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PLATAFORMA 2012 para la Recuperación del Pensamiento Crítico

Texto completo del manifiesto que un grupo de intelectuales argentinos generó en busca de adhesiones para “escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico”

documento

 

Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil.

Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda.

Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan.

En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador.

No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura, a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del Gobierno han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.

Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.

Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Félix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira.

Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía.

Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para des responsabilizar al gobierno central.

Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales.

Curiosa apelación al federalismo, cuando es el Gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos.

Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto.

El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta.

El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar.

Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el Gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad.

Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras –y el propio Grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga– han recibido enormes privilegios de este gobierno.

Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería –más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir– una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería –como en el fenómeno de las placas tectónicas– algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.

El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología.

La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio.

Hoy la homogeneidad discursiva empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la Ley Antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno.

A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente.

Es necesario. Y es posible

Perfil 8/1/12 - postaporteñ@ nº695 - 2012-01-08 11:18:16
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La intelectualidad al palo

Fuente: hoy, ovalada. A veces romboidal

Los intelectuales

Personas dedicadas al cultivo de ciencias y letras. Campesinos, digamos, del saber. Personas que han alcanzado un conocimiento sobrenatural de las cosas de la vida.

A diferencia de la gente común y ordinaria, que de la vida sólo entiende que debe mantenerla viva. Los intelectuales son personas que escriben y hablan y piensan. Todas las personas escriben, hablan y piensan.

Los intelectuales forman opinión a través de sus palabras.

Todas las personas forman opinión a través de sus palabras. Y ahora los intelectuales de profesión empezaron a reunirse en proclamas políticas, en una especie de voz unívoca. Que la Carta Abierta, que esa tal de Proclama 2012, que Horacio González o la Sarlo. Todos estos intelectuales padecen un entorpecimiento sustantivo, porque intelectual es un adjetivo.

Es como que alguien dijera: “Nosotros, los Bonitos que abajo firmamos....”.

Pero a los intelectuales les gusta adjetivarse. Bien, desde luego. Eminente intelectual. Ilustre intelectual. Prestigioso intelectual. Pero el término intelectual, ya desde su enunciación, no admite una adjetivación que lo descalifique.

Es decir, todo intelectual, por la sencilla razón de serlo, es una eminencia, una persona ilustre y prestigiosa. Faltaría más. Decir, por ejemplo, que Majul es un intelectual, porque lo es, porque escribe, piensa y habla, nos mete a todos en un brete. Y a Majul lo eleva al cielo inmaculado de la sabiduría.

A los intelectuales los ataca una sensación de bienestar cuando encuentran su nombre en un artículo que, por caso, refiere las inclinaciones literarias de los intelectuales. Y si no figuran en esas líneas, entonces resuelven que el autor del artículo es un idiota. Los que se llaman a sí mismo intelectual, me causan cierta sospecha. ¿Tienen un poder cognoscitivo del alma humana?

¿Cómo lo alcanzaron? ¿Con tres sobres de gofio? No aconsejo el gofio después de la sandía o de la lectura de un libro de Stamateas, otro intelectual.

Intelectual de veras, práctico, directo, y por sobre todas las cosas corajudo,

es mi querido amigo Carlos, el Rengo, del MTD-Lanús. Hace tiempo fue a verlo a Manolo Quindimil, el difunto cacique peronista de Lanús, para decirle que en el barrio La Fe había chicos que se alimentaban a fuerza de mate cocido, arroz y pan.

“No sé si usted lo sabe, pero nosotros ya creamos más de cien comedores populares en Lanús”, le dijo Quindimil con orgullo. El Rengo lo miró feo y le dijo: “¡Y a usted le parece bien eso!”.

Pago por ver a alguno de estos intelectuales de las cartas semiabiertas o de la proclama 2012 o 1910 respondiéndole de ese modo a Quindimil, en la cara, en su despachomuseoperonista de Lanús. Presumo que no debo explicarle a un intelectual el ánimo y el sentido de la respuesta del Rengo.

 

Llegan tarde todos esos intelectuales. Es que hace muchos años mucha gente que también escribe, habla y piensa, se puso a buscar caminos.

Pero todos estos intelectuales, de uno y otro lado, porque nos han enseñado que existe uno y otro lado, y al que no respete esa regla ¡minga!, digo, estaba diciendo, que todos estos intelectuales que ahora se juntan como cabritos de letras en una carta abierta o proclama, ignoraban a esa otra gente, mucha, pero mucha, que también piensa, escribe y habla. Y, por sobre todas las cosas, lucha.

Hasta hay locos intelectuales sin diploma ni doctorado que dieron la vida.

Cuando matan a uno de esos pobres condenados, las cartas abiertas explotan y las proclamas saltan, te llenan páginas de diarios y revistas y te cagan por completo la casilla de correo electrónico. Te la llenan de condenas, de solidaridad, de bronca, de gotas de ojo con pergamino.

Los intelectuales. ¿Una casta? ¿Un fin en sí mismo? Digo: ¿tan lejos de la academia está el cordón de la vereda? ¿Tan lejos de la biblioteca está la calle, su perfume, las calles que caminan personas que también escriben, piensan y hablan?

No hay cosa mejor que un buen libro. Cuando, claro, uno no tiene un buen amigo, un buen compañero de caminata. Los libros y los espacios cerrados y ese confort de la nebulosa del más allá son geografías maravillosas. Pero aíslan.

El intelecto queda prisionero del ombligo. El ejercicio incesante del razonamiento lejos de la intemperie, de la reflexión lejos del mundanal ruido, atasca, emboba, convierten al intelectual con diploma en un decidor de causalidades sobre hechos que no ha vivido, salvo por tevé, hechos y acontecimientos que apenas ha conocido por escrito, jamás en vivo y directo. Hechos por los que nada ha hecho. Cosas que les ocurren a millones de Otros que a duras penas conocen.

Actúan a la manera de psicoanalistas de la sociedad que nos quieren convencer de las virtudes del capitalismo serio. Mientras ellos miran los lomos de libros en los anaqueles de las librerías, los otros intelectuales estudian el precio de un paquete de arroz en un almacén o en un supermercado. 

 

Todos estos intelectuales que se pusieron a crear bandas de intelectuales, si quieren que alguna vez los llamemos intelectuales de veras, que salgan al mundo.

Que se desnuden. Queremos verlos en bolas. Queremos, todos los que nunca jamás seremos intelectuales y ni por asomo firmaremos esas cartas de firmar y ya, queremos que todos estos intelectuales, los de una margen u otra, se saquen de encima esta cosa de aglutinación o congregación política y continúen haciendo lo que hacían antes, y algunos lo hacían muy bien: pensar, razonar, criticar, aprobar, apoyar o denunciar y maldecir a las cosas de un gobierno o de una oposición.

Se juntan porque ahora les da cosa pensar, decir, escribir, criticar por cuenta propia. Le temen a algo que podríamos llamar el monstruo del error solitario.

Se juntan, entonces, con el afán de ser un atado de ramas que nadie podrá partir.

Con ustedes no va esta historia del atado de ramas. A los unos y los otros es fácil partirlos. Sin violencia, desde luego. Los acontecimientos, la postura de ustedes frente a los acontecimientos, los va a partir al medio con el correr del tiempo.

A los que suponen que hay una revolución en marcha y a los que suponen que hay una revolución socialista en marcha que es necesario detener ya y de cualquier modo.

Estos intelectuales que se llaman a sí mismo intelectuales. Los de la carta abierta o a medio abrir o perdida o contracarta o cómo quieran llamarlo.

Todos, los de uno y otro lado, han leído mucho. Se devoraron bibliotecas. Pero a todos les falta absorber el humo de la calle. No el humo de los años sesenta y setenta.

El humo de estos días y el humo de aquel tiempo en el que sabían pronunciar alguna palabra que a uno lo llevaba a decirse: “¡Pero mirá vos!”.

Hoy todos apuestan a una cosa fundacional.

¿No les alcanza con eso de decir algo? Pero algo inteligente.

¿Por qué se metieron en este bolonqui casi idiomático y dejaron a un lado lo que hacían antes, es decir, pensar, reflexionar y decir desde un lugar por completo independiente, libre, a salvo de todo fanatismo?

Yo los extraño a todos. A la Sarlo, a Feinmman, a González. Extraño sus palabras de un par de décadas atrás. ¿Por qué esta cosificación del pensamiento?

Los está desnucando la foto. Y supongo que un verdadero intelectual no puede permitir que te mate la foto. Ese asunto de aparecer. El buen intelectual es un tipo anónimo. Crea conflictos de pensamiento pero sin nombre propio. Hay que volver al cuentapropismo del pensamiento. De pronto los tipos van a la tele, tienen una columna en algún diario, en alguna revista, y caen en la cuenta de que tienen todo eso porque son brillantes. No, señor. Lo tienen porque saben a qué atenerse; saben qué pueden decir y qué no. No porque alguien se los indique. Porque los acorrala un límite.

Un límite, una línea de puntos. Un círculo de palabras raras que no tiene sustento en la charla de esquina. Palabras de intelectuales que discurren al margen de millones de orejas.

 

“Palabras como `intelectual´ y `latinoamericano´ me hacen levantar instintivamente la guardia, y si además aparecen juntas me suenan en seguida a disertación del tipo de las que terminan casi siempre encuadernadas (iba a decir enterradas) en pasta española (1)”.

De Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar, carta fechada el 10 de mayo de 1967

 

(1) Pasta española: Encuadernación en piel de cordero teñida de color leonado o castaño y decorada generalmente en jaspe salpicado.

7 de enero, 2012

Hernán López Echagüe - postaporteñ@ nº695 - 2012-01-08 11:12:24
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Haití: País ocupado

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: Estados Unidos. Pero Estados Unidos declaró su independencia cuando era una nación con 650 mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución estableció que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.

Y si a cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el primer país que abolió la esclavitud, recibirá siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el primer país que abolió la esclavitud no fue Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el pecado de su dignidad.


Los negros esclavos de Haití habían derrotado al glorioso ejército de Napoleón Bonaparte, y Europa nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia, durante un siglo y medio, una indemnización gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo a los blancos amos del mundo.


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De todo eso sabemos poco o nada.

Haití es un país invisible

Sólo cobró fama cuando el terremoto del año 2010 mató más de 200 mil haitianos.

 

La tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el primer plano de los medios de comunicación. Haití no se conoce por el talento de sus artistas, magos de la chatarra capaces de convertir la basura en hermosura, ni por sus hazañas históricas en la guerra contra la esclavitud y la opresión colonial

 

Vale la pena repetirlo una vez más, para que los sordos escuchen: Haití fue el país fundador de la independencia de América y el primero que derrotó a la esclavitud en el mundo.

Merece mucho más que la notoriedad nacida de sus desgracias

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Actualmente, los ejércitos de varios países, incluyendo el mío, continúan ocupando Haití. ¿Cómo se justifica esta invasión militar? Pues alegando que Haití pone en peligro la seguridad internacional

Nada de nuevo.

Todo a lo largo del siglo XIX, el ejemplo de Haití constituyó una amenaza para la seguridad de los países que continuaban practicando la esclavitud. Ya lo había dicho

 

Thomas Jefferson: de Haití provenía la peste de la rebelión. En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba "haitianismo".

Ya en el siglo XX, Haití fue invadido por los marines, por ser un país "inseguro para sus acreedores extranjeros". Los invasores empezaron por apoderarse de las aduanas y entregaron el Banco Nacional al City Bank de Nueva York. Y ya que estaban, se quedaron diecinueve años.

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El cruce de la frontera entre la República Dominicana y Haití se llama "El mal paso".


Quizás el nombre es una señal de alarma: está usted entrando en el mundo negro, la magia negra, la brujería...

El vudú, la religión que los esclavos trajeron de África y se nacionalizó en Haití, no merece llamarse religión. Desde el punto de vista de los propietarios de la civilización, el vudú es cosa de negros, ignorancia, atraso, pura superstición. La Iglesia Católica, donde no faltan fieles capaces de vender uñas de los santos y plumas del arcángel

Gabriel, logró que esta superstición fuera oficialmente prohibida en 1845, 1860, 1896, 1915 y 1942, sin que el pueblo se diera por enterado.


Pero desde hace ya algunos años las sectas evangélicas se encargan de la guerra contra la superstición en Haití. Esas sectas vienen de Estados Unidos, un país que no tiene piso 13 en sus edificios, ni fila 13 en sus aviones, habitado por civilizados cristianos que creen que Dios hizo el mundo en una semana.

En ese país, el predicador evangélico Pat Robertson explicó en la televisión el terremoto del año 2010. Este pastor de almas reveló que los negros haitianos habían conquistado la independencia de Francia a partir de una ceremonia vudú, invocando la ayuda del Diablo desde lo hondo de la selva haitiana. El Diablo, que les dio la libertad, envió al terremoto para pasarles la cuenta.

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¿Hasta cuándo seguirán los soldados extranjeros en Haití? Ellos llegaron para estabilizar y ayudar, pero llevan siete años desayudando y desestabilizando a este país que no los quiere.

La ocupación militar de Haití está costando a las Naciones Unidas más de 800 millones de dólares por año.

Si las Naciones Unidas destinaran esos fondos a la cooperación técnica y la solidaridad social, Haití podría recibir un buen impulso al desarrollo de su energía creadora.

Y así se salvaría de sus salvadores armados, que tienen cierta tendencia a violar, matar y regalar enfermedades fatales.

Haití no necesita que nadie venga a multiplicar sus calamidades. Tampoco necesita la caridad de nadie. Como bien dice un antiguo proverbio africano, la mano que da está siempre arriba de la mano que recibe.

Pero Haití sí necesita solidaridad, médicos, escuelas, hospitales, y una colaboración verdadera que haga posible el renacimiento de su soberanía alimentaria, asesinada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras sociedades filantrópicas.

Para nosotros, latinoamericanos, esa solidaridad es un deber de gratitud: será la mejor manera de decir gracias a esta pequeña gran nación que en 1804 nos abrió, con su contagioso ejemplo, las puertas de la libertad.

(Este artículo está dedicado a Guillermo Chifflet, que fue obligado a renunciar a la Cámara de diputados cuando votó contra el envío de soldados uruguayos a Haití.)

 

Brecha, Montevideo, 5-1-2012

EDUARDO GALEANO - postaporteñ@ nº695 - 2012-01-08 11:08:22
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NO SON SÓLO MEMORIA, SON VIDA ABIERTA...

Uruguay:

COMPAÑER@S FALLECID@S al 31.12.2011

 

 lista de cr@s fallecidos a la fecha, 31 de diciembre de 2011. Esta lista comprende compañer@s fallecidos, asesinados, autoeliminados y desaparecidos desde el año 1968 a la fecha

Acompaña el alias y el Nro. de pres@ en el Penal de Libertad  o Punta de Rieles

Hemos computado 875

Puede verse también en   http://ranita059.blogspot.com/

Y serán bienvenidos los datos que nos permitan completar la misma

N e s t o r

rana 059

Västerås, Suecia

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¿QUÉ TAL UN CANON POR MUERTO?

El martes 3 hubo una masiva movilización en el Centro Cívico de Bariloche.

La minería es un saqueo a la sociedad en general, ya que las regalías que deja son exiguas en comparación con las que genera”, aseguró la coordinadora del Parlamento Mapuche de Río Negro*.

¡Problema de regalías! Y se lo dejan decir, y lo difunden, para que aprendamos

La coordinadora del Parlamento Mapuche no quiere terminar con una explotación que es catastrófica y letal: quiere agrandar la torta a ver si ella también muerde

Esto es para los que levantan el fetiche de que los pueblos indígenas son angélicos. No es así; son personas atravesadas por intereses y ambiciones, y también capaces de solidaridades y abnegaciones. Como todos

Pero, nosotros, ¿estamos de acuerdo en ponerle un precio a la vida?

¿Si pagan bien, pueden matar? Desde hace años estamos sometidos a la acción persistente de esta clase de consejeros que nos alecciona "hay que sacarles más, pagan poco". Sí, usted los conoce: Bonasso, De Gennaro, Solanas...

¡Nada de "más regalías"!

Debemos avanzar hacia una ley prohibiendo la minería a cielo abierto en todo el país: una ley que la prohíba y condene como genocidas y traidores a la patria a los funcionarios nacionales, provinciales y locales que la autoricen o la promuevan. Y, mientras tanto, multiplicar la resistencia de Famatina en cada lugar donde nos quieren imponer la muerte

Eso, o autoricémosla y pongamos una ventanilla que cobre un canon: tantos pesos por cada muerto, tantos otros por el nacido con deformidad, y una tasa por acuífero agotado o contaminado

Pero que quede claro: yo no quiero convivir en la misma trinchera con los andan detrás de este negocio

Juan del Sur

 

* http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/3-57277-2012-01-07.html

RANA 059-Juan del Sur - postaporteñ@ nº695 - 2012-01-08 11:05:51
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?El socialismo es una doctrina triunfante?

 Entrevista con Antonio Cândido, crítico literario, sociólogo y militante

 

Joana Tavares   -   Brasil de Fato

 

  Antonio Cândido, considerado uno de los principales intelectuales de Brasil, habla en entrevista de su profunda creencia en el socialismo como una doctrina exitosa

Crítico literario, profesor, sociólogo, militante. Un sólo adjetivo no consigue definir la importancia de Antonio Cândido para Brasil. Considerado uno de los principales intelectuales del país, mantiene una postura socialista, cordialidad, elegancia, sentido del humor y optimismo. Antes de comenzar nuestra entrevista, dice que vivió prácticamente todo lo confuso del siglo XX y participó activamente de él escribiendo, debatiendo, participando en manifestaciones, ayudando a dar lucidez, claridad y humanidad a toda una generación de alumnos, militantes sociales, lectores y escritores.

  Tan bueno en la palabra como en lo escrito, habla sobre su método de análisis literario, de los libros que le gustan, de su infancia, del comienzo de su militancia, de la televisión, del MST, de su profunda creencia en el socialismo como una doctrina triunfante. “Lo que se piensa que es la fase humana del capitalismo es lo que el socialismo le arrancó”, afirma.

  Brasil de Fato. ¿Usted es socialista?

 Antonio Cândido –  Ah, claro, enteramente. Es más, creo que el socialismo es una doctrina totalmente triunfante en el mundo. Y no es una paradoja: ¿qué es el socialismo? Es el hermano gemelo del capitalismo, nacieron juntos en la revolución industrial. Es indescriptible lo que era la industria en el comienzo: los obreros ingleses dormían debajo de la máquina y los despertaban de madrugada a latigazos. Eso era la industria; ahí comenzó a aparecer el socialismo.

Llamo “socialismo” a todas las tendencias que dicen que el hombre tiene que caminar hacia la igualdad, que es el creador de la riqueza y que no puede ser explotado. Comunismo, socialismo democrático, anarquismo, solidarismo, cristianismo social, cooperativismo… todo eso.

Esas personas comenzaron a luchar para que los obreros no fueran maltratados, después para trabajar solo doce horas, luego, para trabajar hasta diez, ocho; para que las mujeres embarazadas no tengan que trabajar, para que los trabajadores tuvieran vacaciones, para tener escuela para los niños, cosas que hoy son banales. Conversando con un antiguo alumno, que es un joven rico, industrial, me dijo: “usted no puede negar que el capitalismo tiene una fase humana”.

 El capitalismo no tiene nada de fase humana. El capitalismo se basa en la plusvalía y en el ejército de reserva.

Es necesario tener siempre miserables para tirar el exceso que el capital necesita. Y la plusvalía no tiene límite. Marx decía en la “Ideología Alemana”: las necesidades humanas son acumulativas e irreversibles. Cuando usted anda descalzo, anda descalzo. Cuando usted descubre las sandalias, no quiere más andar descalzo. Cuando descubre los zapatos, no quiere más la sandalia.

Cuando descubre los calcetines, quiere zapatos con calcetines y va por ahí, no tiene fin. El capitalismo está basado en eso.

 Lo que se piensa que es la fase humana del capitalismo es lo que el socialismo le arrancó con sudor, lágrimas y sangre. Hoy es normal que el obrero trabaje ocho horas, tenga vacaciones… todo es conquista del socialismo. El socialismo solamente no acertó en Rusia.

      ¿Por qué? 

 A. C. –  Se volvió capitalismo. La revolución rusa sirvió para formar el capitalismo.

El socialismo acertó donde no llegó al poder; hoy esta infiltrado en todos los lugares.

¿El socialismo como lucha de los trabajadores?

 A. C. –  El socialismo como camino para la igualdad. No es la lucha, es a causa de la lucha. El grado de igualdad de hoy fue obtenido por las luchas del socialismo.

Por lo tanto, es una doctrina triunfante. Los países que pasaron por la etapa de las revoluciones burguesas tienen un nivel de vida para el trabajador porque el socialismo luchó para tener lo que quería.

 No voy a decir que países como Francia y Alemania son socialistas, pero tienen un nivel de vida mejor para los trabajadores.

 ¿Para usted es posible que el socialismo pueda existir triunfando sobre el capitalismo?

 A. C. –   Estoy pensando más en la técnica de la esponja. Si de aquí a cincuenta años en Brasil no hubiera una diferencia mayor a diez entre el mayor y el menor salario, si todos tuvieran escuela… no importa que sea con la monarquía, puede ser el régimen con el nombre que sea, ¡no necesita ser el socialismo!

Digo que el socialismo es una doctrina triunfante porque sus reivindicaciones están siendo adoptadas cada vez más.

 No tengo cabeza teórica, no sé cómo resolver esa cuestión: el socialismo fue extraordinario para pensar la distribución económica, pero no fue tan eficiente para efectivamente hacer la producción.

El capitalismo fue más eficiente porque tiene lucro. Cuando se suprime el lucro, la cosa se pone más complicada. Es necesario conciliar la ambición económica que el hombre civilizado tiene – así como tiene ambición de sexo, de alimentación, tiene ambición de poseer bienes materiales – con la igualdad.

Quien puede resolver mejor esa ecuación es el socialismo, de eso no tengo la menor duda. Creo que el mundo marcha hacia el socialismo; no el socialismo académico típico. Las personas no saben lo que va a ser.

 ¿Qué es el socialismo? Es lo máximo de igualdad económica. Por ejemplo: soy un profesor jubilado de la Universidad de Sao Paulo y gano muy bien, gano probablemente cincuenta, cien veces más que un trabajador rural. Eso no puede ser. El día en que en Brasil el trabajador de pico y pala gane apenas diez o quince veces menos que el banquero, está bien: es el socialismo.

 

      ¿Qué avances consiguió el socialismo en el mundo?

A. C. –  El socialismo es el caballo de Troya dentro del capitalismo.

Si quitas los rótulos y ves las realidades, verás cómo el socialismo humanizó al mundo. En Cuba yo vi el socialismo más próximo al socialismo.

Cuba es una cosa formidable, lo más próximo a la justicia social; no Rusia, China, o Camboya. El comunismo tiene muchos fanatismos; en cuanto el socialismo democrático es moderado, es humano. Y no hay verdad final fuera de la moderación, eso ya lo decía Aristóteles, la verdad está en medio. Cuando yo era militante del PT – deje de ser militante en 2002, cuando Lula fue electo – era del ala de Lula, de la articulación, pero sólo votaba a los candidatos de la extrema izquierda para tocar a los del centro. Es necesario tener izquierda y derecha para formar la media.

 Estoy convencido de eso: el socialismo es la gran visión del hombre que no ha sido todavía superada, de tratar al hombre realmente como ser humano.

Pueden decir: “la religión hace eso”, pero hace eso sólo para quienes son adeptos a ella; el socialismo hace eso para todos. El socialismo funciona como esponja: hoy el capitalismo está embebido de socialismo. En el tiempo en que mi hermano Roberto – que era católico de izquierda – comenzó a trabajar, yo era muy chico; él era señalado como comunista por decir que en Brasil había miseria.

Decir eso era ser comunista, no estoy diciendo metáforas. Hoy, la Federación de las Industrias -Paulo Maluf- dice que la miseria es intolerable. El socialismo está andando; no con el nombre, pero aquello que el socialismo quiere, la igualdad, está andando.

 No aquella igualdad que algunos socialistas y los anarquistas decían; la igualdad absoluta es imposible. Los hombres son muy diferentes, hay una cierta justicia en remunerar más a aquellos que sirven más a la comunidad, pero la desigualdad tiene que ser mínima, no máxima. Soy muy optimista.

  Brasil es un país pobre pero hay una cierta tendencia igualitaria en el brasileño – a pesar de la esclavitud – y eso es bueno. Tuve una suerte muy grande: fui criado en una ciudad pequeña, en Minas Gerais, que no tenía ni cinco mil habitantes cuando yo vivía allá. En una ciudad así todo mundo es pariente.

Mi bisabuelo era propietario de tierras, pero la tierra fue dividida entre los hijos. Entonces en mi ciudad el barbero era mi pariente, el chofer de la plaza era mi pariente, hasta una prostituta, que fue una señorita expulsada de casa, era mi prima.

Por lo tanto me acostumbré a ser igual a todo mundo. Fui criado con los antiguos esclavos de mi abuelo; cuando tenía diez años, todas las personas con más de cuarenta habían sido esclavos. Conocí inclusive a una esclava, la tía Vitória, que lideró una rebelión contra el señor. No tengo historia de desigualdad social.

Digo siempre: tengo temperamento conservador, actitudes liberales e ideas socialistas. Mi gran suerte fue no haber nacido en familia ni importante ni rica; si no, sería un reaccionario. (Risas).

      ¿A Teresina, que inspiró un libro con su nombre, usted llegó a conocerla?

A. C. –  La conocí en Poços de Caldas. Ella era una mujer extraordinaria, una anarquista, mejor amiga de mi madre. Tengo un librito sobre ella. Una mujer formidable. Pero me politicé muy tarde, con veintitrés o veinticuatro años, con Paulo Emilio.

Él decía: “es mejor ser fascista que no tener ideología”; él me llevó para la militancia. Decía con razón: cada generación tiene su deber. Nuestro deber era político.

      ¿Y el deber de la generación actual?

A. C. –   Extrañar. Ustedes agarraron el rabo de un cohete dañado.

      En su libro “Os parceiros do Rio Bonito” usted dice que es importante defender la reforma agraria no solo por motivos económicos sino también culturales. ¿Qué es lo que cree hoy en día? 

 A. C. –  Eso es una cosa muy bonita que el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) tiene. En el movimiento de las Ligas Campesinas no había esa preocupación cultural, era más económica. Me parece bonito eso que hace el MST: formar un curso superior para quien trabaja con la pala.

Esa preocupación cultural del MST ya es un avance extraordinario en el camino del socialismo. Es necesaria la cultura; no es solo el libro, es conocimiento, información, noticia. Mi tesis de doctorado en Ciencias Sociales fue sobre el campesino pobre de Sao Paulo – aquel que necesita arrendar la tierra, el parcero-

. En 1948 estaba haciendo mi investigación en un barrio rural de Bofete y tenía un informante muy bueno, Nhô Samuel Antônio de Camargos. Él decía que tenía más de 90 años, pero no sabía cuántos.

Un día me preguntó: “¿Antonio, el emperador va bien? ¿No es más aquel de barba blanca, verdad?” Yo le dije: “no, ahora es otro que se llama Eurico Gaspar Dutra”. Quiero decir que está fuera de la cultura; para él, el emperador existe. Él no sabe leer, escribir, no lee el periódico.

 La humanización moderna depende de la comunicación en grande parte; el día en que el trabajador tiene una radio en casa, es otra persona. El problema es que los medios modernos de comunicación son muy venenosos. La televisión es una plaga.

Yo la adoro ¿sí? Vivo solo, solito, soy viudo y veo televisión, pero es una plaga. La cosa más pérfida del capitalismo – por causa de la necesidad acumulativa irreversible – es la sociedad de consumo. Marx no la conoció, no sé cómo la vería.

La televisión, de diez minutos en diez minutos, inculca subliminalmente en la cabeza de todos – en la tuya, la mía, la de Silvio Santos, la del dueño de Bradesco, la del pobre diablo que no tiene que comer – imágenes de whisky, automóviles, casa, ropa, viajes a Europa: crea necesidades.

Y claro que no da condiciones para concretizarlas. La sociedad de consumo está creando necesidades artificiales y está llevando a los que no tienen a la desesperación, a la droga, a la miseria… Ese deseo de las cosas nuevas es una cosa poderosa. El capitalismo descubrió eso gracias a Henry Ford; Ford sacó al automóvil de su finura y lo hizo un carro popular, los vendía a quinientos dólares. Estados Unidos entero comenzó a comprar automóviles, y Ford se fue volviendo millonario.

De repente, el carro no se vendía más. Él se desesperó, llamó a los economistas para que estudiaran el caso y le dijeron: “pero es claro que no vende porque el carro no se acaba”. El producto industrial no puede ser eterno. El producto artesanal está hecho para durar, pero el industrial no; tiene que estar hecho para acabarse.

Esa es la cosa más diabólica del capitalismo. Ford entendió eso y pasó a cambiar el modelo de carro cada año. En un régimen que fuera más socialista sería necesario encontrar una manera en que no fallen las empresas, volver durables a los productos, acabar con esa locura de renovación. Hoy, un automóvil está hecho para acabarse, la moda está hecha para cambiar; esa idea tiene como objetivo el lucro infinito. En cuanto el verdadero objetivo no es el lucro infinito, es el bienestar infinito.

 

     Brasil de Fato- En sus textos es perceptible la intención de ser entendido. A pesar de ser muy erudito, su escritura es muy simple. ¿Por qué ese esfuerzo de ser siempre claro?

  Antonio Cândido – Creo que la claridad es un respeto por el prójimo, un respeto por el lector. Siempre creí -yo y algunos colegas- que, cuando se trata de ciencias humanas, a pesar de ser llamadas ciencias están relacionadas con nuestra humanidad, de manera que no debe haber jerga científica

. Puedo decir lo que tengo que decir sobre las humanidades con un lenguaje común (ya en el estudio de las ciencias humanas yo preconizaba eso), en cualquier actividad que no sea estrictamente técnica; creo que la claridad es necesaria inclusive para poder divulgar el mensaje: el mensaje deja de ser un privilegio y se vuelve un bien común.

      Su método de análisis de la literatura parte de la cultura hacia la realidad social y vuelve hacia la cultura y al texto. ¿Cómo es que explicaría ese método?

 A. C. –   Una cosa que siempre me preocupó mucho es que los teóricos de la literatura dicen que es necesario hacer eso, pero no lo hacen. No me considero marxista pero tengo mucha influencia marxista en mi formación y también de la llamada escuela sociológica francesa, que generalmente estaba formada por socialistas. Partí del siguiente principio: quiero aprovechar mi conocimiento sociológico para ver cómo eso podría contribuir para conocer lo íntimo de una obra literaria.

Al comienzo era un poco sectario, politizaba un poco de más mi actividad; después entré en contacto con un movimiento literario norteamericano, la nueva crítica, conocido como new criticism. Y ahí fue un “Huevo de Colón: la obra de arte puede depender de lo que sea, de la personalidad del autor, de su clase social, de la situación económica, del momento histórico, pero cuando ella es realizada, ella es ella: tiene su propia individualidad.

Entonces la primera cosa que es necesario hacer es estudiar la propia obra.

Eso quedó en mi cabeza, pero yo no quería abrir mano dada mi formación en sociales. Entonces es importante lo siguiente: reconocer que la obra es autónoma, pero que fue formada por cosas que vinieron de fuera de ella, por influencias de la sociedad, de la ideología, del tiempo, del autor. No es decir: “la sociedad es así, por lo tanto la obra es así”. Lo importante es cuáles son los elementos de la realidad social que se transformaron en estructuras estéticas. Me dediqué mucho a eso, tengo un libro que se llama “Literatura y sociedad” que analiza eso. Hice un esfuerzo grande para respetar la realidad estética de la obra y su relación con la realidad.

Hay ciertas obras en que no tiene sentido investigar el vínculo social porque ellas son pura estructura verbal; hay otras en las cuales lo social está tan presente – como “O cortiço” (casa miserable) de Aluísio Azevedo– que es imposible analizar la obra sin la carga social. Después, ya más maduro, mi conclusión fue muy obvia: el crítico tiene que proceder conforme a la naturaleza de cada obra que analiza. Si hay obras que piden un método psicológico, lo uso; otras piden estudio de vocabulario, la clase social del autor, también lo uso. Tal vez yo sea aquello que los marxistas vilipendian mucho, que es el ser ecléctico. Tal vez yo sea un poco ecléctico, lo confieso

. Eso me permite tratar un número muy variado de obras.

      ¿Para abordar la estética habría un método que sería mejor?  

 A. C. –  No privilegio. Ya privilegié: primero lo social, lo mismo que llegué a privilegiar lo político. Cuando era un joven crítico quería que mis artículos demostraran que era un socialista escribiendo con posición crítica frente a la sociedad; después vi que había poemas, por ejemplo, en los que no podía hacer eso.

Entonces pasé a otra fase en la que prioricé la autonomía de la obra, los valores estéticos; después vi que depende de la obra. Sin embargo, tengo mucho interés por el estudio de las obras que permiten ser abordadas al mismo tiempo interna y externamente. Mi fórmula es la siguiente: estoy interesado en saber cómo lo externo se transformó en interno, cómo aquello que es carne de vaca se vuelve croqueta.

La croqueta no es vaca, pero sin la vaca la croqueta no existe, pero la croqueta no tiene nada que ver con la vaca, solo la carne. Lo externo se transformó en algo que es interno. Ahí tengo que estudiar la croqueta, decir de dónde fue que ella vino.

      ¿Qué es lo más importante para leer en la literatura brasileña? 

 A. C. –  Machado de Assis. Él es un escritor completo.

      ¿Es el que a usted más le gusta? 

A. C. –  No, pero creo que es el que más se aprovecha.

      Entonces ¿cuál es el que a usted le gusta más?

 A. C. –   Me gusta mucho Eça de Queiroz; muchos extranjeros; de brasileños, me gusta Graciliano Ramos (creo que ya leí “São Bernardo” unas 20 veces, con mentira y todo). Leo a Graciliano mucho, siempre, pero Machado de Assis es un autor extraordinario. Comencé a leer con 9 años libros de adulto, y nadie sabía quién era Machado de Assis -solo en Brasil, y ni siquiera todo el mundo-, pero hoy es como un autor universal.

Él pasó la prueba del escritor grande: cuando se escribe un libro, es traducido y una crítica dice que la traducción acabó con la obra, es porque no era una gran obra; Machado de Assis, aunque esté mal traducido, sigue siendo grande. La prueba de un buen escritor es que aunque esté mal traducido él es grande.

Si dice “la traducción mató a la obra”, entonces es que la obra era buena pero no era grande.

      ¿Cómo llevar la gran literatura a quien no está habituado a la lectura

 A. C. –  Es perfectamente posible, sobre todo Machado de Assis. María Vitória Benevides me contó de una investigación hecha en Italia hace unos treinta años: aquellos magnates italianos, con una visión ya avanzada del capitalismo, decidieron disminuir las horas de trabajo para que los trabajadores pudieran tener cursos, se dedicasen a la cultura.

Entonces preguntaron: ¿Cursos de qué van a querer? Pensaron que los trabajadores irían a pedir cursos técnicos pero pidieron curso de italiano para poder leer bien a los clásicos. “La divina comedia” es un libro con cien cantos, cada canto con decenas de estrofas. En Italia -no soy capaz de repetir con exactitud- algo así como doscientas mil personas se saben la primera parte entera, cincuenta mil saben la segunda y de tres a cuatro mil personas saben el libro entero de cabeza.

Esto quiere decir que el pueblo tiene derecho a la literatura y entiende la literatura.

El doctor Agostinho da Silva, un escritor portugués anarquista que se quedó mucho tiempo en Brasil, explicaba a los obreros los diálogos de Platón y ellos lo adoraban. Hay que saber explicar, usar el lenguaje normal.

      ¿Usted cree que al brasileño le gusta leer?

A. C. –  No sé. Brasil para mí es un misterio. Hay editoras para todas partes, hay libros por todos lados. Vi un reportaje que decía que la ciudad de Buenos Aires tiene más librerías que todo Brasil. Se lee muy poco en Brasil.

Parece que el pueblo que lee más son los finlandeses, que leen 30 volúmenes por año. Ahora dicen que los libros se van a acabar, ¿no?

      ¿Qué cree usted?

 A. C. –  No sé. Yo ni tengo computadora. Las personas me preguntan: “¿cuál es su…?” ¿Cómo se llama?

      ¿E-mail?  

A. C. – ¡Eso! Mira, yo paré con el teléfono y la máquina de escribir. No entiendo de esas cosas; estoy alejado de todas las novedades desde hace más de treinta años. No me intereso por la literatura actual, soy un viejo caturra. Ya doné casi toda mi biblioteca, catorce o quince mil volúmenes; lo que hay aquí son libros para que las visitas vean, pero pretendo dar todo.

No vendo los libros, los dono. Siempre estuve en escuelas públicas, inclusive en la universidad pública, entonces es lo que puedo dar para devolver un poco.

Tengo la impresión de que la literatura brasileña está débil, pero eso lo creen todos los viejos. Mis antiguos alumnos -que me visitan mucho- dicen que está débil en Brasil, Inglaterra, Francia, Rusia, en los Estados Unidos… que la literatura hoy en día esta por los suelos. Pero yo no me intereso por novedades.

       ¿Qué es lo que lee hoy en día? 

A. C. –  Yo releo: historia, un poco de política… hasta mis libros de socialismo los di todos. Ahora estoy queriendo releer a algunos maestros socialistas, sobre todo a Eduard Bernstein (aquel al que los comunistas tenían odio).

Él era marxista, pero decía que el marxismo tiene un defecto: creer que la gente puede llegar al paraíso terrestre. Entonces, él partió de la idea del filósofo Emmanuel Kant de la finalidad sin fin. El socialismo es una finalidad sin fin: usted tiene que actuar todos los días como si fuera posible llegar al paraíso, pero no llegará; sin embargo, si usted no hace esa lucha, caerá al infierno.

Traducción: Waldo Lao Fuentes Sánchez

POSTA - postaporteñ@ nº695 - 2012-01-08 10:55:58
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REGALO DE REYES

Pensar lo poquito que falta para llegar al 1er. Mundo; el año se nos termino y estamos en veremos; bueno, no totalmente en veremos, porque estamos en caída libre hacia el cuarto mundo, es decir, por mis cálculos y como dice el presidente (los porfiados hechos), nos indican que:

La impunidad da tropiezos y el único resultado visible, según los porfiados hechos, es que se fortalece la institución de criminales a sueldo.
Se fortifica, no retrocede y muy orgullosos que están de ser los más temidos, los malos del pueblo y los poderosos (y justos), según ellos.

El paisito tiene trabajo, lo he encontrado por fin, en pleno desarrollo, en pleno vuelo, nos parecemos a Dubái,  los grandes mercados florecen como hongos, el capitalismo "como la gente" ya está en casa y llego para quedarse, hay trabajo basura y hay montañas de basura china, reclames que te venden todo barato en dólares, somos el país de la zona franca, de la droga, del narcotráfico y del asesinato de los comandos policiales en sus horas extras para la mafia, con sus pistolas Glock 9 milímetros, y su entrenamiento en las bases conocidas desde antes de la era Vietnamita. 

El color negro que Cristina y sus pajeros mentales ya no soportan.
Pero según nosotros....

Erase una vez un pueblo que vivía aterrorizado por el malo, el poderoso, musculoso, abusador aquellos pequeños y pacíficos hombrecitos que ni siquiera se atrevían a hablar, andaban siempre con las manos atrás para que el grandote abusador no creyese que lo estaban provocando al bracear normalmente; cada día se humillaban poniéndose aquellos uniformes negros, para estar bien presentables en su trabajo de sirvientes del poderoso...

y el poderoso reía, gozaba seguro de su fuerza, del miedo que imponía y de cómo poco a poco todo iba cambiando hacia su propósito de reunir mucho oro quitando horas de alegría a su pueblo, quitándoles el oro a través del trabajo esclavo, quitándoles todo, y tanto les había quitado que aquel pueblito ni siquiera se atrevía a soñar con  aquellos principios humanos por el que habían peleado...y perdido tanto, muchos de sus seres queridos , la propia vida; es decir tanto habían perdido que ya ni siquiera le quedaban esperanzas en el cuerpo y más aun cuando leían al regresar del trabajo aquellas implacables palabras:

"Aquí se viene a cumplir"


Y tanto era el miedo terrible a que estaba sometido el pueblito, que cada vez exigía mas y mas, el grandote cobarde con el alimento arrebatado crecía y engordaba en su palacio, su alimento era siempre el mismo; oro y sangre.

Se sabía impune para siempre jamás, tanto, que ya ni siquiera pedía; solo insinuaba que... y sus sirvientes que se habían acostumbrado a tenerlo saciado, ya arrebataban sin piedad el alimento a su propio pueblo para el cobarde abusador


El pequeño pueblito ya había sido tan despojado y abusado que ni siquiera le quedaban esperanzas en el cuerpo....hasta que un día algunos hombrecitos, tan insignificantes que nadie había puesto atención en ellos, cansados de tantos abusos decidieron tomarse la venganza

Nadie dijo que él lo haría, ni siquiera dijeron día u hora; pero lo, es que  cierto crepúsculo, cuando el sol ya se había ocultado en el horizonte y el gigante abusador gozaba con el sueño de los justos, los hombrecitos del pueblo y sus mujeres abusadas...se tomaron los  carros rusos (armados en Brasil) y atacaron al gigante, quien cayó herido de muerte por su propia soberbia.

RICARDO PERDOMO - postaporteñ@ nº694 - 2012-01-07 07:19:44
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MARIO LANDABURU: El Sentido del Coraje Civil

Si uno tuviera que hablar del humor del General San Martín, estaría fuera de lugar, hablaría de su probidad y seguramente de su coraje, en realidad, como dirigía un ejército, el coraje se traduce en términos de audacia de la táctica.

Pero hablar de un General de los derechos civiles, humanos, sería una contradicción. 

Aunque, si esta imagen se impone al pensar en él, debería buscarle un sentido. 

¿Qué  fue la existencia de Mario Hugo Landaburu?

En pocas palabras, un general gigantesco como Frankestein, cuya arma principal era la risa que se escuchaba tronar desde el fondo del abismo.

Y cosa tan extraña, tierno hasta el infinito con los compañeros, dueño del fogón de las anécdotas, así a cara descubierta, grande y barbudo hizo temblar a los burócratas cómplices enfrentando en propia cara a todo genocida en ejercicio.

Quiero decir que no es tan irreparable que se haya muerto porque cumplió en vida todo lo que la Revolución podía pedirle a su persona privada y nuestro terrible siglo pasado se compensa con haberlo tenido en sus entrañas.

Así que luego de muchos años me encuentro con la semi tristeza de que no escribo mejor que antes, y lo mejor que tengo para atestiguar sobre Landa, es la experiencia íntima de la prisión compartida, cuando yo era un estudiante y él ya un gigante y tuve el privilegio de compartir la prisión con todos esos compañeros, porque no hay Landa que se pueda pensar sin compañeros, y ser uno de los pocos que sigue vivo.

Y, mientras pasaba lo que pasó, lo fui anotando como en un diario íntimo, y aquí está en el Capítulo XVI de Morir en París, para vivirlo a su lado, como si uno se transportara dentro del pabellón de la cárcel de Devoto en 1969, durante la dictadura de Onganía y él todavía vivo estuviera haciendo lo que hacía.

 Tobal

 

XVI. La intimidad de los verdugos

 

Espiando por el tragaluz del pabellón, un negrito hachero de La Pampa, cuya familia –en el monte- no supo que lo llevaron preso, se dio cuenta de que los martes temprano, a la mañana, cuando nuestras mujeres entraban a la cárcel para depositar viandas y cartas, recorrían fugazmente el sendero descubierto que va desde la playa de estacionamiento hasta la oficina interna donde dejaban los paquetes.

Entonces, cuando se aproximaba el momento, alguien se trepaba en el pasante alto de la cucheta lindera a la claraboya, reconocía a la mujer o madre que estaba pasando e iba nombrando al preso correspondiente.

Éste se escabullía hacia el patio de recreo, apoyados en el alambrado podíamos ver a la distancia y ser vistos por ellas.

Acontecía fuera del horario autorizado y apoyábamos todo el cuerpo sobre el alambrado. Intercambiábamos miradas sigilosas.

Las mujeres, mientras caminaban, regulaban el ritmo de modo de prolongar la visión sin que los celadores se percatasen. Una ramita de oro flotando en lo invisible.

La Maga se veía patética con esa banda de tela que les obligaban a engancharse en el borde, para estirar las polleras y poder circular dentro del penal, sin mostrar ningún pedazo de pierna apetecible.  Estaba adelgazando.

Me miraba con una tristeza que yo no alcanzaba a descifrar. Parecía una viuda italiana soportando una culpa ignorada. Era increíble la potencia que llegaba a adquirir la mirada. Divisaba cada rincón de su piel, leía el lenguaje de todos sus gestos.

La situación era esencial, ¿cómo explicarte? No sólo por amor. Si prestás atención, notarás que a los presos se le apoca la mirada, bajan la voz. Es por la carencia material de horizonte, el mundo se achica, concretamente. Entonces, la posibilidad de mirar a lo lejos hacía a la dignidad.  Ellas eran nuestras visitadoras oficiales.

Cuando ingresamos nos habían ordenado que llenásemos un formulario con la lista de nombres  propuestos para que vinieran. El Colo me advirtió:

-El que pongas en la lista queda ligado a tu destino.

Los  presos lucíamos aspecto uniforme de crotos gesticulándole al viento.

El tráfico de internos caminantes se entremezclaba en el recreo. Avanzábamos en parejas, desde el alambrado a la pared, de un alambrado a otro, ida y vuelta.

Nos cruzábamos con distinto apresuramiento. Alguno se detenía con la cara fija al sol. Luego de las dos horas, terminaba el recreo y el patio se quedaba solo.

Lo más difícil al principio, te confieso, era tener que ir al baño en público: decirte ir es un eufemismo, porque el inodoro estaba elevado, plantado en el sitio más visible del pabellón. Lo instalaron ahí para que siempre sintamos la mirada del guardia.

El hall intermedio entre el F y el G, nos convertía en panóptico: cada resquicio del pabellón podía ser vigilado por el guardia desde afuera, a través de la reja con un mero movimiento de ojos.

La luz  estaba encendida las veinticuatro horas.

Hubo noches en que me desperté, se veían cuerpos gimiendo a destiempo, un dormir roto como si remaran o tuvieran hambre. Los bultos de un campo yermo cuando terminó la batalla, la antesala de la inútil espera.

El vigilante que nunca dormía, se paseaba del otro lado. Alguien discutía en sueños. La sombra de las cuchetas se estiraba sobre las baldosas.

                El Gordo, sin embargo, actuaba con el desparpajo que usaría estando solo, estaba sobre el escenario de un teatro vacío. Andaban juntos, con el Colo, todo el tiempo, eran opuestos complementarios como Abbot y Costello.

                Cuando el gobierno mandó ocupar el edificio de la Federación Gráfica Bonaerense, lo habrás leído, metió preso lo que pudo encontrar.

Bueno... se encontraron todos acá, circulaba un semanario de la CGT de los Argentinos, recibían cartas de Ongaro que estaba aislado en la cárcel de Caseros y recurría a faraónicas citas bíblicas para armonizar su línea combativa con la de Perón. También, pusieron adentro a algunos empleados del vandorismo (no sé por qué), reciben de Perón sus propios alientos. El Gordo dijo:

-El peronismo tiene tantas caras que engloba a sus propios traidores.

Pero, en el trato, era distinto  un traidor a un delator; o  un fascista.

Una vez en la Sala de Abogados hubo confusión  en la entrega del correo secreto que traían los abogados.

El Gordo volvió conteniendo la risa, traía varias cartas metidas en la panza. No dijo nada, le hizo una seña al Colo y estuvieron mucho tiempo trabajando camuflados entre las cuchetas. Se había escamoteado la última carta de Perón a los vandoristas y también una de Ongaro. Junto al Colo, invirtieron los destinatarios de las respectivas cartas, falsificando parte del texto. El Gordo tenía un plan, explicó:

-Perón tiene como táctica decirle a cada uno lo que quiere  escuchar. Autoriza, o simula autorizar, a cada fracción contraria a actuar según sus intenciones.

Después de la falsificación, el Gordo hizo circular las cartas como si vinieran de afuera.

Al invertir los destinatarios y acomodar el contenido, resultaba que Perón le ordenaba a los vandoristas, que eran colaboracionistas de Onganía y alimentaban, en secreto, un peronismo sin Perón, impulsar la huelga general por tiempo indeterminado en pro de su retorno.

Y a los combativos, les pedía desensillar hasta que aclarase.

Lo más difícil fue encontrar las citas bíblicas que justificaran la extraña conciliación que iban  a encontrar en la simulada carta de Ongaro, sometiéndose al General.

El conflicto iba a saltar cuando los destinatarios, obedeciendo las instrucciones, argumentaran en público el cambio radical de rumbo y trataran de mantener la coherencia con sus posiciones anteriores. Desde nuestras cuchetas espiábamos, reprimiendo la risa, las agitadas reuniones de bloques, que se sucedían entre las camas, en voz baja y con pronunciadas gesticulaciones, luego de que recibieron las cartas.  

Fíjate lo que estoy leyendo: Milena Jesenská, la amante de Kafka, estaba presa de los alemanes en el Campo de concentración para mujeres de Ravensbrück. Su salud terminó aniquilada.

Hacía algo arriesgado que cuando me enteré me pareció extraño: violaba inútilmente  pequeñas normas de comportamiento cotidiano que los nazis reglamentaban con meticulosidad. Ahora sé, esas transgresiones son rincones de libertad gracias a las cuales uno se mantiene entero. El resto es cuestión de tiempo, de técnica o de recursos  materiales.

Te lo digo pensando en nuestra diminuta escapada al alambrado para divisar el paso de las mujeres.

Era distinto a las visitas semanales que estaban dentro del régimen.  Supe, a partir de la ironía del Gordo que los guardias nos temían. El Gordo mostraba un humor que rendía frutos inmediatos. La ironía servía para negociar con el enemigo.

Cualquiera podía quedar hecho una caricatura. No era lo mismo Dimitrov que Richard Sorge que era espía. Cada compañero arrastraba un mundo, la revolución necesitaría una fábrica de estos hombres poderosos distribuidos por el territorio.

El gobierno preparó las cosas con tiempo. Decretó el Estado de Sitio y en una operación militar los encerró velozmente a todos juntos. ¿Qué pasaría si el movimiento fuera inverso y estos se sueltan, crecen y se organizan?

En la mañana de un martes, los funcionarios de la prisión descubrieron nuestra escapada al cerco de alambre: lo único que hacíamos era cambiar con las mujeres miradas a la distancia, algún imprudente aislado pudo haber lanzado un grito que se perdió en los jardines; y ellas demoraban el paso prolongando el instante.

De inmediato las autoridades clausuraron la puerta y mandaron una especie de pelotón que impedía la salida y suspendieron en la mitad la entrega de paquetes. No se habló. A la semana siguiente, alguien consiguió trabar la puerta del patio para que pareciera cerrada pero que pudiéramos abrirla.

A la señal, salimos en malón hacia el lugar prohibido, las mujeres estaban a la vista. Hubo urgente movimiento de guardias.

Teléfonos que sonaban.

Estaban consultando, suponíamos que iban a tratar de evitar una situación de represión abierta por la repercusión externa.

Efectivamente, vinieron a parlamentar. Entró un señor bajo, más bien calvo, de ojos saltones como si tuviera un problema de tiroides, bigotes muy angostos recortados por sobre los labios, alguna tintura anticanas. Lucía uniforme verde musgo, cantidad de charreteras y cordones rojos, anaranjados desde la hombrera hasta la axila, el torso recto. No pudo habérselo puesto para la ocasión.

Era la máxima autoridad de carrera dentro de la institución, sin contar el Director que vestía de civil.

Entró rodeado de pocos guardias, como diciendo:

-Muchachos, por favor, ¿qué están haciendo?

Uno podía sentir el honor de su cordialidad, la magia de las relaciones diplomáticas.

El funcionario estaba conversando en medio de los presos viejos. En estos casos siempre se empieza por  las razones formales. Estaba Calypo, un gigantón de la Gráfica, especie de Troilo grandote, canoso, oscuro, de dedos larguísimos que lo medía desde arriba. Ongaro era la mística, pero la organización del sindicato era Calypo. Tenía la costumbre de despertarnos muy temprano para sostener el ánimo, nos gritaba:

-¡Pichinotos!

El pabellón arrancaba como un tren a la hora que él decía y nadie se molestaba por eso. Al carcelero le tuvieron que haber avisado:

-Si te mira, cuídate.

Ferrarese de Farmacia, ladero de Di Pasquale dormía en nuestro pabellón.

Estaba con musculosa. Calvo y peinado a la gomina; se rascaba la panza, pensativo. Seguía con los elementos de hacer mate en las manos. Di Pasquale, astuto y jovencito, desde su pijama celeste, se reía ante la cara inquieta del funcionario. Landaburu, el abogado preso de Ongaro; alto y gris, miraba desde atrás.

La barba manchada de nicotina, le faltaban dientes adelante y la voz le salía algo seseada. Jugueteaba con un cigarrillo apagado para dejar de fumar. Tenía por costumbre reírse de  pequeñas ocurrencias, luego las repetía para sí, por lo bajo, y se volvía a reír.

Algo irresponsable,  discutía con el Gordo si bautizar al señor de “Sapo Cancionero” o “Pájaro Arañero”. Te conté que llevaban registro de todos los sobrenombres; creo que hablaban alto a propósito. La tensión se cortaba con un hilo.

En eso apareció Sebastián Borro, no sé si te hablé de él. Mediano, desgarbado, voz de tango, tampoco se sacaba el pijama. Arrastraba las pantuflas de tela de toalla y los presos fueron haciéndole lugar para que avanzara.

Llevaba el pucho entre los dedos con el brazo elevado en V, como si quisiera ahorrarse el  movimiento de bajarlo. Fue de los que puso el pecho en la Libertadora. Imagínate esa pintura de Goya, que es como una instantánea, en el que un hombre desafiante, abre sus brazos frente a la boca de los fusiles militares. La escena está dominada por el blanco de su camisa, que inmediatamente -pero fuera del cuadro- va estar inundada de sangre.

 Sindicalista de los Mataderos y diestro con el cuchillo. En la época de Frondizi, participó en la dirección de la huelga de los frigoríficos.

Les aplicaron el Plan Conintes. En un momento, Frondizi los llamó a negociar. Estaban reunidos en  la Casa Rosada y Borro, le dijo al Presidente:

-¡Usted es un hijo de puta!

El Presidente se tomó tiempo paras pensar, luego con la mano sobre los papeles, contestó:

-Eso no está en discusión...

No distinguí exactamente las palabras que intercambiaban con el funcionario, el grupo a su alrededor se había hecho compacto y no pude filtrarme.

Había algo claro: a ellos, dejar que miremos no les costaba nada. Por los gestos, pareció que el señor quiso mantenerse firme y del otro lado del alambrado, simultáneamente, se desplegaron guardias.

Las mujeres observaban a medio camino con los paquetes en la mano. El filo del silencio pareció detener el tiempo. Todo se vio paralizado  mientras Borro lo miraba en diagonal, como midiendo el intersticio por dónde meter la cuchilla y le dijo:

-¡Usted es un verdugo!

Le arrimó la boca grande, la cara de Borro tenía algo de pato, el Funcionario lo debió haber vivido como un sapo que de golpe le salta al cuerpo.

  Su calor lo tomó de sorpresa. El penitenciario era más petiso y Borro, al hablar, le despedía saliva a la altura de los ojos. Borro le espetaba, se le enronquecía la voz, no le alcanzaba la garganta para argumentar tanto desprecio.  Finalmente en un disparo de sinceridad, Borro encontró la palabra, le dijo:

-¡Verdugo! ¡Verdugo!

Cogido en una intimidad inesperada, el funcionario perdió la compostura.

En esos segundos se escucharon los latidos de las intenciones; y al señor -preso de las miradas, de las respiraciones y los alientos-, una sombra vacilante le inflamó las protuberancias de la cara.

 De repente se sintió rehén de oscuros resistentes peronistas y no tan peronistas. Estaba desnudo en medio de la ceremonia, titubeando algunas palabras incoherentes, arrepentido de haber entrado, fue acercándose de espaldas a la puerta intermedia.

Se apuraron en echar llave a las rejas, detrás de ellos. Hicieron salir a las mujeres. Retiraron las tropas. Desaparecieron los guardias de los corredores.

Éramos, es un decir, dueños del sitio.

Comenzamos a cantar, nos abrazamos. Los compañeros sacaron los platos de aluminio para golpear contra las mesas.

Hacían ruido con lo que sonara, lo que se llama una murga: cuarenta gritan en un canto y otros cien del pabellón de enfrente. Raspamos las rejas al ritmo y aparecieron más elementos. Se iban sumando los habitantes de celdas vecinas.

Luego se distinguió llegando desde lejos, cada vez más y más clara, la voz de los presos comunes:

-Onganí-Onganí-Onganí-aá: La puta que- te  parió

Te voy a contar: desde que recuerdo, juego con la idea loca y errante de que soy al mismo tiempo otro. Pienso en los secretos que papá renegó en Nueva York.

Cuando era chico, no terminaba de compenetrarme en el hecho de ser alguien. Tampoco puedo dejar de saber que caí dentro de una historia por venir que estoy viviendo desde el comienzo.

Me aparece, en medio del barullo, la imagen de un hombre de edad indefinida que sale a navegar. En la bahía, la brisa le acaricia la cara.

Sus sentimientos van repartidos en la marca de espuma revuelta que va dejando la lancha al alejarse.

Por alguna razón se ubica esta vez en la proa tensa sobre el agua. Necesita erguir el cuerpo como una bandera y recibir el abrazo del viento completamente en el pecho. Detrás de los hombros, dos manos se van filtrando

 del libro "Morir en París", de Carlos Tobal, editado por Libris (Longseller)

ToBaL - postaporteñ@ nº694 - 2012-01-07 07:15:17
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Derechos Humanos: Historia y Sentido en el Concepto Peronista (1)

Por ANTONIO ÁNGEL CORIA*

 

Desde que el Peronismo ingresara a la historia de nuestra Patria de la mano de Perón, Evita y los trabajadores, dejando sentado como premisa que “…es demasiado duro el clima de injusticia para condenar al Hombre a vivir en él…”, inaugurando en Argentina la era de la Justicia Social y al considerarse como lineamiento de principios con qué transitar la venturosa senda abierta que “…no pueden ya, ser factores coexistentes en el Mundo la miseria y la abundancia, la paz y la guerra”, consecuentemente quedó como sino definitorio del ideario peroniano “…que el trabajo, el pensamiento libre y la construcción constante, sean los derechos humanos que nos acerquen al progreso, a la civilización y su estabilidad” (Perón, 6.VII.47).

Ahora que estamos en aprestos para celebrar el bicentenario del primer gobierno que tuvimos los argentinos en las por entonces llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata – y como hasta hoy, oficialmente, se designa nuestro País y su gobierno (art. 35, Constitución Nacional) – bueno es reseñar que ese tránsito no fue sin dolor.

Es que, a lo largo de la Historia, la conquista de derechos por los pueblos y en especial de la clase trabajadora, no fueron simples concesiones de la “clase de los oligarcas explotadores” (Eva Perón).

  En la experiencia argentina, ya desde 1813, cuando se habla que libertos serán los hijos de esclavos a partir de entonces, está documentado que los poderosos no se desprenden fácilmente de la “herramienta” – por esos tiempos los esclavos; más acá los cabecitas negras – que les permitió amasar fortunas y hacerse dueños de la tierra, el comercio y las vinculaciones de ultramar.

Martínez de Hoz, Álzaga, Pueyrredón, Luro, Anchorena, Mitre, Patrón Costas, Bunge y Born, Santamarina, Menéndez Behety, componen junto a otros no menos conocidos el ábaco que desde la colonia a hoy, aparecen vinculados al tráfico de esclavos, a la leva guerrerista para diezmar el patriotismo paraguayo, a la segregación de negros en San Telmo para salvar los blancos de la fiebre amarilla, al genocidio y usurpación de tierras a los aborígenes, a los crímenes en los Talleres Vasena, a la explotación en los ingenios y quebrachales, a la matanza de obreros en la Patagonia, a la desaparición de 30.000 compatriotas, al saqueo y eliminación de la estructura teórica y física del estado nacional.

Todo, con un soporte político, cultural y militar cipayo conformado como superestructura política del poder y la dependencia del gran capital transnacional.

Todo, hasta el 17 de Octubre de 1945.

Todo, hasta que, en el decir de Raúl Scalabrini Ortiz,  “el subsuelo de la Patria sublevado” decide amasar un mundo nuevo.

Instalado el gobierno de Perón y Evita, sus realizaciones gloriosas fueron posible merced a la movilización, organización y solidaridad popular de respaldo a medidas oficiales, más también, que planteó avanzar en todo lo necesario para liquidar el oprobio de la explotación y la dependencia.

Así fue como el 11 de marzo de 1949, con la reforma constitucional, quedaron consagrados derechos y principios que a esta época celebratoria del bicentenario de 1810, mantienen intacta vigencia como “los derechos humanos que nos acerquen al progreso, a la civilización y su estabilidad”.

Sin embargo, todas las acciones de justicia social, de independencia económica y de soberanía política adoptadas para la construcción de una nueva Argentina, más el prestigio con que nuestro país revertía en el concierto de las naciones y particularmente en América Latina nuestra historia anterior, ésta siempre ligada a los intereses imperialistas,  puso en funcionamiento la maquinaria del odio y la traición.

El imperialismo, la oligarquía y sus sirvientes de la partidocracia comienzan a dar rienda suelta a sus designios con la intentona golpista de 1951; con su tenebroso “viva el cáncer” pintado en paredones los días de agonía de la Inmortal Abanderada de los Trabajadores; con el criminal sabotaje en abril de 1953 en los subterráneos de Buenos Aires; con el artero y ruin bombardeo sobre Plaza de Mayo en junio de 1955, hasta que el golpismo cívico militar resulta triunfante en septiembre del mismo año concretando la restauración oligárquica.

Durante las jornadas de combates por este suceso, los asesinos hacen confesión pública: resultado del “movimiento revolucionario iniciado por la marina de guerra el 16 de junio, que tuvo comienzo a las ocho de la mañana”, fue el asesinato “de cuatro mil quinientos obreros”.

Así se difundió desde la radio rebelde instalada en Puerto Belgrano y quedó documentado en la publicación “Radio Base Naval Puerto Belgrano – La voz de la libertad” (págs. 75, 98, 129 y 135, 16-23/IX/55), como testimonio oficial de la Armada, impresa en los talleres gráficos del por entonces identificado como R.A.A.1 de infantería de marina, en noviembre de 1955.

Y pese a que a los “elementos civiles irresponsables (que) pretenden alterar el orden en la vecina ciudad de Punta Alta… el comando de marina (les) advierte que a la primera manifestación de hostilidad se procederá a implantar la ley marcial… (que) autoriza a las autoridades militares a pasar por las armas a los culpables que no se entreguen a la primera intimación…”, págs. 20 y 21 del documento citado precedentemente, la Resistencia Peronista no se amilanó.

A la política represiva que a sangre y fuego, con cárceles, proscripción y exilio, con secuestros de personas, tortura y fusilamientos, con elecciones anuladas y mentiras enseñadas desde la cátedra como verdades irrebatibles desatadas por el gorilaje con el apoyo propagandístico de La Nación, La Prensa, La Nueva Provincia, etc., le respondió la Resistencia.

Con miles de acciones – sabotajes, huelgas, volanteadas, periódicos, conferencias públicas o clandestinas, golpes “comando” – innúmeros hombres y mujeres activistas a lo largo y ancho del País no dieron tregua a los tiranos.

De alguno de sus archivos, atesorado por más de medio siglo, se rescata una declaración dando cuenta que “no crean (los golpistas) que el 1º de Mayo (de 1958, en que asumiría Arturo Frondizi) haremos borrón y cuenta nueva… todavía nos quedan energías para exigir el juzgamiento de los fusiladores y el proceso a los culpables de la devastación argentina”. Lo firmaba en Punta Alta la “Agrupación Popular” el 21 de abril de 1958.

Ilusos fueron quienes creyeron que el nuevo gobierno constitucional cambiaría el rumbo represivo desatado por los tiranos Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas. De este período, el “Diario de Cuyo”, publicado en San Juan, en su edición del 15.VI.95, en su pág. íntegra, reproduce recuerdos del escribano Roque Gallerano, ex ministro peronista de Bienestar Social en la provincia cuyana, acerca de los dramáticos momentos de su condena a muerte dictada por Alejandro Gómez (5.XI.58), en ocasión de reemplazar éste en su cargo a Frondizi, a la sazón en Estados Unidos de visita al FMI.

Gallerano habló en el diario de la “veintena de peronistas, comunistas y socialistas” que el vice presidente había ordenado detener por la Policía Federal y “arrojar desde un bombardero en la cordillera de los Andes, punto culminante de un plan general de ‘purga’ de dirigentes provinciales concebidos desde la Nación”.

Al contrario del “arrepentido” Scilingo, condenado a perpetuidad y preso en España por los “vuelos de la muerte” durante la tiranía desatada el 24 de marzo de 1976, el piloto del bombardero en que debían trasladar y arrojar al vacío los prisioneros, en presencia del gobernador Américo García contestó a sus superiores, según el relato de Gallerano: “disculpe, pero yo no soy un criminal… ¡no voy a cumplir la orden!”

Y fue durante la presidencia de José María Guido, un títere de militares dispuestos a impedir que el  peronismo se expresara electoralmente pues eran seguros sus triunfos, que son secuestrados por la policía de la Provincia de Buenos Aires, Ector Maximiano (o Maximiliano) Mendoza y Felipe Vallese; ambos, emblemáticos militantes obreros y peronistas, son salvajemente torturados: tras ser destrozado en la tortura, Maximiano es arrojado al vacío desde los techos del último piso de la ex cárcel de Caseros en la Capital Federal (Diario Democracia, 19.VI.62) y hasta la fecha, Vallese permanece desaparecido (Rodolfo Ortega Peña – Eduardo Luis Duhalde, “Felipe Vallese, proceso al sistema”, Ed. de la U.O.M., 1965).

En aquellos destacados activistas, el gorilismo cívico militar buscó  castigar al Movimiento Peronista por el aplastante triunfo del obrero textil Andrés Framini, como candidato a Gobernador en las anuladas elecciones del 18 de marzo anterior.

La larga cadena represiva cuyas víctimas eran trabajadores o militantes sindicales, no se interrumpe en el gobierno constitucional de Arturo Ilia – quien en las jornadas golpistas del 16 de septiembre de 1955 tuvo parte activa en Córdoba – y así es como el 21 de octubre de 1965, durante un acto y movilización de la C.G.T., caen abatidos por las balas policiales José Gabriel Mussi, Ángel Norberto Retamar y Méndez.

Fue la tiranía surgida el 28 de junio de 1966, sucesivamente encabezada por los generales Onganía, Levingston y Lanusse, la que amplió el espectro de la represión hasta entonces practicada con objetivo principal sobre los peronistas, colocando ahora en la mira de los sicarios a los estudiantes.

La herencia que dejaron entre muertos y desaparecidos del campo popular, fue un total de poco más de tres mil víctimas (la documentación del caso estuvo a cargo de la EUDEBA, dirigida por Arturo Jauretche, en tiempos que el Profesor Rodolfo Puiggrós era el Rector de la UBA).

Entre aquellas, los Fusilados de Trelew del 22 de agosto de 1972. Han pasado 38 años y recién ahora, por aquellos crímenes, la Justicia ha capturado y juzga a los siniestros infantes de marina Sosa y Bravo, autores materiales del asesinato.

Por reciente, partiendo del supuesto que es ampliamente conocido, no haremos referencia al resultado de la tiranía militar iniciada por Martínez de Hoz, Videla, Massera y Agosti el 24 de marzo.

Sólo recordaremos, como síntesis, que en aplicación de la política de terrorismo de estado con que el golpismo buscó afianzar el proyecto del imperialismo y la oligarquía de mantenernos colonia y explotados, se encarceló millares de ciudadanos, se produjo el exilio en masa, centenas y centenas de hombres y mujeres cayeron vilmente asesinados y el secuestro y desaparición de otros 30.000 – por  los que no dejaremos de reclamar Justicia – es llaga viva en la conciencia del Pueblo argentino.

En la celebración del Bicentenario, para nosotros, habrá motivos siempre y cuando no se abandone la actual búsqueda de la verdad sobre responsabilidades de la represión contra el campo nacional y popular durante el más de medio siglo último.

Liquidando la impunidad de los genocidas que vienen de lejos (J.D. Perón, en “Latinoamérica ahora o nunca”, pág. 30; Ed. Realidad Política; 1965) dejaremos de andar, como planteaban Evita y Perón y nuestros mártires, sometidos a “la libertad de quienes la usan para hacernos esclavos o siervos” (Eva Perón, “Mi mensaje”, Ed. Futuro, 1994).

Que es como sostener y defender los derechos contemplados en los tres principios que nos llevarán a construir la sociedad y el País que todos anhelamos y por el cual luchamos: JUSTO, para eliminar las desigualdades sociales; LIBRE, para construir su destino de grandeza; SOBERANO, para decidir sobre su desarrollo en beneficio de la Nación y la Humanidad.

28.11.2010, en Neuquén, Argentina

 

 

[1]- En “Bicentenario de la Revolución de Mayo y la Emancipación Americana”, dirigido Por Marco A. Roselli,  Ed. del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, abril 2010, pág. 335.

 

* Nacido en Puerto Belgrano, Provincia de Buenos Aires hace 70 años, militante en la Resistencia, cursó estudios secundarios en Punta Alta y Olavarría.

Fue empleado de comercio, gráfico y periodista.

Activista y dirigente gremial en la Sexta y Séptima Sección Electoral de su provincia natal (en la última, fundó gremios) y también en la Provincia de Neuquén, donde vive actualmente. Estuvo entre los fundadores del “Centro de Estudios Argentinos Raúl Scalabrini Ortiz” (1960) del cual fue su primer Secretario General, en Punta Alta. Integró el C.de.O. de la Juventud Peronista (1963) y fue miembro de la Mesa Nacional del Movimiento de la Juventud Peronista (M.J.P.) en 1964, Año del Retorno de Perón a la Patria. Participó de la organización y fundación de la “62 Organizaciones Gremiales de Pié Junto a Perón” (1965) y de la “C.G.T. de los Argentinos”.

Fue trabajador de prensa (Tribuna, El Popular, El Mensajero, Noticias y Río Negro en Argentina y Diario Cambio, en México) y participó de la edición y fundación de varias publicaciones (Resistencia; Tribuna Libre; El Militante; Latitud Sur, Volveremos), perseguido por las “tres A” y los militares golpistas, vivió exiliado (12 años) en Perú y México, período que integró el Movimiento de Unidad Latinoamericana.

Fue dirigente provincial del PJ en Neuquén (1965). Actualmente es trabajador No Docente en la Universidad Nacional del Comahue, desde donde continúa su militancia gremial, colabora en Radio Comunidad “Enrique Angelelli”, integra el Foro Ciudadano de Defensa de la Democracia en Neuquén y forma parte del Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, del que es Delegado en la Región Comahue

NEGRO CORIA - postaporteñ@ nº694 - 2012-01-07 06:58:47
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EN MEMORIA de Luis Benencio (11/2/1945 - 28/12/2011)

UN LUCHADOR POR EL CONTROL OBRERO

DE LAS CONDICIONES DE TRABAJO

 

 

por Eduardo Gurucharri

 

Quiero despedirme de Luis. La noticia del fallecimiento me llegó el 29 de diciembre por la tarde, horas después de la ceremonia en el cementerio de la Chacarita, comunicada apenas la recibió con atribulada sorpresa por nuestro común amigo Abel.

Y quiero despedirme de Luis, y recordar a Susy y al Polaco, porque durante un período mantuvimos una intensa relación.

"La primera experiencia en nuestro país de control obrero de la seguridad e higiene", aseguraba una larga nota sobre la lucha de los trabajadores de los astilleros navales Astarsa, publicada en 1974 en el "El Cumpa", un periódico para el frente sindical que promovía el MR17 (Movimiento Revolucionario 17 de octubre), la organización donde yo militaba.

No podía saber entonces que en 1988 conocería a Luis Benencio, el responsable de aquella primera comisión obrera de control de las condiciones de trabajo, la que por cierto fuera impuesta a la patronal de Astarsa por sus trabajadores, que se declararon en huelga, ocuparon la empresa y retuvieron personal jerárquico indignados por la muerte del obrero José María Alessio en un "accidente de trabajo" que no era tal, sino un hecho previsible y evitable.

Cada barco que se construía en el gran astillero del Tigre se llevaba por lo menos la vida de un obrero. Lo diferente fue que en mayo de 1973 los trabajadores dijeron basta. El conflicto coincidió con la asunción del gobierno por Cámpora, lo que contribuyó al rápido triunfo de la huelga.

La comisión de control duró hasta el 24 de marzo de 1976. Durante ese período, ningún obrero dejó su vida en Astarsa por accidente de trabajo. Tampoco en Mestrina, el otro astillero importante de la zona.

Producido el golpe (1976), los dos establecimientos fueron ocupados militarmente. Sesenta trabajadores fueron secuestrados.

Treinta permanecen desaparecidos.

La represión distó de ser al voleo. Los militares disponían de listas confeccionadas por la patronal y por elementos del sindicato naval del Tigre, que se mantenían allí por el fraude electoral y la complicidad estatal.

Cito a Benencio en un reportaje reciente que contestó a Página 12: "No se entiende la represión en Astarsa, si no se entiende qué fue el control obrero de las condiciones de trabajo: nosotros decíamos qué era salubre y qué insalubre en cada lugar, lo mismo sucedió en Mestrina y así durante tres años, y eso que es un tema que siempre fue vendido y entregado por la burocracia sindical".

Luis y su amigo el "Polaco" Rubén Díaz, delegado en Mestrina, eludieron la represión. Tiempo antes del golpe, en prevención dejaron de concurrir a sus trabajos y se ocultaron. Como la mayoría de la militancia naval del Tigre, se habían vinculado con la Juventud Trabajadora Peronista en 1973.

Vuelvo a citar a Luis. En 2006, durante una charla ante un centenar de docentes, en el marco del IX Encuentro Nacional de Historia Oral, un asistente preguntó por la influencia de Montoneros en la agrupación sindical y él respondió:

"Hay una subestimación de nosotros los laburantes que se da seguido (...) Cuando me invitan a hablar, me dicen ‘Bueno, pero ustedes fueron, digamos, captados por los Montoneros y después a partir de ahí hicieron todo lo que quisieron’.

Yo no me sentí jamás así. En el caso nuestro no pasó nada de eso.

¿Por qué? Primero porque como les confesaba recién, yo aprendí a pensar, también, no mucho, pero un poquito, y eso me posibilitó poder discernir qué era lo bueno y qué era lo malo para mí.

Lo que pasó concretamente con Montoneros, teníamos una ambivalencia ahí (...) Porque nosotros duramos tanto y tuvimos tanta fuerza y pudimos hacer lo que hicimos, no porque éramos valientes, sino porque también había un miedo hacia nosotros, que si a nosotros nos pasaba algo iba a intervenir la organización.

Y lo segundo y que es lo central para mí (...) es que nosotros, cuando se acerca la JTP y empezamos a transitar el camino, nada fue fácil, fue una discusión muy, muy grande (...) Los que sabíamos lo que había qué hacer dentro de fábrica éramos nosotros. Digo: ¡no nos subestimen tanto!"

En este punto conviene aclarar que Luis no fue un obrero formado en el peronismo revolucionario. De origen muy humilde, recibió inicialmente influencias clasistas a secas. Pasó por la izquierda peronista en el momento de auge, pero fue ante todo un militante social. Ejemplar, indispensable, casi huelga decirlo.

Al "Polaco" y a Susana Togno también los conocí en el 88, junto con Luis. Ellos ya habían fundado el Centro de Estudios del Trabajo (CET), dedicado a promover la formación e intervención de los trabajadores en el control y mejoramiento de sus condiciones de trabajo. Susy era fonoaudióloga - la hipoacusia laboral es moneda corriente en la industria - y contaban con otros profesionales comprometidos y expertos como el ingeniero Carlos Vaca y el médico Abel Bohoslavsky.

Gabriel Fernández y Vivian Elem, por entonces editores del periódico de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, diseñaban el boletín CET.

En 1988 la ONG pasó a contar con una pata en el estado.

Transcurrían los comienzos reformistas de la gobernación Cafiero (a su ministro Luis Brunati, la Bonaerense le tiroteó el despacho respondiendo al primer intento de reformarla) y Vaca, más el licenciado Guillermo López Bentos y yo, durante un tiempo quedamos a cargo de la Inspección de Higiene y seguridad en el Trabajo en la provincia de Buenos Aires, donde logramos algunos avances merced a la colaboración del cuerpo de inspectores y el apoyo de cargos superiores.

Fueron años de intensa actividad, sobre todo en capacitación obrera en sindicatos. Pero remábamos contra la corriente. La hiperinflación y la necesidad de defender las fuentes de trabajo absorbían las mejores intenciones y el triunfo del neoliberalismo bajo Menem y Duhalde hizo el resto. La financiación internacional que habían conseguido el Polaco y Luis se agotó y ellos se refugiaron en la FJA, la federación de sindicatos judiciales de provincias, adherida a la CTA.

El Polaco Díaz (quien por supuesto era tucumano y morocho y no rubio de ojos claros como Luis) publicó un libro sobre sus años '70, "Los claroscuros del alma".

Aunque una parte reproducía los trabajos del CET sobre la experiencia de Astarsa y Mestrina, la principal era testimonial. Conservo el original que me trajo para pedirme opinión sobre la redacción. Le sobrevolaba un aire melancólico, algo así como un existencialismo criollo. Él falleció en 2003 (tuve que recurrir a su viuda Marta para precisar la fecha). Susy Togno murió pocos años después.

En los '90, un día Luis me contó alegre que unos periodistas compañeros le estaban grabando largas entrevistas sobre su militancia. Eran Eduardo Anguita y Martín Caparrós, los autores de "La voluntad". Casi simultáneamente, David Blaustein también filmó un testimonio de Benencio, que incluyó en su película "Cazadores de utopías".

En 2006, Luis viajó a Italia para testimoniar en el juicio que concluyó en la condena en ausencia contra genocidas victimarios de desaparecidos y asesinados de origen italiano, como Martín Mastinu y Mario Marras, compañeros suyos del astillero.

Aquí, con la derogación de las leyes de impunidad, las marchas anuales en vísperas del 24 de marzo frente a Astarsa, en su Tigre, cobraron nuevos bríos. Ahora, cuatro prefectos aguardan en Marcos Paz la condena argentina que no podrán eludir.

La penúltima vez que vi a Luis fue el 12 de noviembre pasado en la ex-ESMA. Integró un panel en el marco del encuentro sobre "Empresas y terrorismo de Estado".

Y aunque como hubiera dicho mi madre "la procesión va por dentro", se lo veía contento con los aplausos y el reconocimiento de los asistentes, que lo rodearon al terminar. La última fue el 30 de noviembre, en el viejo local de la CTA de la avenida Independencia. Esa vez, él y yo estuvimos entre el público asistente a la presentación de "Biografías y relatos insurgentes", de nuestro amigo el médico Bohoslavsky, quien militara en el PRT-ERP. Yo llegué sobre la hora y Luis se fue antes de terminar. Cuando lo advertí, estuve a punto de salir detrás suyo y no lo hice.

Te debo, querido, el último abrazo y me consuelo con estas líneas.

publicado por

Darío Vive - Portal Latinoamericano de crítica social y pensamiento plebeyo

ABAJERO-ElMortero - postaporteñ@ nº694 - 2012-01-07 06:39:58
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EL ?LOCO? PORTA

Compañeras y compañeros de POSTA PORTEÑA, les agradezco los correos que me enviaron durante todos estos meses, no voy a usar las mismas frases que se acostumbran para las fiestas. El sólo hecho que oligarcas y "pobres viejitos", también las usen entre ellos o con  sus familiares, me da asco.

Ahora les comento algo a razón del anonimato que se pretende realizar con  respecto a la  memoria colectiva  de la compañera Cecilia Gianarelli; y de tantos mas.

Pero no es de ella quien precisamente les consulto, a todos los cros que lean estas líneas, sino  sobre que material de información tienen sobre el Doctor Eliseo Salvador Porta, el "loco" Porta, como se lo conocía en la zona de Tomás Gomensoro y la devastada Bella Unión, digo así porque hacía treinta años no iba, y este 25/12 volví, encontrándola sumida en un letargo, con la mentira de ALUR sin aportarle nada.

El liceo de Gomensoro lleva su nombre porque el fue el gran promotor y luchador por la construcción del mismo. Sería bueno que alguien  agregue algo  de las circunstancias  de su muerte, o de sus últimos días;  él era compañero en ese momento de una mujer también comprometida con lo político, y lo que tengo sabido, porque fue todo de improviso, es que el "loco" Porta se suicidó antes de preferir entregarse a los milicos. Cuando esto sucedió la noticia corrió como reguero de pólvora.

 Además era un buen escritor, Banda Oriental publicó libros suyos, y en los inicios de esta editora publicó un libro sobre el despoblamiento del campo, y en los 50 años de Banda Oriental recordaron esa publicación

No me extiendo más, un abrazo  para todos, que pasen bien

JHON

 

Eliseo Salvador Porta

 Nació 13 de marzo de 1912 Tomás Gomensoro, Artigas  y murió  11 de enero de 1972 (59 años) algunos dan como año de su muerte el 1971; fue un escritor, ensayista y médico uruguayo. En sus cuentos y novelas trató temas rurales e históricos uruguayos

También ejerció como docente de enseñanza secundaria, en Bella Unión  y fue director fundador del Liceo de Gomensoro, su ciudad natal.

Como periodista, trabajó en los semanarios Época, Marcha, Guion y en la revista Asir. Obtuvo el premio del Ministerio de Instrucción Pública por su novela Intemperie y el primer premio del concurso del diario El País  por Sabina.

Buscó renovar la literatura tradicionalista uruguaya, o «autóctona» como él la llamaba, frente al auge de la de ambiente ciudadano en los  años 50

Salvo excepciones, pocos escritores afectos al campo paran mientes en las grandezas y miserias de los arrozales, las cooperativas agrarias, las lecherías, el Instituto de Colonización, el empleo de máquinas, etc., etc.

En septiembre de 1961, ediciones de la Banda Oriental inició sus actividades editoriales con la publicación del ensayo Uruguay: Realidad y Reforma Agraria, de Eliseo Salvador Porta

Por su militancia social y política, así como por sus escritos sobre marxismo y cristianismo, se convirtió en un referente para algunos grupos de izquierda que empezaron a actuar a comienzos de la década del sesenta cuando Alfredo Zitarrosa, el 23 de setiembre de 1965, actúa por primera vez en Rivera, en los salones del Club Uruguay,  lo acompaña, el escritor e historiador Dr. Eliseo Salvador Porta Sarasúa. La presentación fue de la Agrupación Universitaria.

Después de Eduardo Acevedo Díaz, nadie había abordado con éxito, hasta ese momento en el medio uruguayo, la novela histórica.

Es extensa la obra de  Porta alguno de sus  libros "Marxismo y cristianismo", ensayo, en 1966; "Una versión del infierno", cuentos, 1967; "Sabina", novela, en 1968; y "Qué es la revolución", ensayo, 1969, entre muchas obras

Porta dejó inconclusa una novela, que iba a llevar el título de "1815", con la cual cerraría la trilogía iniciada con "Intemperie" y "Sabina", en la que abarcó sucesos del ciclo Artiguista.

En sus últimos años tomó decidida posición política y fue colaborador de los cañeros en su lucha por la tierra.

-“Sus amigos lo recuerdan bondadoso, ocurrente y "algo loco", pero siempre generoso. Irradiaba el especial encanto de quien lucía un permanente buen humor. A menudo hacía bromas, chistes de buena calidad, y no imponía dique a la sonora carcajada, afable y contagiosa Por idiosincrasia y vocación, amaba al ser humano, así que todo su interés se dirigió hacia la búsqueda de su verdad, apuntando la lucha a favor de los desamparados.

Clara y distinta había sido su determinación respecto a la causa elegida, su convicción colocaba por encima de todo, la fidelidad a ese ideal, aunque transitaría por distintos senderos políticos.

 Colorado al comienzo, luego socialista y, por último, comunista, postura que sería consolidada después de su viaje a China (se fue del PC a mediados de los 50).

Aunque siempre fue un especulador inconformable, todo cuestionaba, hasta los postulados fundamentales de su doctrina partidista. No podía aceptar el conformismo, hurgaba los pensamientos y ponía el alma en vilo, cuando se trataba de corroborar la autenticidad de los preceptos. Con  un carisma especial en relación con el sexo opuesto, se le conocen tres parejas,  era un pasional; esa pasión  la primera había sido encendida por una checoslovaca y enardecida -luego- por una española. El brote ígneo, esta vez aventado en Gomensoro, lo unió a Gloria Galván, mucho menor que él –“(datos  de  Eliseo S. Porta El hombre y su movimiento vital Profesora  Celeste Paiva)

 

Aquejado de una pertinaz dolencia, el 11 de enero de 1972 puso fin a su vida en Bella Unión (esto dicen algunos de sus biógrafos)

POSTA

 

 

CANCIONES ESCRITAS POR ELISEO SALVADOR PORTA

 

 Yo sé quién soy

 

(Eliseo S Porta-Alfredo Zitarrosa)

 

Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.

Las hojas secas, las hojas secas,
las hojas secas del cañaveral
ardiendo están.

Machete hermano, las cañas negras,
las cañas negras tendrás que voltear.
Hay que cortar.

Todo tiznado, negro y barcino
sudando a chorros como un animal.
Yo sé quién soy.

Me cae la sombra, desde el sombrero,
me cae la sombra como un antifaz.
Yo sé quién soy.

Ay, los riñones que se me parten,
que se me parten por menos de un real.
Hay que cortar.

Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿Por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.

Machete hermano, mañana al alba
saldré temprano hacia el cañaveral.
Yo sé quién soy.

Y si no vuelvo, caña de azúcar,
machete en mano yo sé dónde ir.
Mirá que sí.

JHON-POSTA - postaporteñ@ nº693 - 2012-01-05 19:03:57
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