Garzón no cerrará más periódicos
Joxerra Bustillo Kastrexana
He seguido desde la distancia la peripecia judicial del juez de instrucción Baltasar Garzón. Desde que ordenó la clausura del diario "Egin" y la emisora "Egin Irratia", allá por julio de 1998, no es santo de mi devoción, por razones obvias. Para quien no lo sepa, fui uno de los periodistas damnificados por aquel cierre y varios compañeros de trabajo y amigos permanecen hoy en la cárcel con motivo de aquella operación made in Garzón.
La sentencia que se ha conocido hoy, por la que se inhabilita y separa de la carrera judicial a este hombre, supone un gran alivio. Ya no ordenará el cierre de más periódicos. Ya no ordenará más escuchas a abogados de presos. Ya no seguirá haciendo lo que le venga en gana, como ha hecho hasta ahora. Incluida su cínica postura ante las innumerables denuncias de tortura realizadas cara a cara por presos vascos.
No soy ingenuo. Sé perfectamente que quienes lo han denunciado son una cuadrilla de sinvergüenzas relacionados con tramas de corrupción, pero si el axioma de que el fin no justifica los medios debe prevalecer, Garzón también debe cumplirlo. En el caso de los abogados de presos vascos siempre se ha saltado ese principio. Se han grabado las conversaciones de los abogados con sus defendidos como norma habitual. Garzón, y otros jueces de instrucción como él, han actuado a su antojo, amparados en la razón de Estado.
El paradigma ha cambiado cuando esa práctica ilegal y antidemocrática les ha sido aplicada a abogados de detenidos de alto estanding, implicados en la trama Gürtel. Garzón se pasó de listo y pinchó en hueso. Se creía, como el Borbón, intocable, cuando se había labrado una interminable lista de enemigos. Y se ha quedado fuera de su querida Audiencia Nacional, para siempre.
En el caso de las víctimas de la Guerra Civil, guiado por su megalomanía enfermiza, ha intentado abrir una Causa General contra el franquismo. Un loable afán, si no fuera porque se ha acordado tarde de las víctimas y se ha saltado a la torera los pactos que los antecesores de quienes ahora le jalean -léase el PCE y el PSOE- suscribieron a escondidas con los franquistas reciclados, encabezados por Suárez y Fraga. Esa Causa General debió ser abierta a instancias de un primer gobierno democrático tras la muerte de Franco, incluyendo entre los acusados a su sucesor en la Jefatura del Estado, pero nunca se hizo, y de aquellos polvos estos lodos.
Por otra parte, da lástima esa "izquierda garzoniana", que olvida todos los atropellos protagonizados por este juez estrella, y se agarra como clavo ardiendo a su paripé contra Pinochet y su guiño judicial a los que reclaman, con dignidad, la memoria histórica de los derrotados. Una "izquierda" patética, incapaz de plantar cara a una Constitución monárquica infumable, verdadero obstáculo para una verdadera regeneración democrática del Estado español. Siempre les quedará la opción de auparlo de líder carismático cara a las próximas contiendas electorales.
Pero más allá de esas miserias políticas, lo significativo, lo que tiene verdadero relieve, es que un juez de instrucción que ha protagonizado a lo largo de su carrera en la Audiencia Nacional incontables irregularidades, ha sido, por fin, puesto en su sitio por sus compañeros del Tribunal Supremo y además por unanimidad. Seguro que en la sentencia han podido influir prejuicios personales y políticos contra él, pero esa circunstancia es el pan nuestro de cada día en esas instancias.
Retirado de la primera línea de combate en defensa del Estado, por su propia prepotencia, el juez que elaboró la teoría del "todo es ETA" acaba su carrera profesional, saliendo por la puerta de atrás. Ahora lo único que deseo es que su reciclaje profesional no tenga nada que ver con Euskal Herria y sus gentes. Viviremos más tranquilos.
http://jbustillo.blogspot.com/2012/02/garzon-no-cerrara-mas-periodicos.html?spref=fb
Garzón, el juez que amparaba las torturas
Víctor Alexandre
No siento la más mínima simpatía por los implicados en la trama de corrupción del llamado caso Gürtel. Por ninguno. Y menos por el ex presidente valenciano Francisco Camps. Por el contrario, tanto él como varios dirigentes del PP implicados me repugnan ideológicamente y, como dice su rey, sería para mí un motivo de profunda satisfacción verlos encerrados en el marco incomparable de una prisión. Sin embargo, como demócrata, confieso que me produce un gran placer ver al juez Baltasar Garzón sentado en el banquillo de los acusados ??en calidad de delincuente -ningún juez puede violar los derechos de las personas, aunque sean en la cárcel- y sometido sólo a una pequeñísima parte de la humillación a que él sometió en el año 1992 una cuarentena de personas inocentes por el solo hecho de ser independentistas. En aquel año, este falso demócrata, ordenó el encarcelamiento de varios catalanes los que se les aplicó la ley antiterrorista y sufrieron feroces torturas en las dependencias policiales sin que hiciera absolutamente nada para evitarlas. Los mismos torturados han explicado que cuando los interrogaba y le decían los martirios que estaban sufriendo por parte de los cuerpos de seguridad españoles desviaba cínicamente la mirada hacia el techo para demostrarles que todo lo que decían era tan inútil como si lo dijeran a una pared .
Doce años después, en 2004, el Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, al que apelaron las víctimas, dictó sentencia condenatoria contra el Estado español por no haber investigado las denuncias de torturas practicadas a una quincena de 'independentistas y le obligó a indemnizar a los demandantes con 8.000 euros para cada uno ya pagar 12.000 euros adicionales por los costes legales del proceso. Garzón, sin embargo, no sólo no se avergüenza de aquellos hechos, sino que en su libro Un mundo sin miedo se jacta de haber infiltrado agentes de los CESID en el independentismo catalán. Por tanto, la imagen de defensor de la democracia, de las libertades y los derechos humanos que se ha fabricado es rotundamente falsa y sólo forma parte de su proyecto de glorificación personal. Un proyecto que, para tener éxito, necesitaba de una selección muy cuidadosa de casos que, ya fuera por el nombre de los implicados o por el eco del proceso-Pinochet, las dictaduras chilena y argentina, los crímenes del franquismo ... -, le dieran popularidad y notoriedad internacionales hasta el punto de postularse para Premio Nobel de la Paz.
Esto, sin embargo, no impide que el españolismo disfrazado de progresismo que cada día extiende su hipocresía políticamente correcta en las tertulias de las emisoras de radio y televisión catalanas tenga la barra de llago tejar Garzón presentándolo como mártir de la caverna española cuando, como sabemos, la caverna española está formada por el PP y por el PSOE, a partes iguales, con unos ideales que se resumen en el artículo 8 de su Constitución, aquel que dice que la labor de las fuerzas armadas consiste en aplastar militarmente la voluntad de independencia pacífica y democrática del pueblo catalán. Son, en definitiva, las mismas voces y emisoras que, revestidas de una galdosa neutralidad, no sólo maquillan el pasado de Juan Antonio Samaranch, Carles Sentís y Fraga Iribarne a raíz de su muerte, como miembros destacados de un régimen de terror que cometió miles de crímenes contra la humanidad, sino que pretenden endulzar su memoria haciéndoles pasar por benefactores de la democracia e incluso, en el caso de los dos primeros, como catalanes insignes. Es decir, que mientras en Alemania se repudia las figuras destacadas del nazismo, en Catalunya se ensalzan las figuras destacadas del franquismo. La autodenominada izquierda, conocida también como tripartito-PSOE, Esquerra e ICV-, incluso les ha llegado a homenajear con los máximos honores en el Palacio de la Generalitat. Son los mismos hipócritas que se atreven a hablar de memoria histórica y de víctimas y que con una mano reivindican los defensores de las libertades mientras con la otra glorifican sus asesinos.
Desconozco cuál será el futuro de Baltasar Garzón, pero no me lo imagino en la cárcel. Los policías torturadores de independentistas tampoco han ido nunca, a la cárcel. Me lo imagino, eso sí, viajando por el mundo con dietas suntuosas y haciéndose pasar por mártir de la intolerancia. La misma intolerancia que él amparaba con su silencio cuando eran torturados los independentistas catalanes. A Baltasar Garzón, decididamente, nadie le pondrá una bolsa de plástico en la cabeza porque se asfixie, ni lo someterá a vejaciones sexuales para que sienta asco de sí mismo, ni el baldará a golpes para que diga que es español, ni le aplicará electrodos a los genitales porque chilla de dolor. Garzón nunca sabrá qué es eso, porque es un juez que, cuando un detenido se lo explica, en lugar de escucharlo desvía los ojos y mira el techo