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NUESTROS ASUNTOS de Ayer y hoy...

 

Mariano Moreno y el capitalismo de estado

Por Andrés Soliz Rada *

La Revolución del 25 de mayo de 1810 tiene, como todo acontecimiento histórico, elementos estructurales y coyunturales.

La profundidad y vigencia de la Revolución de mayo están marcadas por el “Plan de Operaciones”, escrito por Mariano Moreno entre el 17 de julio y el 30 de agosto de 1810, por encargo de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires, en el que puso los cimientos del capitalismo de Estado para la América indo mestiza.

Su genialidad hizo que precediera en 31 años a la clásica obra “Sistema Nacional de Economía Política”, de 1841, de Federico List, la cual demuestra que la emergencia de las grandes potencias, Inglaterra, la primera de ellas, se basó en el proteccionismo y no en el libre comercio, predicado por Adam Smith.

El “Plan de Operaciones” fue escrito 59 años antes de la famosa carta de Marx a Engels, de 29 de noviembre de 1869, en la que advierte que la liberación de Irlanda del imperio británico no será obra del proletariado inglés, como se infería del “Manifiesto Comunista”, sino de la lucha de liberación nacional de los irlandeses.

El “Plan de Operaciones” fue redactado 111 años antes que Lenin dejara establecido, en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, de 1921, que la contradicción fundamental en las colonias y semicolonias opera entre naciones opresoras y naciones oprimidas. En estos últimos 200 años, ningún pueblo se ha zafado de la opresión colonial o imperialista o ha debilitado su sumisión sino a través de Estados nacionales que avanzaron en procesos liberadores.

Así ocurrió en el México de Lázaro Cárdenas, en la Turquía de Kemal Ataturk, en la India de Mahatma Ghandi, en la Indonesia de Sukarno, en la China de Mao, en el Vietnam de Ho Chi Min, en la Yugoslavia de Tito, en la Cuba de Castro, en la Bolivia de Paz Estensoro, en la Argentina de Perón o en la Sudáfrica de Mandela. Los Estados nacionales se abrieron paso, principalmente en el viejo continente, enfrentando a fuerzas feudales que impedían su nacimiento.

En las colonias y semicolonias, la lucha por similar objetivo enfrenta a imperialismos que ahogan sus esfuerzos. No es casual que Francis Fukuyama hubiera sostenido en “El Fin de la Historia”, que “la Teoría de la Dependencia es la gran enemiga a ser destruida”, ya que advierte que la consecuencia práctica de este planteamiento es la construcción de Estados nacionales, que impiden que la dominación colonialista se consolide (1).

1.- Theotonio dos santos: “La teoría de la dependencia”. Editorial Plaza & Janes. Buenos Aires-Argentina, 2003. Página 88.

*Nota de Carta Abierta Francia: Andrés Soliz Rada es abogado, periodista, dirigente sindical, profesor universitario y político boliviano. Fue uno de los más destacados defensores de los recursos naturales de Bolivia. Fue nombrado Ministro de Hidrocarburos por el presidente Evo Morales.

Fuente:Rebelión, 17.05.10

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El artículo entero está en REBELIÓN; por razones de espacio solo tome este inicio de la larga nota  como de resumen de  Soliz Roda; para hacer alguna reflexión
Como no podía ser de otra manera soy un habitué de la información con total independencia de las fuentes; es así que vicho la CNN como a TELESURTV, leo a Maquiavelo y a Goebbels  que son las fuentes Ideológicas del Neo-Liberalismo que azota el planeta tierra con amenazas apocalípticas justamente usando la información como arma de sometimientos a sus crueles designios.
Es así que los principios de Libertad y Justicia los heredé de mi padre y el Bebe Sendic.

De gurí me decía mi viejo:" cuando por la noche algo te asuste no huyas toma precauciones e investigá".

Me decía El Bebe contestando a mis críticas: " hay que entender".

Mi viejo me enseño el arte de la caza que también sirve para la guerra y El Bebe Sendic me enseño a entender a mi gente pobre partiendo de sus NECESIDADES de profundas raíces culturales Heredadas.

Volviendo al tema: PLAN DE OPERACIONES,  Escrito por Mariano Moreno en 1810. Cualquiera puede evaluar que Artigas era sabedor de este Plan de Operaciones escrito por Mariano Moreno. A no dudarlo, sería ingenuo y bien propio de mentes estrechas que existen enganchadas al DOGMA como la panacea universal; donde el Partido único y el multi-partidismo tal como lo caracterizó  Gadafi, es la dictadura de la edad moderna.
Se me ocurre decirles a la Izquierda Radical de mi país, LOS PUEBLOS NO CORREN, CAMINAN. Tenemos el ej., de Bolivia, Venezuela, Ecuador.

 A todo esto no estamos ante el Asalto al PODER sino ante un proceso que con ciertas dificultades y contradicciones, que no son antagónicas al tener programado el fin último el Estado Soberano de los pueblos, en proceso.

La lucha por la tierra paridora de vida que es la suma de los llamados: DERECHOS HUMANOS.

No voy a enumerarlos porque sería un asunto muy largo, en cuanto a derechos y deberes, Estos los encontramos en el Programa: Provisorio del reparto de la tierra que diagramo el Artiguismo. Que era PROVISORIO a tanto no estaba definido la Concepción y programa del Estado Federal, que Artigas planteaba desde su concepción CONTINENTALISTA. Ver los 20 puntos que eran portadores los Delegados de la Banda Oriental que fue saboteado por los porteños de la Asamblea Constituyente en Buenos Aires.

Entre otras cosas, escucho con mucha atención, la Radio CX36; así como muchos compañeros/as que escriben en distintos boletines que enumerarlos sería muy largo.

 Para mi es la forma de estar informado del acontecer del proceso de mi país.

Días pasados escuchando esta radio mate en mano, oigo a compañeros los viejos que aún sobreviven del 60, haciendo un llamado a la UNIDAD DE LA IZQUIERDA en apoyo del MOVIMIENTO SOCIALde la lucha por la tierra me parece bien siempre y cuando no manipulen partidizando al Movimiento Social algo que siempre fue típico y bien propio de la concepción de partido sea de Izquierda o derecha.
Por hoy la dejo por aquí pero la seguiré; porque así es la exigencia de la LUCHA POR LA TIERRA. QUE AÚN NO CUENTA CON EL APOYO NECESARIO EH IMPERIOSO DE LA HORA.

Que debería unir a toda la Intelectualidad Hombres y Mujeres que posean un mínimo de solidaridad humanística y echen mano a su tarea de fundamentar la NECESIDAD DE UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE con la plena participación de los pueblos a nivel Nacional.
La Izquierda toda es la responsable de lo que está pasando.

El pueblo ya les dio la oportunidad, de  gobernar por dos veces y todos los que tuvimos alguna Militancia del 60 a la fecha somos responsables de este insufrible proceso al que no le pongo adjetivo por que ya se han escrito todos y estos no esclarecen nada.


 
Salud y buen viento. Dante......

 

el GRINGO DANTE - postaporteña nº 722 - 2012-03-06 18:31:56
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Sobre el intercambio entre "Michael Hardt y John Holloway" y quien lo envió

 

publicado  en nº anterior

Estimados lectores de Posta:

A fuerza de ver determinadas cosas uno se acostumbra a pasarlas por alto, si ve que no vale la pena estar contestando todas las expresiones impertinentes o desubicadas que se formulan en los más diversos medios

La libertad de expresarse implica también que puedan difundirse opiniones de ese talante Pero de idéntica manera, quienes participamos de otra forma de expresarnos o polemizar, no tenemos más remedio que hacer oír nuestra voz cuando leemos expresiones de la soberbia de un Sr. que firma Aragón Tercero, recomendándonos (a los “oscurantistas sesentistas” como pretende calificarnos) desde su olímpica sapiencia, determinadas lecturas

Me molesta la gente que insulta; me molestan los soberbios, me molestan los que creen que lo saben todo, los que se creen poseedores de la última “originalidad” en materia de pensamiento político, filosófico, científico, etc. y desde su pedantería miran con conmiseración a los demás

Me molesta la gente que se escuda en seudónimos, sobre todo si va a descalificar a otros o va a polemizar con alguien oculta atrás de ese escudo, sin dar la cara

Al autor de la nota, le digo que se quede tranquilo Ya leí el texto del intercambio entre Holloway y Negri (con cuyas tesis centrales no estoy de acuerdo) y lo leo, porque aun el pensador mas equivocado puede decir alguna verdad que pueda ayudarnos

No porque el ignoto Sr. Aragón Tercero nos haya” conminado” a hacerlo

FTTE.

JORGE MAIKI - postaporteña nº 722 - 2012-03-06 18:26:17
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El 21 de marzo el Estado Uruguayo pedirá perdón

 

¿ por quién y para qué?

 

El 21 de marzo esta previsto (en el ámbito de la reunión de ambas cámaras legislativas y con la presencia del Presidente Mujica, ministros y miembros de la Suprema Corte de Justicia) que el Estado uruguayo proceda a pedir perdón a las víctimas de las violaciones de los DDHH durante la pasada dictadura

Cuando el Estado pide perdón en este caso ¿a quién representa?

Si representase a la sociedad en conjunto,  respondemos que la gran mayoría de la sociedad fue de alguna manera victima de la dictadura

Exceptuamos de ese conjunto a la gran burguesía que se beneficio de la misma y aprovecho espléndidamente la ausencia de sindicatos para instaurar un orden militar en las fabricas y centros de trabajo

En todo caso es esta burguesía ( Cámara de Comercio, Cámara de Industrias, Asociación de Bancos, Asociación Rural, etc.) la que tendría que pedir perdón por haberse valido de la dictadura y colaborado con ella, en su propio beneficio

Debería pedirles perdón a todos los obreros que despidió por sospecha de ser “subversivos” y haber colaborado también en la puesta en práctica de la división de la sociedad en categorías A, B y C

Si el Estado representa al conjunto de los actuales poderes (incluido el gobierno actual) deberían en todo caso pedir perdón por no haber anulado hasta ahora la ley de impunidad y a continuación (para no quedarse en palabras) proceder a anularla de verdad (y no el jeroglífico jurídico que votaron como supuesta anulación)

Deberían echar mano a los archivos militares que tienen bajo cinco llaves encerrados y proceder a demandar a todos los jefes de cuarteles y divisiones militares de la época donde hubieron torturas, asesinatos, violaciones y desapariciones

Todos deberían comparecer bajo sospecha de culpabilidad, hasta que demuestren su inocencia Cosa harto difícil, pues en la organización militar cada jefe es responsable de lo que sucede en su órbita Muy pocos por cierto se salvarían, pues las violaciones de los DDHH fueron generalizadas

En todo caso esto es lo que debería hacer el Estado y gobierno actuales y no esta especie de farsa

Por mucho que critiquemos al FA y a este gobierno, es una aberración psicológica, política y moral que procedan a pedir perdón por crímenes que cometió una sección precisa (y en esa época relativamente autonomizada) del Estado: las FFAA y sus cómplices A la cual están encubriendo con tamaño teatro

Ni este gobierno ni el anterior son responsables de los crímenes de la dictadura

Una notoria cantidad de militantes y simples ciudadanos simpatizantes del FA fueron víctimas de la misma

Pero este y los anteriores gobiernos son SI responsables de encubrirlos con esta  y otras anteriores farsas

 Son responsables de los pactos que han firmado con los milicos y que han ocultado a la ciudadanía Por hacer pasar por viejitos inofensivos a los sádicos que están en la cárcel de la calle Domingo Arena

Señalar como“un enfrentamiento entre dos bandos que tenemos que olvidar lo que fue, en particular a partir de 1973, una feroz represión, un terrorismo de Estado contra militantes desarmados e inermes

Por todas estas posiciones justificadoras de la impunidad y desmoralizantes para la ciudadanía que aun cree en ellos; por esto también deberían pedir perdón

Pero con pedido de perdón o sin ello, deberán igualmente los culpables responder por sus crímenes y recibir la pena correspondiente

El pedido de perdón no puede ser un sucedáneo o un sustituto de la justicia

Mantener la inalterabilidad esencial del aparato represivo, limitar al máximo la lucha de las organizaciones de DDHH y de todos los que siguen sintiendo sed de juicio y castigo. Destilar algo de justicia a cuentagotas y esperar que el tiempo haga su obra, (que los represores vayan muriendo impunes como los del franquismo y los luchadores se vayan cansando y desmoralizando por los pocos resultados.

Presentar luego esas gotas de justicia como grandes logros, que diferencian este gobierno de los anteriores de los partidos tradicionales. Lo cual sirve para mantener votos e imagen Todo está calculado...

Y cada tanto, para remachar, una farsa engañosa y teatrera como esta a la que asistiremos el 21 de marzo...

 

                        Agrupación Nacional ProUNIR

ProUNIR - postaporteña nº 722 - 2012-03-06 18:23:34
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Cromañón, Once y la precariedad de la vida

 

Por MARISTELLA SVAMPA 04/03/12 

La precariedad no es algo nuevo en Argentina, pero expandió sus fronteras en los 90, bajo el neoliberalismo: mayor incertidumbre y riesgo laboral, condiciones indignas de trabajo, enorme deterioro de los servicios y grandes ganancias empresariales son algunos de sus rasgos.

Los peligros de la precariedad fueron potenciados por la corrupción, tal como aparece dramáticamente ilustrado por diferentes hechos luctuosos que jalonan nuestra historia reciente: desde el “accidente” de LAPA (1999), pasando por la “masacre” de Cromañón (2004), la “tragedia” de los estudiantes del colegio Ecos (2006), y ahora los 51 muertos y más de 700 heridos de la estación ferroviaria de Once.

Se trata de hechos que conmovieron a la sociedad y conllevaron el surgimiento de organizaciones y movimientos sociales de familiares de las víctimas, que reclaman justicia, e interpelan de diferentes maneras al conjunto de los poderes públicos.
Más allá de las diversas formas de “nombrar” los hechos en sí (“tragedia”, “desastre” o “masacre”), estos movimientos de damnificados conceptualizan lo sucedido como algo más que un accidente, una desgracia o catástrofe producida por la negligencia y la imprudencia.

Antes bien, todos destacan que se trata de hechos criminales, evitables y no casuales, que remiten a una oscura trama de complicidades y aquiescencias, que engloba tanto a los agentes privados como al Estado; esto es, remiten a responsabilidades políticas, en sus diferentes niveles y jurisdicciones.
Frente a estas demandas, la respuesta de los gobiernos ha sido espasmódica, con políticas de corto alcance, a fin de frenar la presión de los familiares de las víctimas así como la indignación de la sociedad.

En no pocas ocasiones, esas respuestas apuntaron –hasta donde era posible– a clausurar las posibilidades de justicia, instalando la impunidad como marca.

En otros, hubo avances sustanciales, como en el caso de Cromañón.
Pero, por su gravedad, lo sucedido en la estación ferroviaria de Once vuelve a iluminarnos sobre la significación de la vida precaria en nuestro país.

Si la precariedad implica vivir en una condición de incertidumbre constante, cuando es potenciada por la corrupción, ésta va configurando una matriz criminal que transforma a las personas en cuerpos sacrificables o desechables, en función del lucro o la ganancia fácil.

Cromañón y lo sucedido en Once dan cuenta del carácter sacrificable de los cuerpos, que golpea de modo desigual; esto es, a los sectores más vulnerables, jóvenes y clases trabajadoras, pertenecientes a los sectores populares y medios.
Vista desde esta perspectiva, la noción de “sacrificio” recorre también la problemática de la megaminería, donde son los territorios los que aparecen en primer lugar como desechables, en función de la rentabilidad y la mercantilización, lo cual posteriormente repercute y tiene efectos visibles sobre los mismos cuerpos.

Los puentes no son casuales: tanto la megaminería a cielo abierto, hoy tan cuestionada por las poblaciones de diferentes provincias, como el estado del sector ferroviario, tan criticado y denunciado desde diferentes sectores, desnudan el sistema de alianzas económicas del Gobierno y ponen en entredicho su relato progresista.

Pese a todas estas evidencias, no deja de sorprender que la Presidenta, lejos de tomar nota de los reclamos sociales, en el discurso de inauguración del año parlamentario, haya defendido de modo tan encendido la política de subsidios a las empresas así como también la megaminería. Nada en ese discurso apunta a abrir un verdadero debate sobre estas cuestiones y mucho menos, deja entrever una propuesta de cambio.

 

ENTREVISTA CON MARISTELLA SVAMPA

 

"Se revitalizó el Estado, pero se consolidó una matriz criminal"

Socióloga y referente del colectivo de intelectuales Plataforma 2012, SVAMPA cuestiona el entramado de corrupción y precariedad que hace de la población más vulnerable "cuerpos sacrificables" en beneficio de mayores ganancias.

"No hay voluntad política de repensar un Estado posneoliberal", dice

Si este es el Estado, ¿el Estado dónde está?

Quizá podría ser una de las preguntas que podríamos hacernos después de comprobar cómo un Estado que, entre otras cosas, está para garantizar la seguridad de los ciudadanos, no se sabe finalmente dónde estuvo para evitar que los trenes se terminaran transformando en una trampa como la que fue la estación Once, con 51 muertos y 700 heridos.

Para una socióloga como MARISTELLA SVAMPA, que es toda una experta en hacer trizas el relato oficial del planeta K, la explicación es sencilla, pero desoladora.

No se trató de un accidente, dijo a Enfoques, sino de "una suerte de crimen social anunciado", donde, "más allá de las preocupaciones del kirchnerismo por fortalecer el Estado, lo que vemos es la consolidación de una matriz criminal en la cual corrupción y precariedad van juntas".

Esta intelectual de izquierda, integrante de Plataforma 2012, al que algunos caracterizan como la contracara de la oficialista Carta Abierta, destacó que en estos ocho años de kirchnerismo hubo "continuidades y rupturas respecto del modelo de los años noventa", pero advirtió que "eso no significa que haya habido un desmantelamiento de las bases neoliberales en sectores clave".

De allí que, sostuvo, el problema candente es la continuidad de una trama en la que, a partir de la asociación entre el Estado y sectores empresariales y sindicales, "coinciden las políticas de subsidios y de tercerización, la falta de controles y la ausencia de soluciones a mediano y largo plazo", en un escenario "potenciado por la corrupción" y que ayuda al concepto de que "las vidas son cuerpos sacrificables".

Algunos analistas políticos estarían de acuerdo con esta visión que establece lazos de continuidad de los demonizados años noventa con este 2012.

Basta recorrer las páginas de los diarios de estos días para recordar que, por ejemplo, algunos personajes rutilantes del menemismo en el sector ferroviario sobreviven y fueron captados para sumarse al dispositivo de poder kirchnerista, desde empresarios como los hermanos Cirigliano hasta un sindicalista como José Pedraza o incluso Raúl Baridó, el flamante interventor en TBA.

"Más allá de que en ciertos ámbitos el Estado asumió una función más reguladora -concluyó SVAMPA-, no hay voluntad política de repensar estratégicamente un Estado posneoliberal."

Esta licenciada en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehess) de París, actualmente es investigadora del Conicet (Centro Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), y desde 2010, profesora titular de la Universidad Nacional de La Plata.

Ha escrito libros como Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras, La Plaza Vacía. Las transformaciones del peronismo, y El dilema argentino: civilización o barbarie, entre otros, además de una novela, Los reinos perdidos (en 2005), rubro en el que se apresta a reincidir con su nueva obra, Donde están enterrados nuestros muertos, que se editará el mes próximo y en la que, a partir de una historia ambientada en la Patagonia, unifica la literatura con su experiencia como investigadora social.

-Una de las tantas lecturas que surge de la tragedia de Once es la que pone en duda que el kirchnerismo haya revitalizado en serio el Estado.

Hay quienes creen que la precariedad estatal es una de las explicaciones que hicieron altamente posible este accidente.

-La dinámica de la precariedad, en varios aspectos, se ha profundizado también en los años del kirchnerismo. La precariedad como forma social instalada a partir de los años noventa, muy asociada al neoliberalismo, a lo que son los aumentos de los riesgos laborales, las grandes ganancias empresariales, el deterioro de las condiciones de vida, de trabajo, todo esto se instaló y, de alguna manera, se naturalizó en aquella época. En el kirchnerismo también existen elementos de esa precariedad que no han sido desarticulados sino, más bien, acentuados.

Más allá de que en ciertos ámbitos el Estado asumió una función más reguladora, no hay voluntad política de repensar estratégicamente un Estado posneoliberal.

Y hay aspectos de la precariedad que han sido potenciados por la corrupción y que hacen que se manifieste en hechos criminales. Cromañón fue uno de esos hechos, pero en los últimos años lo hemos visto claramente en relación a los servicios públicos, como el caso del transporte ferroviario.

Y ahí lo preocupante es que, más allá de las preocupaciones del kirchnerismo por fortalecer el Estado, vemos la consolidación de una matriz criminal en la cual corrupción y precariedad van juntas.

Lo que hoy ha sucedido desnuda al Gobierno: muestra la continuidad de una asociación con sectores privados y sectores del sindicalismo empresarial que explican una trama tan oscura como la de este accidente que no es tal, porque podría haber sido evitado, y que se convierte en una suerte de crimen social anunciado, una frase que no es mía sino de un texto de Plataforma 2012 que estamos elaborando.

-Aun así, ¿no le parece demasiado hablar de "una matriz criminal"?

-La precariedad es algo extendido en el mundo contemporáneo.

Se habla de vidas precarias marcadas por la incertidumbre y el riesgo.

Es uno de los temas propios de la sociología y la filosofía. Lo que pasa es que acá tenemos una precariedad potenciada por la corrupción y es allí cuando aparece la configuración de una matriz criminal que se expresa en estos hechos, en los cuales coinciden políticas de subsidios, tercerización, falta de controles del Estado, falta de soluciones a mediano y a largo plazo. Incluso iría más lejos: este escenario, en donde la precariedad aparece potenciada por la corrupción, va conformando el concepto de las vidas como cuerpos sacrificables.

Reflexioné lo mismo con respecto a Cromañón, que afectó a los jóvenes sin un lugar en la sociedad.

Y en lo que sucedió en Once son las clases trabajadoras que no tienen otra posibilidad que la de tomar ese tren en mal estado, arriesgando la vida.

No me parece exagerado hablar de un hecho criminal: las vidas aparecen como sacrificables en aras de obtener una mayor ganancia.

Y los territorios aparecen sacrificables también en aras de que el capital obtenga una ganancia mayor en la extracción de los recursos naturales, como en los proyectos de megaminería.

-El Estado se ha revalorizado aquí de la misma forma en que está sucediendo en todo el mundo, crisis financiera mediante. Quizá el problema es qué tipo de Estado tenemos, por qué está teñido por el corto plazo. No es casual que no haya inversiones en el sector ferroviario, pero tampoco en el área energética y otros sectores decisivos.

-Si uno analiza el kirchnerismo en sus ocho años de gobierno, hay continuidades y rupturas con lo sucedido en los noventa.

Hubo una revalorización del Estado, no podría negarse. De hecho, por ejemplo, uno señala la persistencia de la precariedad como matriz de las relaciones laborales, pero no puede dejar de lado el hecho de que este gobierno ha revalorizado las convenciones colectivas como instituto laboral.

Pero hay otros elementos estructurales del modelo de los 90 que se han continuado y profundizado. Hay, por lo menos, dos tendencias que marcan esa continuidad estructural: por un lado, la persistencia de la precariedad como forma social, que se expresa a través de estos hechos criminales y que dan cuenta de esta asociación del Estado con las corporaciones y los sectores privados.

Y, por otro lado, está toda la dinámica ligada a la expropiación de territorios, de bienes comunes, de los cuales la megaminería a cielo abierto, la expansión de las fronteras sojeras y el acaparamiento de tierras forman también parte de una misma matriz. Y esos son elementos nodales del kirchnerismo.

No hay que ver al kirchnerismo con un solo ojo, pero tampoco podemos hacer el mero elogio de aquello que ha sido positivo en su gestión y deslindar responsabilidades sobre aquellos elementos estructurales en los cuales el kirchnerismo tiene responsabilidades claras. Esas continuidades no son asignaturas pendientes.

No están en la agenda del Gobierno. Son elementos nodales de la propia política kirchnerista.

-Si el relato oficial parece resquebrajarse luego de la tragedia de Once, ¿qué otros aspectos podrían entrar en crisis similares?

-Ha habido golpes fuertes en lo que va de este año.

Es curioso cuando uno piensa que este gobierno fue avalado por el 54% de los votos y se ha empezado a resquebrajar y mostrar estos aspectos que parecían ocultos. Un elemento fundamental es recordar que durante el último año y medio murieron 15 personas en situaciones de represión.

Muchas de ellas habían tenido que ver con la precariedad laboral, como el caso del ferroviario Mariano Ferreyra, y muchas otras con la política de acaparamiento de tierras, los problemas cada vez más estructurales de acceso a la tierra y la vivienda. Existe un desfase entre un discurso que pone el acento en la defensa de los derechos humanos y una política no represiva y, por otro lado, un escenario en el cual la represión se va endureciendo y de la cual no podemos responsabilizar solamente a los gobiernos provinciales.

Hay una estructura de alianzas entre estos gobiernos provinciales y el gobierno nacional. Luego, la sanción de la ley antiterrorista produjo más conmoción, aun dentro de sectores del oficialismo que no la aprobaron.

Y en enero de este año, la cuestión de la megaminería, convertida en una causa nacional, un tema que desnudó aristas claves del modelo en el cual el Gobierno no tiene un relato progresista ni un discurso nacional y popular.

Con respecto a la megaminería, por ejemplo, han tratado de reducir la discusión a si la mina Bajo La Alumbrera contamina o no, si usa cianuro o no, cuando en realidad se trata de un debate que tiene aristas no sólo técnicas y económicas, sino sociales y, sobre todo, políticas.

Tiene que ver con el modelo de democracia y de desarrollo que se está pensando para la sociedad argentina. Y que puso en evidencia esta faz oscura del modelo porque, desde el discurso nacional y popular, resulta impensable justificar la alianza con las corporaciones trasnacionales.

-Quizá sea difícil cuestionar el componente "nacional y popular" del Gobierno cuando la Presidenta fue votada por el 54 por ciento de la sociedad. Este enorme poder que tiene se lo dio la mayoría hace pocos meses. Y parece difícil hoy, sobre todo por los problemas que hay en las filas opositoras, que no prosperen los intentos de impulsar la reelección.

- Legitimidad electoral no es lo mismo que licencia social. E

so no le da carta blanca para hacer lo que quiere. Hay otros poderes y, además, hay una sociedad movilizada que busca apoderamiento, y que, además, exige abrir otros mecanismos de participación democrática, algo que no se ha dado en la Argentina.

En Bolivia, Ecuador o aun Venezuela, con todo lo controvertidos que puedan ser algunos casos, las reformas constitucionales se encaminaron hacia la democratización de la sociedad y a la incorporación de nuevos mecanismos de participación.

En la Argentina todo se inserta en el legado peronista, que tiene que ver con la concentración del poder, con el verticalismo.

Cuando se habla de reforma de la Constitución, acá no se está pensando en mecanismos de democratización sino sólo en la reelección del líder.

Pero con este tema de la reelección están tocando un límite.

Aun un poder legitimado con el 54% de los votos tiene límites. Más allá que desde el propio kirchnerismo esto sea tomado como una licencia social, los límites los pone la sociedad. Y en el caso de la reelección, el kirchnerismo está jugando con los límites de la sociedad.

-Usted integra Plataforma 2012, junto con muchos intelectuales de izquierda que se oponen al Gobierno. ¿Es realmente la contracara de Carta Abierta?

-No lo caracterizamos así. No es nuestra intención entablar un debate entre intelectuales: sería muy aburrido y endogámico; y, en todo caso, es algo que se viene dando también.

Plataforma surge con la idea de articular esas voces que estaban dispersas, que a lo largo de todos estos años han señalado críticas fuertes al Gobierno y que han sido silenciadas o tuvieron muy poco espacio dentro de esta matriz para la que todo es "pro-K" o "anti-K", instalada desde los medios. No hay que caer en esa trampa de que todo aquel que le hace críticas al Gobierno le hace el juego a la derecha.

El intelectual debe definirse lejos del poder político, económico, mediático.

Tiene que molestar. Y hay intelectuales que apoyan a este gobierno y que están lejos de molestar al poder y que, sobre todo, siguen la agenda que diseña el Gobierno.

Ese es un problema. Una de las funciones del intelectual crítico y propositivo es la de instalar una agenda. De todas formas, dentro del aparato cultural kirchnerista, es desde el lado del periodismo donde hay mucho más alineamiento y dificultad para leer las críticas desde la tolerancia.

Ciertos programas televisivos del oficialismo o ciertas plumas le están haciendo mucho daño al kirchnerismo porque desarrollan una política de linchamiento al que piensa diferente.

-Después no se queje si a usted la acusan de destituyente... (risas).

-La poderosa maquinaria cultural del Gobierno hizo que muchos sectores fueran descalificados. A los sectores oficialistas les irrita mucho, por ejemplo, que uno diga que al kirchnerismo hay que juzgarlo como todo un proceso, con sus continuidades y con sus rupturas. El kirchnerismo no es sólo progresismo.

Es una estructura de alianzas con los poderes provinciales conservadores, autoritarios, con lo peor del sindicalismo, con los barones del conurbano bonaerense.

Sin embargo, hay sectores del kirchnerismo que buscan reducir al kirchnerismo a una sola imagen, que es la de Néstor Kirchner ordenándole al jefe del Ejército bajar el cuadro de Videla. Eso es lo que alienta el discurso épico del Gobierno.

Pero, ¿qué hay de la foto de Cristina Kirchner con la Barrick Gold?

¿O con la foto de Cristina, en Ledesma, con los Blaquier? ¿O con un sindicalista como Pedraza?

¿Esas no son también fotos que ilustran lo que es el kirchnerismo en el poder?

En el caso de que uno quiera sintetizar al kirchnerismo, no puede hacerlo con una sola foto. Hay que ver todo el proceso, o el conjunto de procesos, y allí tenemos muchas fotos que hablan también de los elementos nodales que son sumamente cuestionables en el kirchnerismo.

MANO A MANO

Estuvo todo el año 2009 sin hablar con los medios, en disconformidad con esa dicotomía "kirchnerismo-antikirchnerismo" que inmediatamente la ubicaba en una trinchera. Y, por lo visto, cuando decidió romper el silencio, lo hizo de una manera ruidosa. Pero con argumentaciones.

Se podrá estar de acuerdo, o no, con la visión de MARISTELLA SVAMPA, pero no hay que dudar de su honestidad intelectual y de su coherencia.

Nunca fue kirchnerista, y se nota. Pero no hay en esta socióloga, a la que se le nota la veta docente, ningún rastro de fanatismo. SVAMPA pone el dedo en la llaga del supuesto progresismo del modelo K y causa estragos.

Habla de cómo el kirchnerismo gobierna como el más clásico de los peronismos, aliado a los poderes políticos y económicos tradicionales, y, sobre todo, pone la lupa en los efectos de algunas políticas en la gente.

Me sacudió esa idea de los "cuerpos sacrificables" que deriva de una trama que suma precariedad y corrupción. Y me atrajo esa condición de intelectual que sale de los límites de su computadora para mezclarse con la realidad, con la vida cotidiana, las personas comunes.

Muchas de sus reflexiones me parecieron provocadoras, incitadoras de debates, detonadoras de cuestionamientos internos.

Es como ella dice: el intelectual debe molestar. Y entiendo que alguien como SVAMPA lleve esa condición con orgullo. Mucho más entiendo que para el mundo K, encerrado en su poder autista y confortable, esa molestia sea una pesadilla...

enviado E.ABELEIRA - postaporteña nº 722 - 2012-03-06 18:17:32
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Comunicado de prensa de Organizaciones de Sociedad Civil

 

ANTE EL PROCESO DE DESIGNACIÓN DE CANDIDATURAS A LA CONSEJO DIRECTIVO DE LA INSTITUCIÓN NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS Y DEFENSORÍA DEL PUEBLO

Los colectivos firmantes agradecen su difusión

 

Las organizaciones y redes sociales vinculadas a la promoción, educación, defensa y protección de los derechos humanos queremos manifestar:

1) Exigimos que el proceso de análisis de postulaciones y selección de candidatos y candidatas a integrar  la nómina a ser considerada por la Asamblea General, esté pautado por la transparencia, la publicidad y la más amplia participación de las organizaciones de la sociedad civil y de la ciudadanía en general.

2) En ese sentido, enfatizamos  se de cumplimiento a los principios del derecho a la información y a la participación de los ciudadanos y ciudadanas lo cual implica:

 publicar oportunamente la lista de todos y todas los/as postulantes así como las organizaciones sociales que presentan las candidaturas; dar la máxima publicidad y con la debida antelación a los criterios que utilice la Comisión Especial para analizar y calificar los méritos de los/as postulantes  a los efectos de seleccionar la lista de candidatos/as que reúnen las condiciones para pasar a la etapa de entrevista; publicar oportunamente los currículums de las personas preseleccionadas y abrir un espacio de consulta pública para que la ciudadanía pueda opinar e informar sobre cada uno/a de los/as candidatos/as preseleccionados/as.

3) Enfatizamos que durante el proceso de análisis de candidaturas es un elemento central considerar los siguientes aspectos  de los/as candidatos/as: identificación con la filosofía, los valores y las normas del Derecho Internacional de los derechos humanos;  trayectoria probada en el campo de los derechos humanos; probado conocimiento en las distintas áreas de los derechos humanos; independencia de actuación frente a los partidos políticos, autoridades  gubernamentales y el Estado. Apertura, antecedentes de trabajo y articulación con las organizaciones sociales.

4) Luego de tantos años de lucha para que el Estado reconociera las violaciones y omisiones hacia los derechos humanos y las dilaciones para dar cumplimiento a sus obligaciones de repararlas, así como la carencia de políticas públicas en la materia, la Institución Nacional de Derechos Humanos tiene un alto valor simbólico y debe estar al margen de cualquier criterio de cuotificación política. Sería lamentable que la Institución que debe vigilar el cumplimiento de los derechos, naciera viciada de ilegitimidad.

5) Consideramos que la elección de la Consejo Directivo debe estar acompañada de una implementación adecuada en los niveles técnicos y presupuestales para que la Institución Nacional de Derechos Humanos pueda cumplir sus fines de manera eficaz.

Por todo lo expuesto, las organizaciones firmantes además de presentar los y las candidatos/as que reúnan el perfil adecuado, desarrollaremos un seguimiento y monitoreo  tanto del proceso de selección de la Comisión Directiva como de la implementación de la Institución Nacional y su actuación.

Madres y Familiares-Hijos-CRYSOL- SERPAJ -PIT CNT-Movimiento de Educadores por la Paz -F. Mario Benedetti – IELSUR- Amigas/os del MUME-Cté de los Derechos de Niño- Observa  Políticas Públicas  Mercosur-SEDHU- Cladem-Cotidiano Mujer-Cole Ovejas Negras- CAinfo - APU-Coali Comunicación Democrática-Mesa Perente contra la Impunidad-C Bertolt Brecht

- postaporteña nº 722 - 2012-03-06 18:07:38
postaporteñ@_______________________________

DECLARACIÓN DEL PLENARIO DE SALTO PIT-CNT FRENTE AL PROBLEMA DE LA TIERRA Y LA VIVIENDA

 

VISTO:

 la justa lucha enmarcada en la máxima histórica de ”TIERRA PAL QUE LA TRABAJA”, que desde hace más de 50 años vienen llevando adelante los peludos cañeros de UTAA, lucha que desde un tiempo a esta parte se ha visto fortalecida por el respaldo y el apoyo del movimiento social en general y profundizada en función de la despiadada extranjerización de la tierra que ha tenido, desde la asunción del Frente Amplio al gobierno en 2005, su máxima expresión, particularmente en la época en que el actual presidente fue ministro de Ganadería Agricultura y Pesca, tendencia que se ha mantenido lamentablemente y que implica que 4 millones de hectáreas estén en manos de extranjeros, lo que supone un 25% del total de las tierras productivas del Uruguay, hecho que supone un claro atentado contra nuestra soberanía. Asimismo, el Programa de vivienda sindical, que ha planteado una alternativa absolutamente viable para los trabajadores de bajos ingresos y que hoy se ve desdibujada por el incierto accionar del Gobierno, el cual cuenta con un caudal económico de carácter histórico, que no está siendo distribuido.

 En tal sentido entendemos que los trabajadores debemos dar nuestra visión y profundizar la lucha en el horizonte de lo que es un necesidad esencial como la vivienda.

ATENTO:

a que la tierra para trabajar y la vivienda para vivir son dos luchas que están intrínsecamente unidas y suponen ambas, aspiraciones históricas del movimiento sindical y social.

CONSIDERANDO:

que la unificación de los conflictos en el marco de una lucha común, es fundamental para el desarrollo de la profundización en la estrategia hacia una sociedad sin explotados ni explotadores.

 DECLARAMOS:

1) Nuestro profundo rechazo a cualquier política de extranjerización de la tierra, así como también a todos los beneficios que facilitan la inversión extranjera en directo perjuicio del trabajador..

2) Reclamamos al gobierno nacional que se otorguen tierras a los cañeros de UTAA,

3) Exigimos asimismo que el Gobierno cumpla el compromiso asumido con los trabajadores de otorgar préstamos para 6000 viviendas antes de finalizar el quinquenio.

4) Solidaridad con todos los sindicatos en conflicto, y solución urgente para los trabajadores de PAYLANA, SANDUPAY y METZEN Y SENA.

 5) Planteamos la necesidad, que el movimiento sindical en su conjunto asuma como reivindicación histórica y postergada, promover que desde el sistema político se desarrollen políticas de Estado para resolver la problemática del sector rural: a modo de ejemplo la grave situación del sector citrícola y el arándano.

 

 6) Convocamos a todo el movimiento sindical, a aunar esfuerzos para una gran movilización de carácter general, que tenga como principales componentes la tierra y la vivienda, convencidos que es una ineludible manifestación de compromiso de nuestra clase.

 

SALTO- PIT-CNT - postaporteña nº 721 - 2012-03-05 19:43:25
postaporteñ@_______________________________

CREAR COMMONWEALTH Y AGRIETAR EL CAPITALISMO

 

“Posta Porteña" 


Dejensé de hinchar las bolas con ese ultrismo setentista, y traten de evolucionar hacia la construcción de una sociedad diferente; es decir buscar e identificar "el sujeto revolucionario" y analizar las posibilidades del socialismo (con toda la vaguedad e imprecisión que ello implica")
Les adjunto un material muy preliminar para ayudarlos a salir de vuestro oscurantismo medieval Hay más y mejor
Piensen que ese proceso de la "res cogitans" cartesiana no trasmite ni tétano ni sida
Disculpen el sarcasmo

Aragon Tercero

(Sydney-Australia)

y si piensan que esto es un paraíso están muy errados (otra vez)

 

CREAR COMMONWEALTH Y AGRIETAR EL CAPITALISMO

Lecturas cruzadas por "Michael Hardt y John Holloway"

n. 290 El Viejo Topo  Marzo de 2012

En 2011 se publicó la traducción española de dos de los libros más esperados en el campo de las ciencias sociales:

 Commonwealth, de Toni Negri y Michael Hardt, y Agrietar el capitalismo, de John Holloway.

Hardt y Holloway reflexionaron – ¿polemizaron?– sobre sus proximidades y sus discrepancias en una correspondencia que reproducimos aquí.

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Julio 2010

Estimado John: 

Una de las cosas que me encanta de Agrietar el capitalismo, y que comparte con Cambiar el mundo sin tomar el poder, es que a lo largo del texto se establece la genealogía de la revuelta.

En otras palabras, empiezas con la indignación, la rabia y la cólera que siente la gente, pero no te detienes ahí, sino que tu reflexión lleva la revuelta hacia la práctica creativa y la investigación teórica.

Por un lado, aunque el rechazo es fundamental –quizás incluso primario– en tu reflexión, en especial la ruptura con las formas sociales capitalistas o el éxodo de esas formas, toda fuerza destructiva tiene que estar acompañada por una fuerza creativa, todo esfuerzo para echar por tierra el mundo que nos rodea tiene que tener también como propósito la creación de un mundo nuevo. Y lo que es más, esos dos procesos –el destructivo y el constructivo– no son separables, sino que están completamente acoplados o trenzados. Por eso, como afirmas,

no tiene sentido posponer la creación de una nueva sociedad hasta después del derrumbe o la demolición total de la sociedad capitalista. Por el contrario, debemos luchar desde ya por crear una nueva sociedad en el cascarón de la otra, o mejor, en sus grietas, en sus intersticios

Por otro lado, demuestras que la revuelta debe conducir no solo a la innovación práctica, sino también a la teórica. Aun que tu libro arranca con una exposición afectiva y con ejemplos de resistencia práctica, su reflexión central comprende una investigación conceptual, cuyo elemento más importante me parece ser el del papel y el potencial de nuestras capacidades productivas en la sociedad capitalista.

No es mi propósito establecer una separación entre práctica y teoría. De hecho, la tesis de tu libro tiene como base el hecho de que ambas están acopladas o trenzadas.

 Para cambiar el mundo no solo tenemos que actuar de otra manera, sino que también debemos pensar de otra manera, lo que nos exige reelaborar los conceptos y, en ocasiones, inventar conceptos nuevos.

La tesis central del libro, que establece una distinción entre hacer y trabajar e identifica la abstracción como una fortaleza fundamental de la dominación capitalista, me parece profundamente marxista.

Esa afirmación puede parecer paradójica, porque contrastas cuidadosamente tus ideas con las de las tradiciones marxistas ortodoxas, y sitúas tu proposición en relación con los escritos de Marx, elucidando en ocasiones lo que dicen realmente y demostrando que contradicen la tradición del marxismo ortodoxo, y en ocasiones trascendiendo a Marx.

Aunque es cierto que tu tesis se opone a la tradición del marxismo ortodoxo, leer a Marx para enfrentarlo al marxismo de la manera en que lo haces y trascender a Marx te coloca sólidamente en sintonía (o, quizás mejor, en diálogo) con una fuerte corriente de lo que en otros tiempos se llamara tradiciones marxistas heterodoxas, activas desde la década de 1960.

Ello es claramente evidente, por ejemplo, en la afirmación, central para la tesis de tu libro, de que el curso de nuestro proyecto para la libertad no reside en liberar el trabajo, como proponen las ortodoxias marxistas y la ideología soviética, sino en liberarnos del trabajo.

Considero que esa es una consigna o principio esencial de esta tradición heterodoxa.

Algo que se me ocurre es que mientras en la década de 1970 el marxismo ortodoxo era hegemónico, aupado como estaba por los ideólogos de varios partidos comunistas oficiales, hoy esa línea de interpretación está desacreditada casi por completo. Por el contrario, opino que la teoría marxista se caracteriza hoy en día fundamentalmente por lo que era la línea heterodoxa, que contribuiste a desarrollar con tus colegas de la Conferencia de Economistas Socialistas, en colaboración con tendencias similares presentes en Italia, Alemania y Francia.

 Es bueno que así sea, y hace que la teoría marxista sea hoy más interesante y relevante.

No pretendo con lo anterior atarte de nuevo al carro del marxismo. Como a ti, me preocupa muy poco que mi trabajo se considere o no marxista. A menudo me ocurre que los marxistas me acusan de no ser lo bastante marxista y los no marxistas me achacan que soy demasiado marxista. Para mí, todo eso carece de importancia.

Lo que sí es importante es lo útil que me resulta estudiar la obra de Marx, y al leer tu libro me doy cuenta de cuán útil es también para ti.

Una profunda e interesante resonancia que la tesis de tu libro comparte con los escritos de Marx reside en la identificación del trabajo (o la capacidad productiva humana) como el asiento de nuestra explotación y de nuestro poder.

 Apuntas a esa dualidad al distinguir entre el trabajo (que identificas como la producción en el seno de un régimen de abstracción capitalista) y el hacer (que me parece muy parecido al concepto marxiano de “trabajo vivo”). Por un lado, el capital necesita de nuestras capacidades productivas, y no puede existir ni reproducirse sin ellas.

En otras palabras, el capital no se limita a oprimirnos y dominarnos, sino que nos explota, lo que significa que debe tratar constantemente de domesticar y gobernar nuestras fuerzas productivas en los limitados confines de su sistema social.

 Según tu libro, ello se consigue fundamentalmente mediante procesos de abstracción.

Por otro lado, nuestras capacidades productivas siempre exceden al capital y son potencialmente autónomas de él.

 Esa asimetría es crucial: mientras que el capital no puede sobrevivir sin nuestro trabajo, nuestras capacidades productivas pueden potencialmente existir y prosperar sin una organización capitalista. De hecho, como demuestras, existen siempre innumerables

ejemplos de nuestra autonomía productiva en las grietas o los intersticios de la sociedad capitalista. Ellos son extremadamente importantes, pero no suficientes.

Tu proyecto consiste en crear redes sociales alternativas de cooperación productiva autónoma que puedan, como ya dije, construir una sociedad de libertad desde dentro de la sociedad capitalista.

De ahí que al leer Agrietar el capitalismo me diera la impresión de que mientras que en Cambiar el mundo… adoptabas y ampliabas el proyecto de abolición del estado, incluso en el seno de nuestras mentes y nuestras prácticas, la clave de este libro es el proyecto de rechazo al trabajo, siempre en el entendido de que toda rebelión contra el régimen de trabajo capitalista es también, necesariamente, un desarrollo de nuestras capacidades autónomas de hacer; que la destrucción de la sociedad del trabajo va de la mano con la creación de una nueva sociedad que tiene como base un concepto alternativo de producción y productividad.

Eso me lleva a una primera pregunta. Sabemos que el régimen de trabajo capitalista cuenta con sistemas de organización y cooperación sociales extraordinariamente desarrollados, que funcionan mediante la disciplina y el control.

 Los analizas fundamentalmente a través del prisma de la abstracción.

Los movimientos obreros del sistema, principalmente los sindicatos industriales, también han desarrollado formas de organización y disciplina que constituyen una suerte de contrapoder, pero, según tu análisis, estas también, como el régimen capitalista, se dedican a la organización del trabajo abstracto.

Creo entender esta crítica y concuerdo con ella en buena medida, con la salvedad, como dices citando el excelente libro de Karl Heinz Roth publicado en la década de 1970, de que siempre ha existido también un movimiento obrero “otro”.

Mi pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cómo pueden organizarse y sostenerse como formas sociales alternativas nuestras prácticas productivas, nuestros haceres?

Creo que estarás de acuerdo en que los esquemas de cooperación y coordinación entre nuestras prácticas de hacer no son espontáneos, sino que necesitan organizarse. Añadiría que debemos crear instituciones de cooperación social, y es posible que estés de acuerdo con ello si explico que por institución, en este caso, no me refiero a una estructura burocrática, sino que empleo el término, como lo hacen los antropólogos, para aludir a una práctica social repetida, a un hábito, que estructura las relaciones sociales.

¿Con qué instituciones contamos ya para desempeñar este papel, y qué otras instituciones podemos desarrollar?

Y más específicamente, ¿qué relación guarda lo anterior con las tradiciones sindicales? El asunto, por supuesto, no consiste en rechazar de plano las organizaciones tradicionales de los movimientos obreros, sino en ampliarlas y transformarlas en ciertos sentidos.

En este punto me gustaría explorar las innovaciones de la contemporánea organización de los trabajadores que apuntan en el mismo sentido que tu reflexión.

¿Podemos imaginar, en vez de un movimiento obrero tradicional, una asociación o agrupación de personas dedicadas al hacer, o, mejor aún, una institución social del hacer? ¿Cuáles serían sus mecanismos de cooperación social y sus estructuras organizativas?

No estoy seguro de que tengas respuesta para estas preguntas, y yo mismo tampoco las tengo, pero creo que tienes ideas acerca de la manera en que podemos desarrollar las estructuras e instituciones de una sociedad del hacer, y es hacia eso que quisiera dirigir en primer lugar nuestro intercambio.

Saludos,

Michael

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dic. 10

Estimado Michael:

Muchas gracias por tus comentarios y por su tono, que me parece muy adecuado: un fuerte sentimiento de preocupaciones y rumbo compartidos, y un deseo de avanzar mediante la exploración de nuestras diferencias.

 Eso es un fiel reflejo de lo que experimenté al leer Commonwealth: una sensación de que tus preocupaciones y las mías se tocaban íntimamente, de que caminábamos tomados del brazo, a veces demasiado cerca, a veces halando en direcciones opuestas, lo que daba lugar a una serie de tropezones plenos de admiración, entusiasmo y exasperación.

La pregunta que planteas al final de tu carta es muy apropiada, porque concierne directamente a una de las preocupaciones principales que me asaltaron al leer Commonwealth: se trata del tema de las instituciones, en el que tú y Toni insisten tanto, y que desarrollas sobre todo en la última parte del libro.

Creo que nuestra preocupación es la misma, pero que la respuesta que le damos al problema es bastante diferente.

Nuestra preocupación compartida es la siguiente: ¿qué hacer después de las explosiones de rabia, lasjacqueries, como las llamas?

 El argentinazo de hace casi diez años, cuando la gente derribó en las calles de Argentina a un presidente tras otro al grito de “que se vayan todos”; el movimiento de la alterglobalización y las grandes protestas anticumbres de Seattle, Cancún, Génova, Gleneagles, Rostock, etc.; las explosiones de indignación ocurridas en el último año en Grecia, Francia, Italia, Gran Bretaña, Irlanda, y las que tienen lugar ahora mismo en Túnez, Egipto, Argelia. Grandioso.

 Aplaudimos, brincamos de entusiasmo. ¿Y después qué? ¿Cómo seguimos adelante? Ambos estamos de acuerdo en que no basta con la rabia, sino que debe haber un momento positivo. Ambos estamos de acuerdo en que la respuesta no es construir el partido y ganar las próximas elecciones, o hacerse con el control del estado. Pero, ¿qué hacer entonces? La respuesta que ofreces es “institucionalizarse.

Crear instituciones que les den permanencia a los logros alcanzados en el ápice de la revuelta”. Y yo me siento obligado a decir: “no, no, no, eso no es lo que hay que hacer, esa propuesta es peligrosa”.

No quiero, de ningún modo, caricaturizar lo que dices, porque en tus afirmaciones se advierte una gran dosis de ponderación y sutileza.

 En tu carta me dices lo siguiente:

“Añadiría que debemos crear instituciones de cooperación social, y es posible que estés de acuerdo con ello si explico que por institución, en este caso, no me refiero a una estructura burocrática, sino que empleo el término, como lo hacen los antropólogos, para aludir a una práctica social repetida, a un hábito, que estructura las relaciones sociales.”

 Pero no, no estoy de acuerdo, incluso tomando en cuenta tu definición amplia de las instituciones.

¿Por qué no estoy de acuerdo? En primer lugar, porque aunque abogas por una comprensión amplia de la institucionalización,

abres una puerta que desdibuja la distinción entre los dos significados. La práctica social repetida se convierte fácilmente en una estructura burocrática, y a menos que establezcas una distinción muy clara entre ambas cosas (por ejemplo, empleando palabras diferentes), corres el riesgo de legitimar esa conversión. En el libro, la distinción es clara en ocasiones, pero a veces parece evaporarse, como en la pasmosa y desconcertante sugerencia que aparece en la página 380 de que las agencias de la ONU podrían proporcionar un ingreso global garantizado (¡no quiero ni pensarlo!). La institucionalización conduce fácilmente a una política centrada en el estado.

 ¿De qué otra manera imaginas que podría lograrse una garantía así de la ONU?

En segundo lugar, estoy en desacuerdo porque la institucionalización siempre implica proyectar el presente sobre el futuro.

Incluso en el sentido flexible de práctica social repetida, da lugar a la expectativa de que los jóvenes deben comportarse como lo hicieron sus padres (o sus hermanos mayores). Y lo cierto es que no es así.

 “Esa no es la manera de hacerlo; esto es lo que deben hacer”, les dijeron los veteranos de 1968 a los estudiantes que participaban en la gran huelga de la UNAM del año 2000, pero afortunadamente (o no) los estudiantes no les prestaron la menor atención.

La institucionalización es siempre una consagración de la tradición, ¿no es cierto?

¿Y qué fue lo que Toni escribió hace años acerca de que la tradición era enemiga de la lucha de clases?

No recuerdo exactamente qué era o dónde lo escribió, pero sí me acuerdo de que me pareció maravilloso.

En tercer lugar, la institucionalización no funciona, o al menos no de la manera que se pretende. Hay un fluir de la lucha, un flujo social de la rebelión (como lo llama mi amigo Sergio Tischler) que no se puede controlar y que arrolla una y otra vez a las instituciones destinadas a canalizarlo en una determinada dirección.

 Siento que les das demasiado peso a las instituciones en tu comprensión de la sociedad.

¿Puede acaso institucionalizarse el amor?

Estoy por completo de acuerdo con tu osado juicio sobre la fuerza revolucionaria del amor, pero entonces debes preguntarte si se puede institucionalizar el amor. La respuesta, sin duda, es que no. Incluso si aclaramos que no estamos hablando de un contrato matrimonial, sino simplemente de “una práctica social repetida, un hábito”, la experiencia de todos, muy probablemente, es la de que el amor choca constantemente con el hábito. El amor puede sobrevivir en un contexto de práctica social repetida, pero solo si se mueve constantemente en él, contra él y más allá de él.

Piensa en el Foro Social Mundial, la institución fundamental nacida del movimiento alterglobalizador. No estoy especialmente opuesto a él, y creo que constituye un lugar de encuentro útil y agradable, pero a contrapelo de las intenciones de la mayoría de los participantes, tiende a promover una burocratización del movimiento y, sin duda, no es la clave de la revolución.

La institucionalización (en su sentido amplio o en el más restringido) significa un intento de que la vida transcurra por una línea de ferrocarril o una carretera, mientras que la rebelión es el intento constante por romper con ello, por inventar nuevas maneras de hacer las cosas. La propuesta de crear instituciones, tal como la veo, implica la afirmación de que los viejos caminos hacia la revolución ya no funcionan y que debemos crear caminos nuevos para que los recorran quienes nos siguen. Pero no es así: la revolución es siempre un proceso que implica construir caminos propios. La idea de que “se hace camino al andar” forma parte integral del proceso revolucionario.

A mi juicio, la concepción misma de la institucionalización es un aspecto de la organización de la actividad humana como trabajo abstracto, que es justamente lo que combatimos.

“Demasiado fácil”, dirás, y por supuesto que tienes razón.

¿Acaso no tiene que haber alguna forma de organización social? Sin duda, pero nuestras formas de organización, las formas de organización que apuntan hacia una sociedad diferente, no pueden concebirse como algo inmutable.

Tenemos ideas, principios, experiencias y rumbos más o menos comunes con los movimientos opuestos al capitalismo, pero dado que nuestras prácticas e ideas, y nosotros mismos, estamos tan marcados por la sociedad contra la cual luchamos, las formas organizativas solo pueden ser experimentales, un proceso de avance mediante la prueba y el error, y la reflexión.

¿Y no tienen que juntarse todas las grietas? Sí, y creo que ese es un tema insuficientemente explorado en mi libro. Me gustaría desarrollar más, en algún momento, la cuestión de la confluencia de las grietas, tanto en términos de las grandes llamaradas que constituyen una inspiración como de la organización práctica de la cooperación. Pero aclaro dos cosas.

 Siento que el pensamiento institucional es probablemente un obstáculo a la hora de entender la práctica y la potencialidad de esa confluencia. Y en segundo lugar, resulta importante pensar en la confluencia como un avance desde lo particular, que es siempre experimental, y no como en un bosquejo del futuro que parte de la totalidad, como creo que es la tendencia en tu libro. Estamos en las grietas y empujamos desde allí.

Nuestro problema consiste en romper y avanzar más allá, no en erigir un sistema de gobernanza alternativo. Podemos tratar de seguir las prácticas de los movimientos existentes, criticarlas y ver cómo se logra o no la confluencia, pero no podemos establecer un modelo para el futuro.

En mi libro digo que la dignidad es una danza para pies ligeros.

Pero la duda que me surge es que quizás no tenemos tanta agilidad. Quizás solo somos capaces de movernos más lentamente.

Tal vez necesitamos instituciones a modo de muletas, para consolidar cada paso que damos. Resulta concebible, pero incluso si es así, aprender a caminar implica abandonar las muletas. Nos traicionamos a nosotros mismos si no unimos la subversión a la institucionalización. Si es que debemos institucionalizar, entonces debemos subvertir a la vez nuestras propias instituciones. Esta es una cuestión similar a la de la identidad.

En Cambiar el mundo acepto que quizás, en algunos casos, puede ser importante afirmar nuestra identidad, pero solo si la subvertimos o la trascendemos a la vez, y lo que tú y Toni afirman en su análisis de la identidad es similar. Institucionalizar-y-subvertir, por tanto, es una formulación que me resultaría más atractiva, pero que tampoco llega a gustarme.

Puede que la institucionalización resulte inevitable a veces, pero en la tensión entre institucionalización y subversión, ya hemos tomado partido. Pensar es subvertir. Pensar es trascender, como afirma Ernst Bloch, a quien citas varias veces en tu libro, pero a quien Toni, en otros escritos, inolvidable, imperdonablemente, califica de filósofo burgués.

Publicar, claro, es una forma de institucionalización en la que participo activamente. Al publicar mis análisis, les confiero inmutabilidad.

Pero quizás este intercambio epistolar sea un intento de ambos de subvertir esa institucionalidad: su propósito no consiste en defender posiciones ya adoptadas, sino en provocarnos mutuamente a trascender lo que ya hemos escrito.

Y ahora un tema inevitable si hablamos de instituciones:

¿qué decir del título de tu último capítulo, “Gobernar la revolución”?

¿Se trata de un aterrador oxímoron? ¿De una provocación ferozmente audaz? ¿O es acaso una sugerencia seria? Hasta el punto en que me parece una sugerencia seria, sin duda me provoca y me aterroriza. Lo que me inquieta es que la frase sugiere una separación entre gobierno y revolución, mientras que para mí la revolución es la abolición de esa separación.

La idea de gobernar la revolución me lleva inmediatamente a preguntarme quién la gobernaría. Y también me asusta la afirmación que haces en el libro de que “los seres humanos pueden ser adiestrados”, porque, ¿quién se encargaría de su adiestramiento?

¿Quién gobernaría tu revolución, quién adiestraría a los seres humanos? Si me dices que hablamos de autogobierno, todo bien, pero, ¿por qué no hablar entonces de formas organizativas de autodeterminación, en el entendido de que la autodeterminación significa un proceso de autoeducación, de autotransformación?

Pero si reformulamos de esa manera la cuestión, entonces tenemos que decir de inmediato que las formas organizativas de la autodeterminación son autodeterminadas y, por tanto, no pueden ser institucionalizadas.

Permíteme abrir un segundo frente de preocupaciones. La democracia.

Centras tu análisis de la revolución en la lucha por la democracia. La abolición del capitalismo pasa, por decirlo de alguna manera, a un segundo plano, y eso me confunde. Formulas la idea en el capítulo 5.3 en términos de un programa para salvar al capital, y entonces afirmas que no se trata de que abandones la idea de la revolución, sino de que trabajas con un concepto diferente de la transición. No me queda claro qué quieres decir con ese concepto diferente de la transición.

 Suena casi como un programa de demandas transitorias, como un concepto de que es posible lograr la revolución anticapitalista mediante la lucha por una democracia que sabemos (pero no decimos abiertamente) que es incompatible con el capitalismo.

El peligro reside en que mientras más se habla de democracia y menos se habla de capitalismo, más se difumina la cuestión de la revolución. Me parece mucho más sencillo empezar por la otra punta y decir: el capitalismo es una catástrofe; ¿cómo nos deshacemos de él?

Esta carta es demasiado larga. Es culpa tuya, claro, por escribir un libro tan estimulante. Espero tus respuestas.

Saludos,

John

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Junio 2011

Estimado John:

Creo que tienes razón cuando dices que caminar tan próximos puede hacernos tropezar y chocar a veces cuando leemos lo que el otro escribe. Sentimos una suerte de irritación cuando, después de haber estado tan de acuerdo con las ideas leídas, llegamos a un punto o a una idea que desentona y que no podemos aceptar. Parte de nuestra tarea en este caso consiste en aclarar los aparentes conflictos debidos a simples malentendidos o diferencias terminológicas (tarea no pequeña) y dejar en claro los puntos importantes sobre los que tenemos desacuerdos.

Me doy cuenta de cuán poco te gusta el término institución, y te agradezco que lo trabajes tan tenazmente en tu carta hasta llegar finalmente a una formulación sobre la cual concordamos.

Puedes aceptar un mandato a la institucionalización si está siempre acompañado por un proceso simultáneo de subversión.

Sí, institucionalizar y subvertir: una buena consigna que podemos compartir.

Pero, por supuesto, nuestras opiniones sobre el tema divergen, así que permíteme insistir un poco más en él. Como señalas, Toni y yo abordamos el análisis de la institución a partir de nuestra preocupación por la necesidad de la organización. Lo primero es la revuelta, pero no basta con la espontaneidad.

La rebelión debe organizarse para llegar a ser un proceso revolucionario.

Creo que sobre esos puntos básicos no tenemos grandes desacuerdos. La diferencia estriba, como dices, en el lugar donde se pone el acento, y, sobre todo, en cuánto se enfatiza la estabilidad de la organización.

En el nivel molecular, no estoy convencido de que nuestra diferencia de énfasis sea muy significativa. Entiendo que los conceptos de hábito, costumbre y prácticas repetidas te parezcan restrictivos y que temas que puedan mellarle el filo a la innovación.

 No obstante, insisto en que las formas de vida solo existen gracias a estructuras de repetición. Nuestras vidas y nuestros vínculos con los demás se sostienen en innumerables hábitos y prácticas repetidas, de muchos de los cuales no estamos conscientes. No se trata meramente de la hora a la que cenamos cada noche y de los lugares a los que vamos de paseo los domingos, sino también de cómo nos relacionamos y cómo mantenemos lazos íntimos y sociales.

(La novela de Marcel Proust me parece la investigación clásica acerca de cómo se constituye una vida mediante complejas redes de hábitos y prácticas repetidas.)

Esas instituciones vinculan el presente con el futuro, como señalas, pero no necesariamente de la manera que temes. Te preocupa que los hábitos sociales nos limiten a repetir las formas sociales y organizativas de generaciones precedentes.

Yo me siento más afín con lo que Spinoza denomina prudencia: considerar el futuro como si fuera presente y actuar sobre esa base. No se trata solamente de cómo actuamos hoy contra las industrias y las prácticas que habrán generado en el año 2050 niveles catastróficos de CO 2, sino también de las maneras en que creamos constantemente una perspectiva de duración en nuestras relaciones.

 Ello se aplica también al amor. El amor no es solo ruptura, destrucción y transformación, sino también un vínculo. Regreso constantemente

a quienes amo. Eso no significa que el amor sea una relación estática, inamovible.

El amor es, como dices, innovar, ir más allá. Sí, pero el amor también tiene un ritual: regresar junto a quienes amamos y repetir nuestras prácticas compartidas.

 En el contexto de esos rituales surgen las innovaciones del amor.

Innovar y subvertir, como dices, o repetir con una diferencia.

En todo caso, en ese nivel molecular entiendo que ambos abordamos la cuestión de la institución desde perspectivas diferentes, pero no creo que nuestras diferencias tengan gran importancia.

En el nivel molar, por el contrario, creo que nuestras diferencias son más significativas. Toni y yo enfatizamos la institución, o mejor, la creación de nuevas formas institucionales para desarrollar una gobernanza alternativa. Creo que podrías aceptar e incluso sentirte cómodo con alguna versión de ese proyecto.

Por ejemplo, algunos de los mayores éxitos del EZLN en Chiapas han residido en su creación de instituciones de una gobernanza alternativa. Los caracoles, las juntas de buen gobierno y la miríada de normas y procedimientos que gobiernan las comunidades zapatistas son ejemplos excelentes del tipo de experimentación con nuevas formas institucionales democráticas por la que abogamos.

Tengo la impresión de que, en sentido general, apoyas ese nivel de prácticas institucionales zapatistas. Aquí, de nuevo, viene bien la consigna de institucionalizar y subvertir: toda práctica debe estar sometida a una crítica constante, debe avanzar cuestionándose.

Nuestras diferencias se hacen más evidentes en lo que toca a las instituciones establecidas de las que somos críticos. Como tú, Toni y yo criticamos a los sindicatos oficiales y sus tradiciones, pero entendemos que eso no nos sitúa en una completa oposición a todo el movimiento sindical.

Pequeños segmentos del movimiento sindical intentan una y otra vez salirse de la tradición y encontrar nuevos rumbos: durante algunos períodos (a veces breves), partes (a menudo muy minoritarias) de FIOM en Italia, SUD en Francia  y SEIU en los Estados Unidos, por ejemplo, han intentado trazar nuevos derroteros. Nos inclinamos a entablar un diálogo con esos sindicalistas al tiempo que subvertimos sus lógicas tradicionales dentro y fuera de sus estructuras institucionales.

 ¿Te parece que institucionalizar y subvertir tiene sentido para ti también en ese contexto? O mejor, he aquí otra manera de abordar la misma cuestión en los términos de tu libro: ¿puede y debe organizarse el “hacer”?

 Y si es así, ¿qué relación tendrían esas organizaciones con la historia de los trabajadores organizados? ¿Cómo caracterizarías las prácticas sindicalistas del hacer? Me atrae la idea de organizar “soviets de hacer”, pero me temo que esa idea te horrorice.

Nuestras diferencias son probablemente más pronunciadas en lo que atañe a los llamados gobiernos progresistas que están hoy en el poder, en especial en América Latina. Como sabes, Toni y yo, igual que tú, tenemos posiciones críticas con respecto a todos esos partidos y gobiernos izquierdistas, desde Argentina y Brasil hasta Bolivia, Ecuador y Venezuela. Y como te ocurre a ti, nuestras esperanzas e inspiraciones no se vinculan fundamentalmente con los gobiernos, sino con los poderosos movimientos sociales que abrieron la posibilidad de sus victorias electorales.

 Pero no consideramos a esos gobiernos meramente como antagonistas. También en este caso me gusta la dualidad de tu consigna: institucionalizar y subvertir.

En otras palabras, diría que el advenimiento de esos gobiernos crea nuevos (y en cierto sentido mejores) terrenos de lucha en los cuales los movimientos deben continuar sus combates contra las prácticas neoliberales, los paradigmas económicos basados sobre la actividad extractiva (incluida la dependencia del petróleo, el gas, el monocultivo de la soya, etc.), las jerarquías raciales y muchas otras cosas.

 Me da la impresión de que el diálogo crítico con el que Toni y yo nos sentimos cómodos te parece ajeno e incluso peligroso.

Esta es, probablemente, una diferencia real entre nosotros, y no creo que haya mucho que abundar sobre ella.

(Una pequeña aclaración: te ha dejado perplejo un pasaje de nuestro libro en el que Toni y yo parecemos proponer que la ONU instituya un ingreso global garantizado.

 No te equivocas al suponer que no lo proponemos. El pasaje está incluido en una sección paradójica de nuestro libro en la que intentamos un experimento en el terreno del pensamiento consistente en imaginar cómo podría reformarse el capital si fuera capaz de actuar racionalmente para preservar sus intereses. Tratamos de seguir hasta el final la lógica de la reforma capitalista, decimos, al tiempo que sabemos que dichas reformas son imposibles y que esa lógica, en algún momento, caerá por tierra.)

Este podría ser un buen momento para plantear otra pregunta que se me ocurrió cuando leía Agrietar el capitalismo, y que probablemente se relaciona con el tema de las instituciones, pero en un marco diferente. En tu reflexión, el trabajo abstracto es un antagonista fundamental, y, si entiendo bien, también lo son los procesos conceptuales más generales de abstracción.

No creo compartir tu oposición a la abstracción.

Comencemos por el trabajo abstracto en Marx asociado al valor de cambio. Según mi lectura de las páginas iniciales de El capital, en las que Marx explica cómo el valor de cambio de una mercancía oscurece y toma precedencia sobre su valor de uso, de la misma manera en que el trabajo abstracto toma precedencia sobre el trabajo concreto, su explicación no implica un proyecto anticapitalista simétrico que apunte en la dirección opuesta.

En otras palabras, un proyecto político que afirme el valor de uso sobre el valor de cambio me parece un es fuerzo nostálgico por reinstituir un orden social precapitalista.

 Por el contrario, el proyecto de Marx, tal como lo entiendo, se abre paso por dentro de la sociedad capitalista para salir por el otro lado. De la misma manera, no me parece que el trabajo abstracto sea el antagonista.

Decir que sin trabajo abstracto no habría proletariado constituye una simplificación (aunque opino que importante). Si el trabajo del albañil, el carpintero, el tejedor, el agricultor y el mecánico de automóviles fueran concretos e inconmensurables, no tendríamos un concepto general del trabajo (del trabajo humano en general, independientemente de la forma en que se haya gastado, como dice Marx) que los vinculara potencialmente como clase. Sé que te debe parecer que al decir esto he dado media vuelta para afirmar la tradición de las organizaciones de la clase obrera, pero no lo he hecho, o, al menos, no lo he hecho acríticamente.

En realidad, la abstracción nos resulta necesaria para argumentar contra las estructuras corporativistas que han plagado esa tradición. La abstracción es también lo que hizo posibles los debates sobre el trabajo doméstico en los círculos sociales feministas de los Estados Unidos y Gran Bretaña durante las décadas de 1970 y 1980, que reconocieron como trabajo las actividades y prácticas domésticas no remuneradas que siguen caracterizando a la división sexual del trabajo.

Por tanto, el trabajo abstracto, tal como lo entiendo, no es una cosa, sino una manera analítica de entender las continuidades que vinculan los mundos del trabajo.

Creo en parte que lo que acabo de escribir puede complicar el asunto, porque usamos los términos de modo diferente.

Supongo que empleas abstracción (y trabajo abstracto) para referirte a los procesos y las estructuras de explotación mediante las cuales el capital calcula y expropia el valor que produce nuestro trabajo, y ejerce su mando sobre nuestras vidas. Y, que, por el contrario, el “hacer” es para ti el trabajo auto organizado y autónomo para el cual podríamos crear un espacio en las grietas del orden capitalista.

Perfecto, me parece bien. De hecho, tu análisis en este sentido se corresponde con

el que hicimos en el capítulo 3 de Commonwealth –y lo complementa– acerca de lo que llamamos la crisis de la producción biopolítica capitalista, la composición emergente del trabajo, y las nuevas posibilidades de autonomía con respecto al capital.

Pero supongo que aunque trataba de alejarme de la cuestión de la institución, esta vuelve a colarse en este punto. Sí, quiero apreciar cada hacer en su singularidad, pero también quiero comprender lo que hay de común en la miríada de haceres que atraviesan la sociedad. (¿Es esta una lógica del hacer abstracto?)

Quiero que exista organización. Trata de quitarte de la boca el gusto amargo que te dejó mi propuesta anterior de crear soviets de haceres. ¿Cómo se organizan los haceres y qué forma adopta su organización?

No resulta tan fácil dejar atrás la cuestión de la organización y la institución. Vuelve una y otra vez. Creo que esa es un área en la que aún debemos trabajar para entender nuestras diferencias.

Saludos

Michael

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octubre de 2011

Estimado Michael:

Muchos, muchos estímulos, acuerdos y desacuerdos, fascinante.

Permíteme ir directamente a una oración que se desliza sin hacer ruido en tu argumentación, pero que sospecho que es una clave importante de nuestras diferencias.

 En el contexto del análisis del trabajo abstracto, dices lo siguiente: “el proyecto de Marx, tal como lo entiendo, se abre paso por dentro de la sociedad capitalista para salir por el otro lado”. Pero yo no quiero abrirme paso por dentro del capitalismo para salir por el otro lado: yo quiero que salgamos ahora que aún hay tiempo, si es que lo hay. There must be some kind of way out of here (Debe haber alguna manera de salir de aquí), como dicen Bob Dylan y Jimi Hendrix, aunque, por supuesto, puede que no la haya.

Se trata del freno de emergencia de Benjamín. Viajamos a bordo de un tren que se encamina a toda velocidad hacia el desastre, hacia la total aniquilación de la humanidad. Ya no tiene sentido, si alguna vez lo tuvo, pensar en salir por el otro lado. Tenemos que halar el freno de seguridad y detener el tren. (O, para usar algunas metáforas al vuelo, el capitalismo es una manzana demasiado madura que se pudre, o un zombie, que ya ha muerto pero sigue marchando, destruyéndolo todo a su paso).

Por tanto, no se trata de progreso, sino de ruptura. Aquí, ahora.

Sospecho que buena parte de la tesis que sostenéis Toni y tú en la trilogía tiene como base la idea de que abrirnos paso por dentro de la sociedad capitalista nos llevará a salir por el otro lado. Es cierto que afirmas que el capital sigue una senda que conduce a la destrucción, pero eso no es lo mismo que decir que el capital es la senda de la destrucción, que es lo que diría yo. Tu formulación sugiere que su rumbo puede ser cambiado, mientras que yo opino que la ruptura con el capital es una precondición necesaria para detener la vertiginosa carrera hacia la destrucción.

A seguidas de tu afirmación sobre la senda de destrucción que sigue el capital, propones un programa reformista para el capital como vía para avanzar hacia la transición a una sociedad diferente, mientras que yo considero que el capitalismo ya está en un avanzado estado de descomposición, y que todos los proyectos de sociedades alternativas desbordan su cauce, y sugiero que dediquemos todas nuestras energías a esos desbordes o grietas.

Lo anterior me ayuda a ubicar nuestras diferencias en torno a la institucionalización. Nos encontramos sin ningún problema en el terreno de institucionalizar- y-subvertir, pero me parece que en el seno de esa tensión nos inclinamos en direcciones distintas. Tú enfatizas la importancia de la institucionalización, mientras que yo quiero que empujemos en el sentido de la subversión, de movernos constantemente contra y más allá. Para mí, institucionalizar-y-subvertir no es lo mismo que “repetición con una diferencia”, como señalas, sino un proceso repetido de ruptura, de quiebra, de negación.

Por supuesto, no se trata solo de quiebras.

No basta con la revuelta: ese es el punto de partida compartido de nuestra exploración.

¿Y entonces qué? Comunizar. Esa es una palabra que me atrae cada vez más. Romper y tejer relaciones sociales sobre una base diferente.

Es obvio que se acerca a tu Commonwealth, pero siento que es importante pensar en términos de verbos y no de sustantivos, en términos de nuestros haceres.

 El problema, como siempre, es la producción material de la vida.

Si clamamos contra el capital, pero no somos capaces de vivir de manera que rompa con el capital, no iremos demasiado lejos con nuestra revuelta. Para romper con las relaciones sociales capitalistas necesitamos el apoyo de nuevas fuerzas productivas, no en el viejo sentido tecnológico de la ortodoxia marxista, sino en el de un nuevo tejido de la actividad humana.

Así que un rotundo SÍ a tus soviets de haceres, que piensas que me horrorizan. Hacer-contra-trabajo significa para mí un movimiento colectivo o comunizador de autodeterminación que tenga en su centro la autodeterminación de nuestra propia actividad, de nuestra propia fuerza productiva.

Quizás el movimiento cree nuevas instituciones, pero solo como el agua de un arroyo se empoza por un momento para después seguir fluyendo. Creo que esa sería mi respuesta a tu pregunta final.

 “¿Cómo se organizan los haceres y qué forma adopta su organización?” Si pensamos en el hacer como un movimiento de autodeterminación comunizadora, no resulta posible presuponer la forma que adoptará.

Lo más que podemos hacer es mirar las experiencias pasadas y presentes y extraer de ellas algunas sugerencias.

Diferimos en lo relativo al trabajo abstracto. Para mí, el trabajo abstracto es la sustancia misma del vínculo social que es el dinero.

 En otras palabras, el hecho de que intercambiemos nuestros productos en forma de mercancías abstrae de nosotros el control sobre nuestras actividades, nos priva de él.

 El trabajo abstracto (y, por tanto, el dinero) es el meollo de la negación de la autodeterminación social, y de ahí que toda lucha en pro de la autodeterminación social tenga que ser una lucha contra el trabajo abstracto (y el dinero).

 Es cierto, como dices, que no habría proletariado sin trabajo abstracto, pero, ¿quién necesita que exista un proletariado?

 Imagino que estás de acuerdo con que la existencia del proletariado es la lucha contra su propia existencia como proletariado.

 Tu afirmación de que “un proyecto político que afirme el valor de uso sobre el valor de cambio me parece un esfuerzo nostálgico por reinstituir un orden social precapitalista” me parece completamente errónea.

 Podría ser cierto, pero para mí, crear una sociedad comunista o anticapitalista constituye la esencia misma de la lucha. Si no concibes que la lucha tenga como objetivo fundar una actividad creativa de tipo diferente (un hacer liberado del trabajo abstracto) y, por tanto, un tipo diferente de producto (un valor de uso liberado del valor), ¿no te acercas mucho al leninismo que, por supuesto, no distinguía entre trabajo abstracto y trabajo concreto, lo que condujo a resultados desastrosos?

Habría mucho más que decir. Sobre los gobiernos progresistas, por ejemplo: no se trata de que yo los considere meros antagonistas, sino de que la forma organizativa que han adoptado (el estado) los integra a la generalidad de las relaciones sociales capitalistas, y los enfrenta, al menos tendencialmente, a los movimientos dirigidos contra el capitalismo. Mira el caso de Bolivia en los dos últimos meses.

Pero en vez de seguir así hasta el infinito, me gustaría terminar con una disyuntiva.

 Quizás se trate de un dilema para ambos, pero sospecho que nos inclinamos en direcciones distintas.

Dices al inicio de tu carta: “Lo primero es la revuelta, pero no basta con la espontaneidad. La rebelión debe organizarse en forma de proceso revolucionario.”

 Estoy de acuerdo con la primera oración; es la segunda la que me hace tomarme mi tiempo, preguntarme, sentirme preocupado, volverme a preguntar. Para mí, la rebelión es una confluencia masiva y explosiva de descontentos y haceres-otros, el dramático encuentro de muchos pinchazos de las relaciones sociales capitalistas.

Para evitar verse ahogada por un nuevo auge del capital debe producirse una comunización (o una confluencia de grietas) tan fuerte que el nexo social del dinero se haga añicos o resulte irrelevante.

 Si lo prefieres, la rebelión debe organizarse de manera que le permita ganar ímpetu suficiente para romper completamente con el capitalismo. La organización es crucial, pero no una organización: tiene que ser un organizarse que surja desde abajo, una comunización.

 ¿Es a eso a lo que te refieres cuando dices que “la rebelión debe organizarse en forma de proceso revolucionario?”

 Me lo pregunto.

Como siempre, un placer,

John

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octubre de 2011

Estimado John:

Persisten algunos malentendidos. Es claro, por ejemplo, que entendemos la abstracción y el trabajo abstracto de maneras muy diferentes.

 Y el pasaje paradójico de Commonwealth en el que conducimos un experimento en el terreno del pensamiento sobre la reforma del capitalismo para demostrar su imposibilidad aparece de nuevo en esta carta y te lleva otra vez a pensar que esa reforma es nuestro programa. Pero la verdad es que esos malentendidos son menores, y sospecho que aun cuando a tus ojos parezcan grandes, les interesan muy poco a nuestros lectores.

Lo que me causa más impresión al releer nuestra correspondencia es el terreno teórico y político que compartimos.

 Nos encontramos sin ningún problema, como dices, en el terreno de “institucionalizar y subvertir”, así como en el de “subvertir e institucionalizar” (dado que se trata, a no dudar, de un proceso de dos vías).

Pero después, añades, nos movemos en direcciones diferentes, o, al menos, ponemos el acento en lados diferentes de la ecuación. Creo que esa diferencia se aprecia con más claridad cuando expresamos nuestras aprehensiones de las formulaciones del otro. A menudo estoy en guardia contra la fe excesiva en la revuelta espontánea, porque por sí misma no logra crear alternativas duraderas, y, por tanto, insisto en procesos constituyentes.

 Tú, por el contrario, le tienes más temor a la inamovilidad de las prácticas repetidas y las estructuras institucionales, y, por tanto, privilegias la ruptura y el movimiento.

Me parecen especialmente interesantes a este respecto los criterios sobre el amor expresados en nuestro breve intercambio. Pero incluso esas diferencias de énfasis no deben exagerarse, dado que claramente compartimos en buena  medida las mismas preocupaciones.

Me siento satisfecho, entonces, con interrumpir con esta carta nuestra correspondencia, confiando en que podamos renovarla cuando los movimientos, y también nosotros, hayamos avanzado unos cuantos pasos mas

Saludos afectuosos,

Michael

ARAGON - postaporteña nº 721 - 2012-03-05 19:29:28
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NOS ROBARON LA MÚSICA... NOS ROBARON LAS GANAS

 

Por qué pasó desapercibido el 41º aniversario del Frente Amplio

Se perdió la confianza se perdió la mística ???

 Video de análisis del Movimiento “20 de Mayo” (FRENTE AMPLIO)

www.youtube.com/watch?v=c7hPEgzg82A

Mov.20 de MAYO - postaporteña nº 720 - 2012-03-03 19:54:49
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SIRIA Los riesgos actuales de que Bashar al-Assad abandone el poder

 

Pepe Arrastia / Rebelión

 

Tariq Ali en una entrevista aparecida en el último número de Viento Sur "La mayoría del pueblo sirio quiere que el clan Assad se vaya", aboga por la inmediata salida de Assad.

Este gran intelectual y revolucionario, al que admiro, coincide, con matizaciones y diferencias, con la principal exigencia de las potencias y fuerzas que combaten política, mediática, económica y militarmente al Gobierno sirio: La inmediata salida de Bashar al Assad.

Tariq Alí, no apoya políticamente a los Hermanos Musulmanes y no cree que sea del interés de Siria tener un gobierno islamista, moderado o extremista, pero al aceptar la exigencia de la OTAN y del CCG liderados por Saudíes y Qataríes, de que Assad abandone el poder, abriría el camino tanto a la intervención extranjera como a la posibilidad de que los Hermanos Musulmanes, como en Túnez y Egipto, llegasen al Gobierno. Eso, sin evitar el riesgo de una conflagración a nivel internacional, más bien incrementándolo.

Porque si ahora Assad se fuera, sería tomado por el CNS y el ELS como un signo de debilidad y como una victoria propia, seguirían sin aceptar el Gobierno que se formara, más débil que el actual, y arreciarían sus ataques armados. La salida de Assad sería mostrada mundialmente a bombo y platillo como la prueba fehaciente de que la “resistencia” armada contra el régimen estaba y seguiría estando justificada.

¿Qué salida le quedaría entonces a Siria (así como a Rusia, China, Irán, Hezbolá) para impedir la guerra civil con la intervención aún más descarada que ahora de fuerzas extranjeras?

¿Cuál sería el resultado de que para frenar el conflicto armado se planteasen una elecciones precipitadas, que en ese clima habría muchas posibilidades de ser ganadas por los Hermanos Musulmanes y en tal caso más pro-occidentales que nunca?

Las medidas de talante democrático promulgadas por el gobierno, así como dejar en libertad a todos los detenidos sin delitos de sangre, no sirvieron para calmar a la “oposición”, sino que continuaron y aumentaron las acciones violentas, así como la cada vez menos solapada intervención militar extranjera con gran protagonismo por parte del CCG (Consejo de Cooperación del Golfo, o como lo llama Pepe Escobar “Club de la Contrarrevolución del Golfo”).

Sabemos que un clima bélico no es el marco idóneo para llevar a cabo reformas democráticas, sin embargo éstas son las únicas capaces de asegurar la paz en Siria. Aunque sean llevadas a cabo estando todavía Bashar al Assad en el poder.

Las reformas emprendidas desde el Gobierno, votadas mayoritariamente en el reciente referéndum, respaldan y fortalecen a la oposición interna contraria a la acción armada y al intervencionismo extranjero como el Comité Nacional de Coordinación para el Cambio Democrático (CNCCD), algo muy importante que se omite en la entrevista a Tariq Ali.

Con un 89,4% a favor, el pueblo sirio apoyó el proyecto de reforma de la Constitución del país en el referéndumcelebrado el domingo 26 de febrero (“astucia cínica” lo llamó Hilary Clinton). Según la cifra oficial, un 60% de los ciudadanos con derecho a votar acudió a las urnas.

 El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, comentando los resultados del referéndum aseguró que había sido un importante paso hacia el curso de las reformas destinadas a convertir el país en un moderno Estado democrático y ampliar los derechos y libertades de sus ciudadanos.

Calificó las cifras como una señal de que el pueblo sirio apoya las reformas. Acentuó, además, que éstas prueban que la influencia de los grupos opositores que habían exhortado a boicotear la votación es limitada y no les da el derecho monopolizado de actuar en nombre de todo el pueblo sirio. Uno de los cambios principales del proyecto de la nueva Constitución siria se refiere al multipartidismo.

El artículo 8 de la Carta Magna suspende la primacía del partido Baaz, liderado por el actual mandatario Bashar al Assad, y equipara los derechos de todos los partidos políticos. Al mismo tiempo, la nueva legislación prohíbe la creación de partidos basándose en la etnia o religión, regional o tribal.

Ese es el camino, para que unas elecciones en un clima no violento, aunque las ganase el Baaz, permitan que pacíficamente Assad y su corrupta camarilla familiar salgan del poder, evitando así la constitución de un gobierno islamista en Siria.

Contrariamente a lo que difunden los grandes medios, ni Rusia ni China han dado carta blanca a Assad. Le presionan para que modere la sofocación de la insurrección y acometa las reformas.

Así lo recogía el pasado 22 de febrero un periódico libanés muy bien informado como Al-Akhbar, que señalaba como "las autoridades sirias, bajo presión de Rusia, se han abstenido de utilizar la aviación y otras armas de guerra en la represión actual."

A Rusia, China y sobre todo a Irán lo que les interesa es la estabilidad en Siria y tenerla como aliada, y esa estabilidad en el futuro próximo se garantizaría mejor sin Assad que con él. Mejor, en una Siria con unas adecuadas condiciones democráticas que implicasen mejoras políticas y sociales para el pueblo sirio.

Por el contrario, lo que lógicamente al Occidente atlantistas, a los sionistas de Israel y a las monarquías del Golfo les interesa no es esa estabilidad ni esas mejoras democráticas y sociales sino que Assad abandone el poder precisamente ahora y a ser posible precipitadamente.

Lo cual no supondría una tregua en las acciones armadas, sino todo lo contrario.

¿Por qué justamente ahora? Porque la actividad terrorista del ELS, es cada vez más difícil de ocultar por los grandes medios, y poco a poco se va conociendo otra realidad de Siria que esos medios ocultan o tergiversan (*). Igualmente, el derrocamiento de Assad por medios militares sin una abierta intervención extranjera es cada vez menos plausible. Ayer, 1 de marzo, el bastión del ELS en el barrio Bab Amor de Homs acabó siendo conquistado por las tropas gubernamentales.

Todo apunta a que un derrocamiento de Assad mediante la fuerza sin una intervención militar extranjera de gran envergadura es imposible, por eso las prisas en requerir la salida de Assad antes que la situación en Siria se estabilice y las reformas democráticas se pongan en marcha. Presionado o no, lo cierto es que esas reformas ya se han puesto en marcha con Assad en el poder.

Recordemos que para todos esos países el objetivo es derribar el régimen de un país aliado de Irán en la perspectiva de preparar una ofensiva contra ese país. Una estabilidad política en Siria obtenida mediante reformas democráticas que NO conllevasen el rompimiento de esa alianza, es el peor de los panoramas para ellos.

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(*) Ver el informe del 11/02/2012 "Siria, una libanización prefabricada" del CIRET-AVT (Centro Internacional de Investigación sobre el Terrorismo-Ayuda a las Víctimas del Terrorismo) y CF2R (Centro Francés para la Investigación sobre la Información), que ofrece datos de una investigación sobre el terreno.

http://www.lizin.org/photos/Rapport%20Syrie.pdf

JORGE - postaporteña nº 720 - 2012-03-03 19:52:51
postaporteñ@_______________________________

La comezón del séptimo año

 

  En siete años, en condiciones muy favorables (mayoría parlamentaria propia, reactivación económica tras la crisis de 2002, gobiernos de izquierda en la región), el Frente Amplio ha puesto al desnudo sus limitaciones insalvables para llevar adelante la más elemental medida antiimperialista o alguna transformación social progresiva.

La candidatura de Mujica había sido presentada –por el PCU y otros sectores– como un giro a la izquierda respecto a Tabaré Vázquez.

Una expectativa carente de sustento, si se tenían en cuenta las declaraciones del candidato y la ratificación del astorismo al frente del equipo económico.

  El gobierno se trazó el objetivo de contener el gasto público –en educación, salud, vivienda– y demostró a los Standard & Poor’s y demás especuladores que irá a fondo para garantizar el pago de la deuda externa.

 La ‘unidad nacional’ con la derecha blanqui-colorada mostró su contenido reaccionario en el reciente pacto contra la autonomía de la enseñanza y contra los sindicatos.

 Esa misma derecha aplaude la ley privatizadora de las PPP y el pasaje de los ferroviarios al derecho privado.

Si Lorier se equivocó al caracterizar a Mujica, éste no le erró cuando se congratuló del apoyo recibido por el PCU, y afirmó que para la reforma del Estado “el apoyo de los comunistas es importantísimo; es una cosa de vida o muerte para el próximo gobierno” (La República, 3/5/2009).

El decreto de servicios esenciales contra los municipales, a pedido de Ana Olivera, puso fin a los escarceos críticos de Lorier.

El PCU se convirtió en uno de los pilares del gobierno en el movimiento sindical.

 La aparición de la lista 41 del PIT-CNT (‘Movimiento por la Independencia de Clase’) marca una tendencia a constituir una oposición sindical, y no es casual que esté integrada por sindicatos estatales.

Las movilizaciones ambientalistas contra la mega minería a cielo abierto y otros emprendimientos depredadores también expresan una crisis de sectores populares de izquierda con el Frente Amplio.

La persistente campaña contra la impunidad permitió alcanzar la imprescriptibilidad de los crímenes de la dictadura –que no es el resultado de la acción del gobierno sino de su incapacidad para poner punto final a esta aspiración popular.

El Frente Amplio no impulsa desde el gobierno un juicio contra todos los represores; deja a las víctimas libradas a sí mismas para presentar denuncias, testigos y pruebas.

La crisis mundial está generando el movimiento de los ‘indignados’, rebeliones, huelgas, bajo la consigna ‘que la crisis la paguen los capitalistas’. Uruguay no está al margen de la crisis, ni de esa perspectiva de ‘indignación’ popular, como lo muestran las luchas de docentes, bancarios y metalúrgicos.

  Existe una creciente desazón entre los trabajadores y ciudadanos de izquierda. Está planteada la tendencia a constituir una oposición no sólo sindical sino también política –de carácter anti-capitalista y socialista.

Rafael Fernández (militante del PT)

publicado en Semanario Voces

RAFA - postaporteña nº 720 - 2012-03-03 19:49:44
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