo que fue la Unión Popular UP.
Después HICIMOS CAMINOS DISTINTOS, no ANTAGONICOS, por ello va MI SALUDO a sus SERES QUERIDOS y AMIGOS¡¡
Fraternalmente
Juan Vital Andrada
Helios Sarthou, un luchador insobornable
Ha muerto el compañero Helios Sarthou (1926-2012). Su biografía dice que fue abogado, docente, diputado y senador. Fundador del Frente Amplio, del Movimiento de Participación Popular, de la Corriente de Izquierda y de la Asamblea Popular.
Aunque fue conocido y respetado, sobre todo, como un defensor incansable de los derechos de la clase trabajadora. Y, antes que nada, como un militante de izquierda. Luchador insobornable de la palabra y de la acción.
Alguien a quién nunca sedujeron las tentaciones materiales del poder, ni los acomodos politiqueros de un orden capitalista que compra, corrompe y destruye organizaciones e individuos
Alguien a quien no pudieron doblegar los posibilismos de la política "correcta". Por eso, entre otras tantas intachables conductas, no dudó -junto a Hugo Cores y Sergio Previtali- levantar su brazo acusador para votar en contra del nefasto Mercosur.
En 2008, luego de una larga e incansable batalla, tomó la decisión política de abandonar el Frente Amplio. Y de continuar, hasta el último día de su vida, en su irrenunciable desafío de construir una izquierda democrática y socialista.
Nuestro mejor y más sencillo homenaje, es volver a recordar en imágenes y palabras aquel inapelable testimonio del compañero Helios
Colectivo Militante Montevideo, 3-5-2012
Desde buenos aires me adhiere al merecido homenaje. Un abrazo.
FERNANDO
Hola Hermanos, saludos desde Brasil!
Nuestra red divulgo su manifiesto por la muerte del Compañero Sarthou!
http://osverdestapes.blogspot.com.br/2012/06/viva-el-companero-sarthou.html
Abrazos!
Julio Wandam
Coordinator de Los Verdes/RS - Brasil
MURIÓ EL OBRERO DEL DERECHO
HA MUERTO SARTHOU, HELIOS, EL QUERIDO HERMANO, COMPAÑERO DE TANTAS BATALLAS, QUE PALABRAS EMPLEAR PARA DESCRIBIR A UN SER HUMANO DE SU TALLA, QUE NO SEAN PALABRAS SUYAS CUANDO UNA VEZ NOS DIJO "MUCHACHOS, YO NO SOY ABOGADO, SOY UN OBRERO DEL DERECHO, AL SERVICIO DE LA CLASE".
QUE EN PAZ DESCANSE Y QUE VIVA EN LA REBELDÍA DE NUESTROS CORAZONES POR SIEMPRE.
PIT-CNT SALTO