25 de octubre: entre la memoria revolucionaria y la crítica del mito
El 25 de octubre de 1917 (7 de noviembre en el calendario gregoriano) marcó uno de los momentos más sísmicos de la historia contemporánea. Las masas de trabajadores, soldados y campesinos en Rusia hicieron colapsar el régimen zarista y pusieron en jaque el orden capitalista global, organizándose espontáneamente en soviets (consejos de trabajadores y delegados).
Sin embargo, a ciento nueve años de aquellos acontecimientos, la tarea de la clase trabajadora y de la izquierda crítica no es la repetición de dogmas ni la veneración de estatuas momificadas, sino el balance riguroso de sus lecciones históricas.
En su emblemático texto de 1935, "La leyenda de Lenin", el teórico comunista de consejos Paul Mattick somete a crítica el proceso de mitificación erigido en torno a la figura de Lenin y a la estructura del Estado soviético. Escribiendo en pleno ascenso de la burocracia estalinista y del capitalismo de Estado en la URSS, Mattick nos invita a desarmar el «mito» para devolverle a la historia su verdadera dimensión:
- De los Soviets al Poder de Partido:La Revolución Rusa nació como una vasta red de autoorganización obrera y campesina. La tragedia histórica residió en cómo la democracia de los consejos fue progresivamente desplazada por el control centralizado del aparato estatal y de la vanguardia partidaria.
- La crítica al Capitalismo de Estado:Mattick señala que las condiciones objetivas de una Rusia atrasada impidieron la realización del comunismo entendido como la autoemancipación directa de los productores. En su lugar, se erigió un sistema de acumulación bajo la gestión centralizada de la burocracia estatal.
- Contra el culto a la personalidad:La momificación y la conversión del pensamiento político en dogma servían —y sirven todavía— para legitimar la dominación sobre los trabajadores en nombre del «socialismo».
Un planteamiento para este 25 de octubre
Invitamos a estudiar este texto no como un ejercicio de nostalgia ni como un ataque destructivo, sino como una herramienta de formación política para el presente.
Si la lección fundamental de 1917 es que «la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de los trabajadores mismos», debemos rechazar todo sustitutismo —sea de líderes infalibles, partidos de vanguardia o aparatos burocráticos— y volver a poner en el centro la autogestión, la democracia directa y el poder de los consejo.
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Nota previa:
Para garantizar la precisión teórica del texto, vale aclarar una distinción importante: el texto original de Paul Mattick de 1935 utiliza expresiones propias de su vocabulario consejista como «jacobinismo» o «despotismo ilustrado». Mattick aborda la crítica desde la perspectiva del comunismo de consejos, caracterizando al leninismo como una expresión de la revolución burguesa atrasada en un país predominantemente agrícola y a la burocracia de partido como la nueva gestora de la acumulación de capital.
La leyenda de Lenin
Paul Mattick (1935)
Fuente:International Council Correspondence, Vol. 2, n.º 1, diciembre de 1935. Reimpreso en Western Socialist, Vol. 13, n.º 111, enero de 1946. Incluido en Anti-Bolshevik Communism, Merlin Press, Londres, 1978.
Cuanto más amarillenta y corroída se vuelve la piel del Lenin momificado, y cuanto mayor es el número de visitantes al Mausoleo de Lenin, menos interés despierta el verdadero Lenin y su importancia histórica. Se erigen más monumentos en su memoria, se producen más películas con él como protagonista, se escriben más libros sobre él, y los pasteleros rusos elaboran aún más figuritas de mazapán con su imagen. Pero las caras de los bombones de Lenin no se parecen más al Lenin real que los monumentos abstractos que se le construyen.
La momificación de Lenin es un símbolo del intento de crear un mito, el cual deba reemplazar a la realidad histórica por la ilusión, con el fin de servir a intereses de clase muy concretos. El culto a Lenin fue creado para legitimar a la burocracia rusa, que utilizaba el nombre de Lenin para justificar su propia dominación y la explotación de los trabajadores rusos.
La leyenda de Lenin es para el capitalismo de Estado ruso lo que el mito de los «Padres Fundadores» es para el capitalismo estadounidense. Al igual que la burguesía estadounidense necesita la ilusión de que su Estado fue fundado para la libertad y la democracia, la burocracia rusa necesita la ilusión de que su dictadura es la realización del socialismo y que Lenin fue el líder infalible de los trabajadores del mundo.
I. El carácter de la Revolución Rusa
Para comprender la leyenda de Lenin, primero debemos comprender la naturaleza de la Revolución Rusa. La Revolución Rusa de 1917 no fue una revolución proletaria en el sentido de que condujera a la emancipación de la clase trabajadora y al establecimiento del socialismo. Fue una revolución burguesa tardía, realizada bajo condiciones históricas peculiares y bajo la dirección del Partido Bolchevique.
En la Rusia zarista, las tareas de la revolución burguesa (la abolición del feudalismo, la redistribución de la tierra a los campesinos, la modernización de la economía y la creación de un Estado nacional centralizado) no podían ser llevadas a cabo por la débil e inepta burguesía rusa. Esta burguesía era demasiado dependiente del capital extranjero y demasiado temerosa del incipiente proletariado industrial como para encabezar su propia revolución.
La tarea histórica de llevar a cabo la transformación capitalista de Rusia cayó, por tanto, sobre los hombros del proletariado y del campesinado, dirigidos por la intelectualidad radical organizada en el Partido Bolchevique. Los bolcheviques, bajo el liderazgo de Lenin, se hicieron con el poder no para abolir el capitalismo, sino para acelerar su desarrollo bajo la forma de un capitalismo de Estado.
II. El Leninismo como ideología de la modernización capitalista
Lenin entendió perfectamente que Rusia era un país atrasado en el que el socialismo no podía ser construido de forma aislada. Sin embargo, estaba convencido de que el Estado, bajo el control del partido revolucionario, podía dirigir la economía y desarrollar las fuerzas productivas hasta el punto en que el socialismo fuera posible.
Esta concepción situó a Lenin no en la tradición del marxismo revolucionario que busca la autoemancipación de la clase trabajadora, sino en la tradición del despotismo ilustrado y el Jacobinismo. Para Lenin, las masas eran incapaces de desarrollar una conciencia socialista por sí mismas; la conciencia socialista debía ser llevada a la clase trabajadora desde fuera, por una vanguardia de revolucionarios profesionales.
Esta teoría del partido —expuesta por Lenin en ¿Qué hacer?— reflejaba la necesidad de un instrumento centralizado y disciplinado capaz de organizar a las masas, derrocar al régimen zarista y gestionar la reconstrucción económica de Rusia. Pero esta estructura organizativa, una vez en el poder, se convirtió en el germen de una nueva clase dominante: la burocracia estatal.
III. La dictadura SOBRE el proletariado
A medida que se consolidaba el régimen bolchevique, el control de la producción y de la vida política pasó gradualmente de los soviets (consejos de trabajadores y soldados) al partido y al aparato estatal. Lenin y los bolcheviques liquidaron sistemáticamente la democracia de los consejos, subordinaron los sindicatos al Estado y suprimieron toda oposición de izquierda, incluidos los anarquistas y los comunistas de izquierda.
La represión de la rebelión de Kronstadt en 1921 y la imposición de la Nueva Política Económica (NEP) marcaron el punto de inflexión decisivo. En Kronstadt, los marineros y trabajadores exigieron la devolución del poder a los soviets libremente elegidos y el fin de la dictadura del partido. La sangrienta supresión de Kronstadt demostró que el Estado bolchevique no toleraría ningún desafío a su monopolio del poder, ni siquiera por parte de aquellos que habían sido los más firmes defensores de la revolución.
La NEP, introducida poco después, restableció las relaciones de mercado y la propiedad privada en la agricultura y la pequeña industria, consolidando el carácter capitalista de la economía soviética. Lo que Lenin llamaba "capitalismo de Estado" no era una fase de transición hacia el socialismo, sino la forma definitiva que adoptó la acumulación de capital en un país en desarrollo rodeado por el mercado mundial capitalista.
IV. La construcción del Mito
Tras la muerte de Lenin en 1924, sus sucesores (primero el triunvirato y finalmente Stalin) transformaron sus escritos en un dogma religioso conocido como "marxismo-leninismo". Este dogma sirvió para enmascarar la explotación de la clase trabajadora rusa bajo la bandera del socialismo.
La leyenda presenta a Lenin como un genio infalible que previó todo y cuyo pensamiento contiene la solución a todos los problemas de la revolución proletaria. Se le retrata como el verdadero defensor de Marx, cuando en realidad adaptó el marxismo a las necesidades de una revolución burguesa en un país atrasado.
La función ideológica de la leyenda de Lenin es doble:
- En Rusia:Sirve para mantener la disciplina laboral y la obediencia al Estado burocrático, presentando la explotación económica como un "deber socialista".
- En el exterior:Sirve para subordinar los movimientos obreros internacionales a las necesidades de la política exterior de la Unión Soviética a través de la Tercera Internacional (Komintern).
V. Conclusión: El verdadero significado de Lenin
Lenin fue un gran estadista y un brillante táctico político, pero no fue un liberador de la clase trabajadora. Su logro histórico no fue la abolición del capitalismo, sino la creación de un nuevo método de desarrollo capitalista: el capitalismo de Estado gestionado por una burocracia de partido único.
El movimiento obrero internacional debe liberarse de la leyenda de Lenin si quiere avanzar hacia su verdadera emancipación. La lección de la Revolución Rusa y del leninismo es que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, a través de sus propias organizaciones de masa (los consejos de trabajadores), y no mediante la dictadura de un partido "vanguardista" o la creación de un nuevo aparato estatal.
La figura momificada de Lenin en el Mausoleo de Moscú es un monumento no a la revolución proletaria, sino a la victoria de la burocracia sobre la clase trabajadora.
Colectivo Comuna y Comunidad
~un diálogo entre comunes para la unidad en la diversidad~
Bogotá, 25 de octubre de 2026.
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