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Programa EL Cernidor

Programa El Cernidor 19.10.2026

Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv

Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso

Amodio nos sigue comentando el libro A Cara de Perro de Alfonso Lessa.

https://www.youtube.com/live/poJL1FF6tKg?si=tuwZIiRuTk12AWPB

 

Cernidor 325, correspondiente al día 19 de octubre de 2026

Palabras de Amodio: Como principio quieren las cosas, yo elegí, para comenzar la crítica del libro que lleva la firma de Alfonso Lessa, A cara de perro, una estrofa del Payador perseguido, de Atahualpa Yupanqui.

Yo sé que muchos diránque peco de atrevimiento
si largo mi pensamiento pal rumbo que ya elegí
Pero siempre he sido así, galopiador contra el viento
.

Leyendo el libro, pero sobre todo escuchando al mismo Lessa en los diversos programas que ha participado, voy a adjudicarle la categoría de EL PAYADOR PROTEGIDO.

Según surge de la página 7 del libro, Alfonso Lessa no conocía la importancia de Lucas Víctor Mansilla Calleros, conocido en el MLN como Eliseo y Marcelo, o el Negro Marcelo.

Quien sí lo conoció bien fue el Ñato Fernández Huidobro, que en el parte 123/1977 emitido por el Departamento II del E.M.E., procedente de la División de Ejército IV, dice lo siguiente:

-MANSILLA CALLEROS, Lucas Víctor: Es el militante más valioso del M.L.N. Reúne condiciones políticas, militares y organizativas. Tiene experiencia larga en cargos de dirección. Es respetado por todos. En cuanto a sus concepciones o modos de ser: es más político que militar. Si la acción militar no logra fines políticos, no sirve. Es moderado. Ahora bien. Si en el M.L.N. hay clima ‘ferretero’ o ‘dogmático’ (sea del lado que sea): MANSILLA va a chocar porque no transa y puede quedar fuera de órbita. En ese sentido por firmeza de convicciones puede hasta pedir la baja del M.L.N. o marginarse. No se embala ni se deja influenciar.

Tanto en Buscadores como en la página 24, Lessa se refiere a los dichos de Huidobro, pero no tiene en cuenta que se está refiriendo al año 1977, cuando ya del MLN no quedaban ni los restos. Por esas fechas, docenas de integrantes del MLN, tan valiosos como Mansilla, estaban presos o muertos.

Quien también lo conoció bien fue Luis Nieto, que lo menciona en su libro La Guerrilla innecesaria, publicado en septiembre de 2016, y que según nos dice el mismo Alfonso Lessa, fue fundamental al actuar como nexo entre ambos.

Otras menciones a Mansilla se encuentran en el libro Memorias de insurgencia, de Clara Aldrighi, del año 2009, Tupamaros en Chile, una experiencia bajo el gobierno de Allende, de Jimena Alonso, publicado en 2013, en el libro Tupamaros exiliados en el Chile de Allende, de Clara Aldrighi y Guillermo Waksman, publicado en 2015 y en Palabra de Amodio, del mismo año. Como puede verse, son cinco los libros que lo mencionan. Pocos, si se considera la enorme cantidad de libros que se han escrito sobre el pasado reciente, pero suficientes, a mi juicio, para alguien que, como Lessa, luce un curriculum tan extenso como brillante.

Dice Lessa en la página 12 que En las últimas décadas se escribió mucho sobre el MLN-T, pero siempre faltó una voz: la de un hombre clave, muy relevante en la historia de los tupamaros, muy cercano a Raúl Sendic, que participó en operaciones de alto impacto y lideró el duro proceso que llevó a poner fin a la guerrilla: Lucas Mansilla.

Fueron décadas de silencio. Pero este libro contiene ese testimonio -removedor y, por momentos, doloroso- y abre nuevas puertas hacia el pasado que también conducen al futuro.

Tras el afán común del autor y de quienes lo acompañaron en la creación del libro, se trasluce la creación de otro mito tupamaro, que es presentado como “muy cercano a Raúl Sendic”, “el hombre de confianza de Raúl Sendic”, sin tener en cuenta la responsabilidad que le cupo a Sendic, tanto en la división interna creada a partir de octubre de 1970 en Punta Carretas y culminada tras El Abuso, según el testimonio de Ñato Huidobro en Memorias de insurgencia.

¿Fue, por tanto, Mansilla responsable del intento de convertir al MLN en una guerrilla rural? Evidentemente sí, porque de no haberlo sido, habría sido defenestrado por el mismo Sendic, que nunca admitió críticas ni a su labor ni a su pensamiento.

Es este un tema que con Nieto hemos hablado muchas veces, y me extraña su silencio sobre este tema.

En su afán de crear ese mito, Nieto se niega a sí mismo en las críticas a la gestión de los comandos del Interior, que realiza en La guerrilla innecesaria.

Dice Nieto: La derrota de 1972 había empezado a desarrollarse desde el mismo momento en que el gobierno de Pacheco Areco transfirió a las Fuerzas Armadas la responsabilidad de combatir a la guerrilla, y el lugar elegido inicialmente fue en su retaguardia: el interior del país.

En Montevideo también se produjeron algunas detenciones antes de finalizar 1971, pero a diferencia de la capital, en el interior se utilizó, y desde el primer momento, la tortura generalizada, consistente en el submarino (sumergir la cabeza del preso en un tacho con agua, generalmente sucia de vómitos), picana eléctrica y plantones de muchas horas, con las piernas abiertas, con golpes y manoseos, en especial a las detenidas.

La guerrilla perdió muy rápidamente su retaguardia, y el Ejército acumuló gran cantidad de información como producto de interrogatorios a militantes no preparados, con escaso tiempo de integración al MLN, y en lugares donde casi todo el mundo se conoce. Este proceso de destrucción de la retaguardia se dio simultáneamente con las elecciones de 1971, realizadas el 30 de noviembre.

En ese contexto, el MLN pierde buena parte de su infraestructura rural, basada en el Plan Tatú, diseñado en el penal de Punta Carretas, fuera de la realidad, en tanto la mayor cantidad de tatuceras se construyó en sitios sobre los que no se podía ejercer ningún control ni vigilancia. Los perros del Ejército dieron con buena parte de estos escondites, donde la guerrilla descansaba, comía y dejaba rastros, por más cuidado que tuviese.

Simultáneamente con la pérdida de la retaguardia -que en la práctica de la guerrilla había estado basada en locales y campos propios, donde se construyeron refugios con criterios parecidos a los de Montevideo, y que sirvieron durante mucho tiempo para guardar armas, municiones y clandestinos-, la coordinación de las fuerzas de represión en las Fuerzas Conjuntas permitió un cruzamiento más efectivo de la información y un trabajo de inteligencia que irrumpe de golpe en Montevideo el 14 de abril de 1972, cuando el MLN lanza una ofensiva sobre una serie de objetivos como forma de golpear directamente al Escuadrón de la Muerte.

El 14 de abril de 1972, el MLN lanza varias operaciones contra integrantes del Escuadrón de la Muerte. Ese día los tupamaros matan, en distintos atentados, al subcomisario de la policía Oscar Delega, al agente Carlos Leíste, al capitán de corbeta Ernesto Motto y a Armando Acosta y Lara, exsubsecretario del Ministerio del Interior. La respuesta de las Fuerzas Conjuntas no se hace esperar, sorprende a la guerrilla tupamara, tanto por su eficacia como por la contundencia de los golpes que recibe.

En su máxima capacidad operativa, pero sin que tuviese todavía conciencia de que había perdido su retaguardia estratégica, el MLN se lanza a la calle a dar un golpe contundente al Escuadrón de la Muerte, y esa decisión marca el comienzo de su desaparición, que se cierra con la caída de Raúl Sendic, cuatro meses y medio más tarde.

Volviendo al libro A cara de perro, en la página 17, se dice en relación a Mansilla: Fue protagonista de capítulos históricos del Uruguay, dentro y fuera del país. Cuando la gran Fuga de Punta Carretas de los guerrilleros tupamaros era inminente, en setiembre de 1971, el abogado Hugo Batalla llegó hasta aquella inmensa cárcel rodeada de imponentes muros grises, para avisarle a Lucas, el Negro Mansilla que le habían dado la libertad.

Quedó desorientado: era uno de los cerebros de aquella fuga en la que tanto había trabajado y a la que le llamaron El Abuso. Pidió a Batalla que lo esperara y consultó al líder y fundador de los tupamaros, Raúl Sendic, quien no dudó un instante: andate y hacete cargo del MLN en el exterior. Pero en aquel momento, cuando Sendic le dio aquella respuesta, empezaría una etapa crucial y cargada de dramatismo  de su vida, que transitó entre la guerrilla regional, Cuba, Chile, Argentina y Europa, entre Allende, Mitterrand y Régis Debray; el acercamiento a los asesinados Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini (“el hombre de la mirada cálida”, como lo definió el propio Mansilla) -que influyeron, de manera “inconmensurable”, en su pensamiento y en el de otros tupamaros, según afirma con énfasis- así como al caudillo blanco Wilson Ferreira Aldunate.

Como yo viví de primera mano aquellos momentos, voy a relatar la verdad de lo sucedido. Mansilla integraba la comisión encargada de la fuga, que estaba integrada por él, Zabalza, Arbelo y yo. Batalla le comunicó su inminente puesta en libertad y Mansilla reaccionó con un exabrupto: qué cagada, justo en este momento. Batalla, sorprendido, no entendió la reacción de su defendido, al que le había conseguido la libertad. Mansilla se dio cuenta de su error -no podía decirle a Batalla la razón por su reacción- y trató de salvar el desencuentro.

La noticia de la inminente libertad se conoció de inmediato, a través de los abogados defensores, que veían ese hecho como un triunfo. Hasta ese momento, Mansilla había sido responsable de la relación con D’Albenas, el Tacoma, jefe de la guardia interna y por tanto el responsable de las requisas que por el reglamento carcelario debían realizarse. (Tacoma un Barco alemán, funcionó como cárcel de Montevideo) Esa era la mayor responsabilidad de Mansilla y eso fue lo que tuvimos que resolver. Sin D’Albenas, la fuga era imposible. Por otra parte, no podía negarse a su puesta en libertad y la salida hacia Chile era la única existente, ya que se había forzado a Allende a aceptar la estancia de los liberados, muchos de los cuales no eran del MLN y que fueron fuente de problemas internos en La Guacha, como era conocida la columna en Chile.

Tanto Sendic como Mansilla eran presos, y como tales no podían decidir por sí absolutamente nada. Fue el Ejecutivo actuante en esos momentos, integrado por Engler, Rosencof, Marrero y Píriz Budes, quienes le dieron a Mansilla la responsabilidad durante su estancia en Chile, previa consulta con Pablo Blanco Mazzara, Jorge Becca Tessa y Emilia Carlevaro, quienes eran los responsables de La Guacha. Festejaron alborozados la llegada de un peso pesado como Mansilla. Tanto Pablo Blanco como Emilia Carlevaro viven aún, y pueden ser consultados al respecto.

En la comisión decidimos, junto con Mansilla, que sería Servando el Pocho Arbelo el enlace con D’Albenas, ya que era el de más bajo perfil y de mayor experiencia en la vida interna de la cárcel.

En la página 18, se dice que tras su liberación, se produce el acercamiento a los asesinados Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, al que califica Mansilla como el hombre de la mirada cálida, que influyeron de manera INCONMENSURABLE en su pensamiento.

Esto tampoco es verdad: con Gutiérrez Ruiz  y Lucas Mansilla mantenía relaciones desde mayo de 1970, cuando el abogado Caracé Hernández se puso en contacto con Marenales, para solicitarle al MLN una entrevista al más alto nivel y que es el inicio de la colaboración de Gutiérrez Ruiz con el MLN, mediante el canje de las libras, el intento de recuperación de los materiales de mi domicilio de la calle Aconcagua, en el que participó el mismo Mansilla y el traslado de miembros del MLN por todo el país.

Gutiérrez Ruiz pagó los despidos del personal de El Debate con dinero producto del canje de las libras, y seguramente montó en Buenos Aires la despensa por la que se financió incluso a su familia, con dinero producto de los secuestros realizados por los compañeros de Mansilla en Argentina.

Resta saber si a Zelmar, el hombre de la mirada cálida, le financiaron su afición a las carreras de caballos, tanto como sus gustos gastronómicos.