Envíopostaporteña nº 719

El FA se mueve en clave de RE

 

Escribe Ignacio Martínez

Es que no caben dudas de que el FA debe reformularse.

¿Pero hacia dónde?

Tan caduca y vacía está su estructura, que hasta el mismo compañero Pepe ha tenido que pedirle a los legisladores que viajen menos la exterior y recorran más las barriadas y el país. Bien por eso.

Pero el asunto es que no es el Ejecutivo ni la Bancada parlamentaria los que deben asumir el rol de partido político porque, sencillamente no lo son ni están elegidos para eso. Este es el año de las realizaciones, de las concreciones, del afianzamiento preciso de cambios en los caminos y las herramientas que permitan, a su vez, los cambios programáticos que anhelamos en vivienda, en educación, en integración social, en eliminación de la indigencia y reducción de la pobreza, en el trazado de nuevas matrices económicas sobre la base del desarrollo industrial y la producción de materias primas con más y mejor valor agregado, entre otras cosas. ¡Menuda tarea!

El partido político es el FA, este FA que convive con sus dos formatos: el de coalición de partidos y el de movimiento.

Quienes hacen énfasis en uno u otro aspecto esgrimen argumentos para candidaturas múltiples o búsqueda de consensos para una única presidencia acordada.

Las propuestas son transversales, pero todos coincidimos en que el FA se debe recomponer, revitalizar y redefinir en cuanto a su vida interna y su proyección hacia nuestro pueblo.

¿Qué quiere decir eso? Veamos.

Dejo por un momento el tema candidaturas y me sumerjo en el hecho de que el FA debe tener medios de comunicación propios, prensa escrita, programas radiales y, eventualmente, una política de propaganda y publicidad que vaya armando vínculos sostenidos con nuestro pueblo y sus principales temas.

Estoy pensando en medios de comunicación con criterios modernos, revitalizados, que además abarquen una nutrida agenda de encuentros, mesas redondas, debates, que nos permitan poner la política sobre la mesa pública y la reflexión con la mayor participación y la mejor democracia.

Es absolutamente equivocado que nuestras casi exclusivas vías de comunicación sean los grandes medios de prensa porque allí sólo se ven fragmentos de lo que esos medios estiman que es noticia. No seamos angelitos.

Comparemos. ¿Cuánto espacio ocupan las realizaciones que se van obteniendo a nivel nacional y municipal?

¿Cuánto espacio ocupan las desavenencias y el “le dijo”, “me dijo” y “se dijeron”? Volviendo a las candidaturas, en lo personal creo que hay que hacer todos los esfuerzos por consensuar, pero ¿entre quienes?

¿A nivel de cúpulas partidarias? ¿Entre bambalinas?

Por encima de los nombres que resulten, deberá estar el trabajo de equipos que a su vez hagan culto a la razón, al argumento, a la propuesta clara.

En este sentido reivindico enfáticamente el FA movimiento no sólo por mi modesta condición de militante no encuadrado orgánicamente en partido alguno, sino porque creo que el FA es un movimiento de masas que sin dudas reposa sobre estructuras partidarias muy fuertes y valiosas, pero que tiene como sangre vital al hombre y la mujer sin partido, cuyo sostén ideológico siguen siendo los postulados del 71 y el Programa que votamos en los Congresos.

Entonces mi revitalización quiere decir más trabajo en los barrios, más presencia de los dirigentes y los cuadros asignados a los diferentes niveles de gobierno, de cara a las comunidades, más revitalización de las comisiones temáticas centrales con amplia participación, capaces de generar también reflexiones y debates temáticos en el país. Volviendo a las candidaturas, permítanme dejar en claro que creo que es un error elegir al Presidente del FA a padrón abierto.

Tampoco podemos convertir la interna frenteamplista en una puja al estilo de los partidos estadounidenses.

Esa democracia es de pacotilla. La nuestra trasciende el magno voto y hace de la participación, la forma del ejercicio del poder en manos del pueblo organizado, con la divisa de la fraternidad, lejos de la cuotificación y con el Programa como razón de ser. La multicandidatura no será una consecuencia del crecimiento ni de que hayamos llegado a gobiernos departamentales y al gobierno nacional.

Será la incapacidad de llegar a acuerdos y el retroceso de varios casilleros en la forja de la unidad en la diversidad, que le dejan espacios a los personalismos y a las pujas sectoriales. Un FA en clave de RE, pero para que todos toquemos la misma sinfonía y no una mala caricatura de opereta.            

columna 148, publicada en el semanario uruguayo El Popular, 2/3/12